Los españoles que huyen a El Salvador seducidos por el efecto Bukele: "Aquí no pago cuota de autónomo"

Los españoles que huyen a El Salvador seducidos por el efecto Bukele: "Aquí no pago cuota de autónomo"
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Un grupo de emprendedores e influencers españoles se ha instalado en El Salvador atraído por la mejora de la seguridad, la dolarización y un régimen fiscal que elimina impuestos como el de ganancias bursátiles. Varios colaboran con el Gobierno de Nayib Bukele, que usa sus redes para atraer inversión extranjera.

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Un grupo de emprendedores e influencers españoles se ha instalado en El Salvador atraído por la mejora de la seguridad, la dolarización y un régimen fiscal que elimina impuestos como el de ganancias bursátiles. Varios colaboran con el Gobierno de Nayib Bukele, que usa sus redes para atraer inversión extranjera.

La historia tiene un escenario concreto y una fecha. En la firma oficial del mayor acuerdo de inversión extranjera de la historia de El Salvador, 2.588 millones de euros anunciados por Enrique Riquelme junto a Nayib Bukele, un joven español establecido en San Salvador preguntó al mandatario cómo se puede cambiar el destino de todo un país. La respuesta de Bukele duró 11 minutos y se hizo viral. Ese joven forma parte de un grupo de influencers españoles que se han instalado en el país centroamericano y que, desde allí, producen contenido sobre sus bondades. Algunos han llegado a colaborar con el propio Gobierno salvadoreño.

El fenómeno tiene una base medible. Según datos del INE recopilados hasta enero de 2026, en El Salvador vivían poco más de 300 españoles nacidos en España. La cifra es pequeña en términos absolutos, pero el ruido que generan en redes es desproporcionado. La conexión aérea también se ha multiplicado: Iberia anunció en marzo de 2025 que ampliaría a cuatro frecuencias semanales los vuelos entre Madrid y San Salvador con escala en Guatemala, y ya opera una frecuencia diaria. Iberojet comenzó a volar de forma directa en septiembre de 2026, Avianca lo hizo durante el verano y Air Europa lo hará a partir de diciembre. España se ha convertido en el principal emisor de turismo europeo al país.

De la cuota de autónomo a los 300 mensajes en Instagram

Eloy Quijada tenía un proyecto para construir casas con contenedores portuarios en Güímar, Tenerife. Según su relato, desde el primer momento enfrentó lo que describe como acoso y zancadillas de las autoridades, hasta el punto de sufrir vigilancia policial para que no transformara contenedores en viviendas. Decidió venderlo todo y marcharse. Dudó entre Colombia y El Salvador, y eligió El Salvador por la seguridad. En solo dos meses ya trabajaba en tres proyectos de construcción después de abrir su propia empresa. Su frase resume el gancho: «Aquí no tengo que pagar cuota de autónomo y ninguna tontería de esas».

Quijada vende por 12 euros una guía completa para quienes quieran establecerse en el país. La publicó hace dos semanas y ya ha recibido 300 solicitudes de españoles que quieren venirse. Cuando publicó su primer vídeo desde El Salvador, le llegaron 1.000 mensajes por Instagram. Le escriben españoles de todo tipo, desde familias con niños hasta jóvenes que se han cansado de intentarlo en España. Algunos le dicen que se irán si vuelve a ganar la izquierda el 29-N, aunque él les advierte que El Salvador no es para todos y que deberían pasar al menos un par de semanas antes de mudarse.

Izan Pérez, asturiano de 25 años, lleva apenas seis meses establecido en el país. El Gobierno salvadoreño lo ha nombrado colaborador de la Comisión Presidencial de Salvadoreños en el Exterior, encargada de coordinar a la diáspora, repatriar talento, potenciar la inteligencia exterior y atraer inversiones. La colaboración no es remunerada, pero le da acceso a una cartera de oportunidades: podrá crear contenido a nombre del Gobierno y tiene un despacho propio. En noviembre recibirá a tres diputados españoles que visitarán El Salvador como parte de su mediación con instituciones de España y Europa. Su empresa de inteligencia militar opera en varios países y, según explica, esa actividad económica no paga impuestos allí por ser internacional.

