Cucurella se tatúa a Luis de la Fuente: el negocio de la devoción
El lateral del Chelsea ha convertido su pecho en un homenaje permanente al seleccionador. Un tatuaje con la cara de Luis de la Fuente, justo encima del corazón, ha desatado las risas y el debate en redes. Más allá de la anécdota, la imagen vale su peso en marketing.
El estudio de tatuajes, que ya ha recibido una oleada de menciones en Instagram, ha conseguido una publicidad valorada en miles de euros sin pagar un céntimo. Cucurella, por su parte, refuerza su perfil de jugador entregado al grupo, un activo intangible que en el fútbol moderno cotiza al alza.
La economía del gesto es clara: en un deporte donde la imagen personal es un contrato, cualquier muestra de lealtad extrema genera engagement. Las apuestas entre compañeros, las promesas locas tras un título, son combustible para las redes sociales y, de paso, para los patrocinios. El tatuaje, ya sea por convicción, apuesta o simple show, ha conseguido que millones hablen de él. Y de su entrenador.
El cálculo es simple: ¿cuánto vale la atención global que ha generado un trozo de tinta? Difícil de medir, pero el estudio de tatuajes seguro que no se queja. Lo que para unos es una locura, para otros es inversión en visibilidad.