El CIS, el voto por correo y la sospecha de pucherazo en 2027
Con las próximas elecciones generales en el horizonte de 2027, la última entrega del CIS ha reabierto la pregunta que recorre España cada vez que un sondeo oficial y los privados no coinciden. La discusión ha saltado al terreno del fraude: se habla de pucherazo, de voto por correo masivo y de un censo de residentes en el exterior —el CERA— que, según la sospecha, podría moverse donde convenga. Todas esas acusaciones circulan sin pruebas aportadas.
¿Por qué se sospecha del CIS de cara a 2027?
Una parte del análisis sostiene que el CIS da cobertura a una sorpresa electoral: si sus encuestas se parecen a las de las empresas privadas y luego se produce un vuelco que deja a la alternativa sin mayoría absoluta, el sondeo oficial habría servido de colchón. La lectura opuesta es más simple: el CIS puede estar en lo cierto y quien se adelanta a descalificarlo es la oposición, que da por hecho un escenario que aún no existe. Entre medias queda la advertencia de que el poder agudiza el ingenio cuando se acerca la cita con las urnas, y que sofisticar mecanismos viejos no es inventar el fuego.
Voto por correo y censo CERA: escaños que se deciden por miles
El punto que más pesa no es el sondeo, sino la aritmética. Se señalan el voto por correo masivo y la elección de las provincias donde se incluye a los votantes del censo CERA como posibles palancas. No hace falta un fraude entero para mover un resultado: en bastantes provincias, cambiar el sentido de un escaño se logra con pocos miles de papeletas. Conviene a mucha menos gente no perder que ganar. El cálculo fino, provincia a provincia, es justo donde la discusión se vuelve incómoda.
Queda casi un año. Tiempo de sobra para que la sospecha se convierta en certeza o se desinfle sola. Por lo pronto, la única cifra que nadie discute es la de escaños que se deciden con un puñado de papeletas.