Pérez no se cataloga como un «facha ciego» y defiende que en Europa se vive muy bien, pero se veía como «un tonto» por invertir en España. Reconoce que el estado de excepción impuesto por Bukele en 2022 y prorrogado más de 50 veces por el parlamento genera arbitrariedades. Él mismo fue requisado por sus tatuajes cuando sacó su residencia como extranjero, para comprobar que no pertenecía a una pandilla. Cree que no a todo el mundo le gustaría vivir en un sitio donde ves a decenas de policías patrullando por las calles. Aun así, tiene la sensación de que los próximos cinco años serán mejores que los cinco pasados, algo que no presentía en ningún país de Europa en el que ha vivido.

El perfil del emprendedor que hace las maletas

Juan Fernando Sendra es de Jávea, Alicante, tiene 24 años y llegó a El Salvador para trabajar en el sector inmobiliario. En España tenía una empresa de trasteros y trabajaba en otra compañía de interiorismo de su familia. Comenzó a pensar en el país cuando se enteró de que aprobaron el bitcoin como moneda de curso legal. Lleva casi dos años establecido allí y ya ha decorado 20 viviendas y dos hoteles junto a los siete trabajadores que emplea. En el segundo año de su emprendimiento espera facturar 1,5 millones de dólares.

Sendra gestiona las oportunidades de negocio y la diáspora de EEUU y Centroamérica para el Gobierno salvadoreño. Lo han invitado a charlas de la Embajada de EEUU, a telediarios y a escuelas de negocios, porque su perfil es materia prima de lujo en un país con una extraordinaria demanda de profesionales. Bukele incluso ha llegado a regalar 5.000 pasaportes salvadoreños para atraer talento extranjero. «Vi que no había empresas fuertes de terminación y decoración de interiores y aproveché ese nicho para emprender aquí», explica mientras recorre China en busca de proveedores.

El perfil no es homogéneo. Shelvin Payano y Julio Mejía son dos amigos youtubers que dejaron Países Bajos para continuar con su proyecto Otra Ruta en El Salvador. «Vimos que Europa nos limitaba nuestro crecimiento y nos animamos a venir por la mejoría de la seguridad y los bajos impuestos», explican. Abrieron su empresa audiovisual sin asesoramiento y por internet. Gracias a la creación de contenido les escriben personas de Países Bajos, España y República Dominicana interesadas en mudarse. Pasan mucho tiempo con otros emprendedores latinoamericanos y europeos que apuestan por establecerse allí: desde jóvenes inversores hasta personas que quieren jubilarse en un sitio tranquilo, pero todos, dicen, huyen de los impuestos europeos.

Lo que el espejo no muestra: infraestructura y estado de bienestar

Fernando Cárdenas, investigador del Instituto de Estudios sobre Migración de la Universidad Pontificia de Comillas, recuerda que el saldo migratorio español es positivo porque llega mucha más migración de la que sale. Estos jóvenes forman parte de un flujo que siempre se ha dado en las clases altas españolas para pagar menos impuestos. «Esa zona de Centroamérica es bastante exótica para nosotros los europeos, y hay que tener en cuenta además las recomendaciones que plantea el Ministerio de Relaciones Exteriores de España para viajar a El Salvador», explica el sociólogo. «No creo que esto se convierta en un fenómeno masivo, sobre todo porque el país no tiene la infraestructura necesaria para sostenerlo».

Sendra reconoce que muchos españoles van a probar y luego se vuelven. Aunque están ahogados como emprendedores en España, buscan infraestructuras más fuertes, como el transporte público. Cosas cotidianas como comprar un iPhone o acceder a ciertos medicamentos son extremadamente difíciles en El Salvador, y eso echa para atrás a mucha gente. «Creemos que el estado de bienestar existe en todo el mundo, pero a veces nos encontramos realidades que no cumplen nuestras expectativas», recuerda Cárdenas. Los jóvenes que parten cuentan con la ventaja de un capital relativo mucho más grande debido a que el coste de la vida es más barato, y por eso les atrae poder hacer más cosas con menos dinero.

