Ascensores sin SAI: la ley no obliga a llegar a planta en un apagón
¿Por qué un ascensor moderno puede dejarte encerrado entre dos pisos durante horas si se va la luz? La respuesta corta, según un forero que cita la normativa: porque no se obliga a que la cabina complete el trayecto por sí sola. Lo que se exige es que sea posible llevarla hasta el nivel de desenclavamiento de puertas, ya sea de forma manual o automática. Traducido: alguien tiene que ir a buscarte. Y en un apagón generalizado, ese alguien puede tardar.
El asunto saltó a la palestra tras un corte de suministro que dejó a usuarios atrapados en sus ascensores. La discusión técnica que se ha generado después es más interesante que el titular del día: no se trata de si se puede instalar un sistema de alimentación ininterrumpida (SAI) que acabe el recorrido, sino de si alguien está dispuesto a pagarlo y mantenerlo.
Qué dice la normativa sobre el rescate en ascensores
La obligación legal no es la que muchos vecinos suponen. Según un participante, los ascensores no están obligados a incorporar un sistema automático de llegada a planta. Solo se exige que sea posible hacerlos llegar a nivel de desenclavamiento de puertas, sea manual o automático. Es decir, la norma garantiza que te puedan sacar, no que salgas solo.
Los ascensores modernos, eléctricos, sí suelen incorporar baterías que permiten a la maniobra llegar a la siguiente planta cuando se corta la corriente. El problema es el mantenimiento: según ese mismo forero, salvo que la empresa encargada sea seria, una gran mayoría de esas baterías están muertas cuando llega el momento crítico. El sistema existe sobre el papel; en la práctica, puede ser papel mojado.
Hay una excepción mecánica que funciona sin electricidad: los ascensores hidráulicos. Al cortarse la luz, la central hidráulica reabsorbe el circuito y la cabina desciende por gravedad hasta apoyarse en los amortiguadores, según se explica en el hilo. Pero tarda muchas horas y no sirve para edificios de más de tres o cuatro plantas. En los eléctricos con contrapeso, el freno solo se abre con energía: sin corriente, los muelles aprietan y la cabina queda bloqueada.
Cuánto costaría poner un SAI en cada ascensor de España
Aquí empieza la parte incómoda. Un cálculo que circula en el hilo estima que España tiene alrededor de 1,1 millones de ascensores, cifra que sitúa al país a la cabeza mundial por habitante. Si cada equipo de autorrescate costara unos 5.000 euros con instalación, permisos y trámites incluidos, la factura global rondaría los 5.000 millones de euros. A escote entre comunidades, no parece una barbaridad. Como política pública obligatoria, es otra cosa.
El coste no acaba en la instalación. Un SAI para mover un ascensor necesita bastante potencia, es caro y tiene un mantenimiento nada despreciable, según se apunta en el debate. Las baterías se cambian periódicamente. Es un gasto recurrente que recae sobre los vecinos y encarece el recibo de la comunidad. Quien haya asistido a una junta donde se debate una derrama de 50 euros por una luz fundida sabe de qué estamos hablando.
La alternativa que algunos técnicos defienden es más barata: en lugar de equipar cada ascensor con un SAI, bastaría con un sistema que permita conectar una batería externa estándar, de modo que los bomberos o el servicio de rescate llevaran siempre una cargada. Se ahorrarían horas de taladro en la pared.
Por qué los ascensores hidráulicos bajan solos y los eléctricos no
La física manda. Un ascensor hidráulico funciona con aceite a presión. Al abrir una electroválvula, el fluido drena al depósito y la cabina baja por gravedad. El sistema requiere muy poca potencia, apenas la necesaria para accionar la válvula. Por eso, en sus revisiones se verifica la estanqueidad del circuito: cualquier fuga compromete el invento.
En los ascensores de contrapeso, el asunto se complica. Si el reductor de velocidad cuenta con un eje de accionamiento secundario, se puede instalar un pequeño motor que, con una gran relación de par y velocidad, lleve la cabina bajando muy lentamente hasta el piso más cercano. Para eso hace falta un SAI, pero de bastante menos potencia que el que movería el ascensor en servicio normal.
El sistema se llama autorrescate y, según un forero, solo se puede montar en ascensores con inversor, no con motor de dos velocidades. Y ahí está el problema: según esa misma intervención, la mayoría de los ascensores instalados en España llevan motor de dos velocidades, que es más fiable. El autorrescate no se va a poner en las comunidades de vecinos. En muchos edificios públicos habrá generador, pero las baterías de los equipos privados acaban averiadas por falta de mantenimiento.
El debate vecinal: derrama sí, derrama no
La discusión no es solo técnica. Hay quien sostiene que debería ser obligatorio por ley, igual que se han impuesto otras mejoras en los edificios. Enfrente pesa el argumento del coste: cada obligación nueva es una derrama más y un sobrecoste para la vivienda. «La peña es muy huraña y miserable para temas comunitarios», resume una intervención. Puede estar una luz fundida diez años y a nadie le importa. Diles de derrama de 50 euros y ponen el grito en el cielo.
También hay quien recuerda que la solución más sana y barata son las escaleras. Más sano y sin soltar dinero para derramas. Otros apuntan que el riesgo real es limitado: un forero intuye que no habrá una cifra elevada de fallecidos en España por quedarse colgado en un ascensor. El coste de evitar un suceso poco frecuente es alto, y alguien tiene que pagarlo.
Mientras tanto, la experiencia de quedarse atrapado marca. Una persona relata que se quedó encerrada de niño, se apagaron las luces, el ascensor arrancó a toda velocidad hasta el sótano y terminó subida a la barra de agarre. Otra recuerda haber pasado horas en un ascensor de un centro público que se rompía día sí, día también. El miedo, dicen, se combate afrontándolo; pero hay quien directamente no vuelve a pisar una cabina.
Con estos números, la pregunta no es si se puede hacer, sino quién firma el cheque y quién cambia las baterías cada pocos años. La ley no obliga. El vecino, a veces, tampoco quiere. Y el ascensor, mientras tanto, sigue parado entre dos pisos.