El paro de los mayores de 55 supera al de los jóvenes: ¿justicia poética?
La tasa de desempleo de los mayores de 55 años ha superado por primera vez a la de los adultos de 25 a 54, según un estudio de la Fundación BBVA y el Ivie. El dato confirma lo que muchos venían advirtiendo: el sistema laboral y de pensiones que los boomers ayudaron a construir ahora les está fallando. Pero detrás de la cifra se esconde un debate generacional donde nadie se lava las manos.
Las cifras del descalabro
El estudio publicado recientemente muestra un punto de inflexión: por primera vez, el paro entre los mayores de 55 es más alto que entre los de 25-54. La precariedad laboral que sufren los que pierden su empleo a esa edad es mayor, y sus posibilidades de reenganche, mínimas. Muchos optan por el subsidio para mayores de 52 años —una paguita que apenas cubre lo básico— mientras esperan la jubilación. Un sector de la población, sobre todo aquellos que ya tienen vivienda pagada, puede capear el temporal, pero para otros, el colchón se ha agotado.
Generación contra generación
El debate se polariza. Una corriente apunta a la "justicia poética": los boomers, que según algunos han disfrutado de salarios altos, vivienda barata y pensiones generosas a costa de las generaciones futuras, ahora sufren las consecuencias de un mercado laboral que ellos mismos facilitaron con políticas de flexibilización. Sin embargo, otros argumentan que los boomers también fueron víctimas: muchos empezaron a trabajar jóvenes, pagaron impuestos durante décadas y ahora se enfrentan a condiciones laborales cada vez más duras, con empresarios que prefieren a jóvenes más maleables. Además, señalan que la generación anterior (los preboomers) recibió pensiones sin haber cotizado lo suficiente.
El subsidio de los 52: ¿salvavidas o trampa?
El subsidio para mayores de 52 años se convierte en un tema central. Mientras unos defienden que es un derecho para quienes no encuentran trabajo, otros critican que fomenta la inactividad: muchos prefieren cobrar esa paguita y hacer chapuzas en negro antes que aceptar empleos precarios. La realidad es que, una vez agotado el paro, la opción suele ser el subsidio hasta la jubilación anticipada, que cada vez se retrasa más. Alguien que hoy tenga 57 años, se calcula, no podrá jubilarse hasta los 70.
El dato del BBVA-Ivie no es una anécdota: es un síntoma de un sistema que ha priorizado la flexibilidad laboral y la contención del gasto sobre la estabilidad de los trabajadores. Y mientras las generaciones se acusan mutuamente, las cifras siguen su curso: productividad sube, salarios no, y la necesidad de factor humano se reduce. La pregunta que queda en el aire es si habrá una solución que no pase por el empobrecimiento de todos.
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