El turismo ha sido uno de los grandes motores de transformación. El Salvador cerró 2025 con 4,1 millones de turistas, y esa cifra ya se habría superado en lo que va de 2026, según datos facilitados a Pérez desde el Ejecutivo con el que colabora. Ornella Negri, especialista en LATAM de la agencia de viajes española Island Tour, acaba de visitar el país para ampliar las operaciones. «Aerolíneas como Iberia utilizan a El Salvador como gancho para crear combinaciones con otros destinos de la región y la ciudad de San Salvador está tomando mucho auge», explica. Ir y volver cuesta 1.000 euros aproximadamente en temporada alta, verano y Navidad, y 750 euros el resto del año. Como destino está muy virgen, con excelentes playas de surf, ruinas mayas y pueblos coloniales históricos. La ventaja es que todavía no se ha masificado.

La maquinaria de imagen y el papel de España

El papel de estos creadores de contenido es claro para el Gobierno de Bukele: utilizar sus audiencias para atraer a extranjeros. Bukele, sus ministros y las propias instituciones hacen un fuerte uso de las redes sociales para promocionar su trabajo. Se trata de una puesta en escena mediática que necesita de colaboradores para seguir creciendo y llegar a nuevos públicos. Algunas publicaciones de estos influencers son compartidas por las cuentas del propio Bukele.

La relación económica entre ambos países se ha intensificado. Las exportaciones de España hacia El Salvador alcanzaron en 2025 su máximo histórico, superando los 151 mil millones de euros anuales, según los datos manejados en el sector. En junio pasado, la Embajada de España en San Salvador y el Banco Mundial organizaron un encuentro entre potenciales inversionistas españoles y empresas y autoridades locales. A principios de octubre, cuatro ministros salvadoreños presentaron a 150 miembros de la CEOE las oportunidades de negocio que brinda el país, y la madrileña Casa de América acogió otro encuentro entre autoridades salvadoreñas y empresarios españoles para promover el turismo. La inversión anunciada por Riquelme para mejorar las infraestructuras locales de saneamiento, agua y gas es solo la punta del iceberg de una cooperación económica que da un papel protagónico a España en el proyecto que el Ejecutivo local ha bautizado como «El Nuevo El Salvador».

Riquelme reconoció que ninguno de los otros 37 países en los que ya opera Cox le brindó tantas facilidades para establecerse como El Salvador. Influyen también la dolarización de la economía y la creación de nuevos incentivos fiscales, sobre todo para extranjeros, ya que Bukele eliminó hasta los impuestos de las ganancias bursátiles. Pérez lo resume con una frase que mezcla oportunidad y advertencia: «Los que venimos somos de derechas y estamos hartos de lo que sucede en España. Si eres de izquierdas la vas a pasar mal aquí porque cuestionarás todo lo que te rodea».

La Embajada de España en El Salvador, el Centro Español de San Salvador y la Dirección General de Migración y Extranjería de El Salvador fueron contactados y prefirieron no hacer declaraciones. Cualquier decisión de mudanza o inversión en el extranjero conviene consultarla con un asesor fiscal y legal especializado en ambos países.

