Los Beatles fueron un dúo, no un cuarteto: la tesis que reabre la guerra
¿Eran los Beatles un cuarteto o un dúo con dos comparsas de lujo? La pregunta, que parece sacada de una sobremesa, tiene detrás una industria entera de opinadores que llevan seis décadas discutiendo lo mismo. La tesis que abre el asunto es tajante:
Lennon y McCartney eran los Beatles, y Ringo Starr y George Harrison podían «ser sustituidos por un mono con un tambor». A partir de ahí, el resto es historia de la música, o de la mercadotecnia, según a quién se le pregunte.
Lo curioso no es la provocación, sino lo que arrastra. Porque si algo demuestra el asunto es que
la obra de los cuatro de Liverpool sigue siendo el campo de batalla perfecto para medir cuánto de mito y cuánto de talento hay en cualquier leyenda del pop. Y ahí, las cuentas no salen tan fáciles.
El argumento de la sustituibilidad: ¿era Ringo prescindible?
La primera línea de fuego es la batería. Hay quien sostiene que Ringo Starr no era manco, pero que los Beatles tampoco necesitaban a un John Bonham para hacer su música. La defensa es más sólida de lo que parece:
un batería que no busca el lucimiento y sostiene la canción es exactamente lo que un grupo de canciones pop necesita. El problema es que el argumento se cruza con otro clásico: que en los discos no toca él, que en directo sonaba «como si estuviera clavando clavos» y que cuando los equipos de sonido evolucionaron, el grupo dejó de tocar en vivo. Año 1966. Ahí queda eso.
La contraofensiva llega por el lado de la aportación compositiva.
George Harrison no era ningún virtuoso, ni pretendía serlo, pero firmó temas que hoy son intocables: «While My Guitar Gently Weeps», «Something», «Here Comes the Sun», «Taxman», «Within You Without You». La lista se estira más de lo que la tesis del dúo quiere reconocer. Y hay un dato que descoloca: la canción más reproducida en streaming de los Beatles es «Here Comes the Sun», precisamente de Harrison. Frank Sinatra, que no era sospechoso de beatlemanía, consideraba «Something» la mejor canción de amor jamás escrita.
El factor George Martin y el laboratorio de las sesiones
Aquí entra el quinto Beatle que nunca salió en la foto.
El productor George Martin y los músicos de sesión fueron parte del engranaje, y eso lo reconocen hasta los que defienden el talento del cuarteto. La pregunta incómoda es si ese andamiaje técnico explica más del sonido del grupo que la contribución de los dos señalados como comparsas. La respuesta corta: no. La respuesta larga es que un grupo es un sistema, y desmontarlo pieza a pieza suele acabar en un ejercicio de arqueología más ideológico que musical.
El propio McCartney ha dejado caer, en más de una ocasión, que sin Ringo o sin George la cosa no habría sido igual. Y en el documental de las sesiones de grabación se ve a Harrison sentado durante horas, en silencio, fumando, mientras los otros dos construían la canción. Ese plano vale más que mil tesis:
el que no aportaba también estaba sosteniendo la estructura.
Las carreras en solitario: el juicio que nunca se cierra
El otro gran campo de batalla son los discos de después. La tesis del dúo sostiene que
las carreras solistas de Lennon y McCartney fueron un fiasco comparadas con lo que hicieron juntos. Y hay material para discutirlo: se llega a decir que «Imagine» es patética al lado de cualquier tema medio de los Beatles, y que McCartney no firmó más de diez canciones decentes en solitario. Enfrente, el disco triple de Harrison tras la separación, alabado por la crítica como lo mejor de cualquier ex-Beatle en solitario. La ironía es fina: el señalado como inútil sacó de un tirón las canciones que el tándem principal había marginado.
El problema de fondo es que
ninguna de las dos carreras solistas resiste la comparación con el catálogo conjunto, y eso no descalifica a nadie: descalifica la comparación. Un grupo que funcionaba como sistema no se mide por la suma de sus partes, sino por lo que el sistema producía cuando estaba enchufado.
El relevo generacional y la prueba del tiempo
La última vuelta de tuerca es la vigencia. Se afirma que
los Beatles ya no suenan en la radio, ni en los bares, ni en las discotecas, y que la juventud que baila reguetón no sabrá quiénes eran esos melenudos. Puede. Pero la prueba del tiempo no se mide en frecuencia de radio, sino en cuántos siguen discutiendo sobre ellos seis décadas después. Nadie abre un hilo sobre un grupo que ya nadie recuerda.
Mientras tanto, la comparación con otros nombres del pop sirve para calibrar el tamaño del mito: unos los ponen por encima de Queen o Pink Floyd, otros los hunden frente a Creedence o King Crimson.
La discusión sobre si fueron un dúo o un cuarteto es, en realidad, una discusión sobre qué significa ser el mejor. Y ahí, cada generación vuelve a empezar.