El boicot español hunde las reservas turísticas a Marruecos: un 80% de caída
La crisis migratoria de Ceuta ha tenido un efecto inmediato en el sector turístico español hacia Marruecos. Según los datos que circulan estos días, las reservas de viajes al país vecino han caído un 80% para lo que queda de año. La cifra, si se confirma, convierte al turista español en la segunda fuente de divisas más importante para Marruecos, después de Francia, y en un actor clave para presionar económicamente al régimen alauita.
¿Boicot o miedo? Las dos caras de la caída
La caída de reservas no es unánime en su origen. Hay quienes sostienen que se trata de un boicot consciente, una reacción ciudadana ante la crisis de Ceuta y la percepción de que Marruecos es un país hostil. Otros, en cambio, apuntan al miedo: el turista masivo huye de la inseguridad, y la posibilidad de que se repitan incidentes en la frontera o en las ciudades marroquíes disuade a muchos. La realidad probablemente sea una mezcla de ambos, pero el efecto es el mismo: los hoteles y riads de Marrakech, Tánger o Casablanca empiezan a notar el vacío.
El boicot como arma ciudadana: de los viajes a los productos
La idea de que el boicot es la única herramienta que queda en manos del ciudadano ha ganado terreno. Los gobiernos, se argumenta, no van a actuar por razones diplomáticas o económicas; las empresas, tampoco, porque van a lo suyo. Así, la presión se traslada al bolsillo. Pero no todos los boicots son fáciles. El ejemplo más citado es el Dacia Sandero, el coche más vendido en España, que se fabrica en Marruecos. Boicotearlo sería un golpe directo a la economía marroquí, pero también un desafío para el consumidor español, que valora el precio por encima del origen. Algo parecido ocurre con Inditex o Mercadona, que importan productos de Marruecos y otros países, y que difícilmente cambiarán su cadena de suministro por presión ciudadana.
Intereses cruzados: el holding Al Mada y la política española
El análisis va más allá del turismo. La casa real marroquí, a través del holding Al Mada, controla cerca del 20% del PIB del país: banca, seguros, azúcar, distribución, telefonía e industria. Ese poder económico genera intereses cruzados con la banca y las empresas españolas, y condiciona la política exterior de Madrid hacia Rabat. Hay quien sostiene que la clase política española, tanto del PSOE como del PP, ha estado históricamente comprada o al menos condicionada por estos intereses, y que por eso la respuesta oficial a la crisis de Ceuta ha sido tibia. El boicot ciudadano, en este contexto, se presenta como la única vía de presión que no pasa por los partidos ni por las élites económicas.
El límite del boicot: la opacidad del etiquetado
Pero el boicot tiene un problema de fondo: la opacidad del origen de muchos productos. Un tomate fresco indica su procedencia, pero un tomate frito solo indica dónde se ha elaborado, no de dónde vienen los ingredientes. Lo mismo ocurre con pizzas, salsas o alimentos preparados. La industria española puede comprar tomate o aceite marroquí y etiquetarlo como «Elaborado en España», sin que el consumidor pueda saberlo. Hasta que el etiquetado no sea transparente, el boicot seguirá siendo un arma imperfecta, que funciona en los viajes pero se diluye en la cesta de la compra. La presión ciudadana, en todo caso, ya ha dejado claro que el turismo español es un sector que Marruecos no puede permitirse perder.