Datos clave
  • 300 españoles nacidos en España residían en El Salvador en enero de 2026, según el INE.
  • 2.588 millones de euros es la inversión anunciada por Enrique Riquelme, el mayor acuerdo de inversión extranjera de la historia del país.
  • 4,1 millones de turistas recibió El Salvador en 2025, cifra que ya se habría superado en 2026.
  • 12 euros cuesta la guía de Eloy Quijada para establecerse en el país, con 300 solicitudes recibidas en dos semanas.
  • 1,5 millones de dólares espera facturar Juan Fernando Sendra en su segundo año de actividad inmobiliaria.
Vídeos
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.
La historia es maravillosa. Unos chavales descubren que en España hay impuestos, papeleo y cuotas, y deciden emigrar a El Salvador para convertirse, en cuestión de meses, en empresarios internacionales, expertos en inteligencia militar, asesores gubernamentales y gurús del emprendimiento. ¡Lo que no consiguieron en España en toda su vida lo consiguen en seis meses al otro lado del océano! Silicon Valley se les queda pequeño.

Tenemos al muchacho de 25 años que se dedica a la inteligencia militar internacional, al emprendedor inmobiliario que decora viviendas y hoteles, al de los contenedores marítimos reconvertidos en casas y al vendedor de una guía de 12 euros para enseñar a otros cómo escapar de España. Solo falta el que venda un curso de cómo vender cursos para financiar el curso anterior.

Lo mejor es lo de la cuota de autónomos. ¡Qué descubrimiento! Resulta que la libertad consiste en no pagar una cotización social. Estos genios han resuelto en un vuelo transatlántico el problema de las cotizaciones, las pensiones y el Estado del bienestar. Newton formuló la gravedad; Einstein, la relatividad; y estos chavales han descubierto que, si te vas suficientemente lejos, la factura de autónomos tarda más en encontrarte.

Eso sí, la cuota no se paga, pero tampoco se cotiza por ella. La pensión futura ya se improvisará cuando llegue la edad de jubilarse. La cobertura por cese de actividad, lo mismo. Y cuando aparezca un problema médico serio, esperemos que el espíritu emprendedor también cubra la factura del hospital. Porque el capitalismo es fantástico cuando facturas millones y bastante menos romántico cuando te llega una factura de cinco cifras.

Aunque lo más llamativo no es que se vayan. Cada cual es libre de vivir donde le dé la gana y de buscar las condiciones fiscales que considere mejores. Lo verdaderamente curioso es el discurso épico con el que algunos presentan una decisión económica bastante prosaica. No dicen «me salen mejor las cuentas». No. Ellos están participando en una transformación histórica, construyendo el futuro, cambiando el destino de las naciones y liderando una revolución empresarial. Todo porque la cuota de autónomos les parece demasiado cara.

Y luego está el muchacho que lleva seis meses en El Salvador y ya colabora con una comisión presidencial. ¡Seis meses! Hay gente que lleva treinta años trabajando y todavía no ha conseguido que le cojan el teléfono en el ayuntamiento, y este ya tiene despacho y una cartera de oportunidades. Eso sí que es networking. En España eres un desconocido; en cuanto aterrizas en San Salvador con una cámara, un perfil de LinkedIn y cuatro vídeos sobre emprendimiento, te conviertes en una figura institucional.

El artículo habla de jóvenes inversores, pero echo de menos un pequeño detalle: ¿cuánto dinero han invertido realmente algunos de estos supuestos grandes inversores? Porque una cosa es invertir capital propio, crear empresas y asumir riesgos, y otra muy distinta es hacer vídeos explicando las oportunidades de inversión, vender una guía por doce euros y vivir de contarle a otros lo maravilloso que es emigrar.

A ver si al final el negocio más rentable no consiste en construir edificios, sino en convencer a los españoles de que construyan su futuro comprando tu manual de supervivencia fiscal.

¡Y atención al vendedor de la guía! Dice que ha recibido 300 solicitudes de españoles que quieren irse. Maravilloso. Pero recibir 300 mensajes no significa tener 300 empresarios preparados para abrir negocios. Significa que hay 300 personas interesadas, curiosas o desesperadas por cambiar de vida. Ya veremos cuántas terminan instaladas allí y cuántas regresan después de descubrir que vivir en un país no es lo mismo que consumir vídeos de YouTube sobre ese país.

