Boomers: la generación que blindó el mercado antes que sus hijos
Cinco trabajadores de la industria automovilística de Valladolid, nacidos en 1948. Cada uno tenía un piso, ninguno más. Coche mediocre, la mitad del sueldo para la compra y poco más. Esa estampa sirve para negar que los boomers lo recibieron todo regalado y a la vez abre la pregunta: ¿diseñaron un sistema para protegerse o heredaron un país sin construir?
La tesis más áspera sostiene que la democracia, la educación y las leyes son obra de una generación cuya prioridad fue que sus hijos no pudieran quitarles el trabajo. Los datos que se esgrimen: prejubilaciones a los 50 con 15 años cotizados, pensiones máximas y dos alquileres a jóvenes con carrera, idiomas y máster que no llegan a fin de mes.
Mecanismo o contexto: qué blindó la partida
La réplica es simple: en los años 70 no hacía falta blindarse porque España estaba por hacer. Con saber leer y escribir se llegaba a director general. La selectividad ya existía en 1990 y servía para cualquier universidad. En medio queda la máxima del choque: de casa se sale enseñado, no llorado.
El relevo que llega tarde: pensiones y herencia
La advertencia demográfica es la más incómoda: la generación boomer española termina hacia 1978 y dentro de diez años no habrá cotizantes suficientes para sus pensiones. No hace falta conspiración: la pirámide está invertida.
El análisis queda abierto. El blindaje denunciado fue también el fruto de una economía sin competencia y con todo por hacer. El dato que descoloca es que ese sistema no ha sabido reproducir el ascenso para la siguiente generación. No fue diseño, pero tampoco fue mérito.