Porque esa es otra: te venden la emigración como si fuera una mezcla entre unas vacaciones permanentes, una conferencia de emprendimiento y un anuncio inmobiliario. Playas, oportunidades, seguridad, impuestos bajos, edificios nuevos y un futuro esplendoroso. Todo muy bonito hasta que empiezas a echar cuentas de verdad, necesitas determinados servicios, tienes una urgencia médica o descubres que las infraestructuras y el coste de ciertas cosas no son exactamente los de tus vídeos promocionales.

Y no lo digo por El Salvador, que tendrá sus oportunidades y sus problemas como cualquier otro país. Lo digo por los vendedores de paraísos que convierten cualquier destino en la tierra prometida cuando tienen algo que promocionar.

El artículo incluso cuenta que algunos reconocen las dificultades del país, desde el acceso a determinados medicamentos hasta las limitaciones de sus infraestructuras. ¡Qué cosas! Resulta que el mundo real no funciona como un vídeo de 18 minutos con música épica y un dron sobrevolando los edificios de San Salvador.

Y lo de estar hartos de España también tiene su gracia. Todos los males del país se resumen en una especie de conjura fiscal contra el emprendedor. Si algo sale mal, es culpa de Hacienda, de la burocracia, de los políticos y de la cuota de autónomos. Jamás será porque el negocio no funciona, porque el modelo empresarial era una fantasía o porque emprender consiste precisamente en asumir riesgos y no en esperar que el Estado te garantice que todo salga bien.

España es un desastre cuando toca pagar, pero algunos de sus problemas dejan de parecer tan graves cuando toca aprovecharse de su mercado, de sus clientes o de las oportunidades que ofrece haber crecido y trabajado aquí. Qué casualidad.

Y me hace especial gracia la pose ideológica de algunos: «Somos de derechas y estamos hartos de lo que sucede en España». Perfecto. Que se vayan, que emprendan y que les vaya estupendamente. Pero que no nos vendan una mudanza por motivos fiscales como si estuvieran desembarcando en Normandía para liberar a la humanidad de la tiranía del recibo de la Seguridad Social.

Porque algunos no están buscando la libertad: están buscando el país donde la calculadora les dé el resultado que quieren. Y eso es perfectamente legítimo. Lo que resulta llamativo es envolverlo en una epopeya civilizatoria.

Mi favorito sigue siendo el de las viviendas hechas con contenedores marítimos. En España, según cuenta el artículo, se encontró con problemas de las autoridades cuando intentó convertir contenedores en viviendas. Y terminó marchándose. Hombre, no sé qué ocurrió exactamente en aquel proyecto, pero una cosa es defender una regulación razonable y otra pensar que cualquier contenedor con ventanas, aislamiento y cuatro muebles se convierte automáticamente en una vivienda legal. Si no te dejan hacer algo, quizá haya que revisar el proyecto antes de concluir que todo el país está conspirando contra tu talento.

Pero claro, es mucho más cinematográfico presentarse como un emprendedor perseguido que reconocer que construir viviendas tiene requisitos técnicos, urbanísticos y administrativos.

Y ahora llega la parte más divertida: todos quieren enseñar a los demás cómo emigrar, invertir y triunfar. Uno vende una guía; otro hace contenido; otro presume de oportunidades empresariales; otro consigue un puesto de colaboración institucional. Se está formando un ecosistema de expertos en oportunidades cuyo principal producto, en algunos casos, parece ser explicar lo buenas que son las oportunidades.

¡La gallina de los cigot de oro! Si el país es tan maravilloso, los negocios tan rentables y las oportunidades tan extraordinarias, ¿para qué necesitas dedicar tanto tiempo a convencer a otros españoles de que se vayan contigo? ¿No sería más sencillo estar ocupado ganando millones?

Eso sí, si vendes una guía de doce euros y consigues colocarla a mil personas, ya tienes 12.000 euros de facturación potencial sin necesidad de construir un solo edificio. Y si después vendes asesorías, cursos y suscripciones, el negocio puede ser todavía más interesante. No afirmo que todos hagan eso, pero conviene distinguir entre el empresario que gana dinero con su actividad y el creador de contenido que gana dinero hablando de la actividad empresarial.

Y, por favor, que alguien les explique que tener una empresa internacional no te convierte automáticamente en un genio de las finanzas. Que un negocio facture mucho tampoco significa que deje mucho beneficio. Y que pagar menos impuestos no convierte una mala inversión en una buena inversión. La calculadora sigue funcionando en El Salvador.

En resumen: unos se van a Andorra para no pagar tantos impuestos; otros se van a El Salvador para escapar de la cuota de autónomos; y dentro de poco tendremos a alguno en una isla del Pacífico vendiendo un curso titulado «Cómo alcanzar la libertad financiera sin pagar ni una factura».

La nueva generación de conquistadores ya no busca oro, especias ni territorios. Busca una jurisdicción favorable, una audiencia de Instagram y un embudo de ventas.

Y el verdadero descubrimiento de América no va a ser el de estos emprendedores, sino el de los cientos de españoles que compren la guía de doce euros, vendan sus muebles, se compren un billete de avión y aterricen convencidos de que van a convertirse en empresarios internacionales porque un youtuber les ha explicado que allí el futuro es maravilloso.

Luego, cuando descubran que montar un negocio requiere algo más que cambiar de país y que las facturas no desaparecen por cruzar el Atlántico, siempre podrán abrir otro canal: «Por qué he tenido que volver a España después de mi aventura empresarial en El Salvador».

Eso sí, esta vez con enlace de afiliado para comprar el billete de vuelta.

De la conquista de América a la conquista de la exención fiscal. Qué tiempos aquellos en los que los aventureros buscaban El Dorado. Ahora buscan un país donde la cuota de autónomos sea cero y un algoritmo que les pague las vacaciones.

El imperio español se hunde, pero el negocio de vender cursos sobre cómo escapar de él goza de una salud extraordinaria.
 
Cuando Bukele no esté, a ver que va a pasar.

Que alguien le diga al BukeChad que de las primeras cosas al asumir el Mando, es designar sustitutos y toda una cadena de mando. E ir preparando el recambio.

El que venga luego que tenga cuidado de no indultar a los malandros, o volverán a la ley de la selva.
 
La historia es maravillosa. Unos chavales descubren que en España hay impuestos, papeleo y cuotas, y deciden emigrar a El Salvador para convertirse, en cuestión de meses, en empresarios internacionales, expertos en inteligencia militar, asesores gubernamentales y gurús del emprendimiento. ¡Lo que no consiguieron en España en toda su vida lo consiguen en seis meses al otro lado del océano! Silicon Valley se les queda pequeño.

Tenemos al muchacho de 25 años que se dedica a la inteligencia militar internacional, al emprendedor inmobiliario que decora viviendas y hoteles, al de los contenedores marítimos reconvertidos en casas y al vendedor de una guía de 12 euros para enseñar a otros cómo escapar de España. Solo falta el que venda un curso de cómo vender cursos para financiar el curso anterior.

Lo mejor es lo de la cuota de autónomos. ¡Qué descubrimiento! Resulta que la libertad consiste en no pagar una cotización social. Estos genios han resuelto en un vuelo transatlántico el problema de las cotizaciones, las pensiones y el Estado del bienestar. Newton formuló la gravedad; Einstein, la relatividad; y estos chavales han descubierto que, si te vas suficientemente lejos, la factura de autónomos tarda más en encontrarte.

Eso sí, la cuota no se paga, pero tampoco se cotiza por ella. La pensión futura ya se improvisará cuando llegue la edad de jubilarse. La cobertura por cese de actividad, lo mismo. Y cuando aparezca un problema médico serio, esperemos que el espíritu emprendedor también cubra la factura del hospital. Porque el capitalismo es fantástico cuando facturas millones y bastante menos romántico cuando te llega una factura de cinco cifras.

Aunque lo más llamativo no es que se vayan. Cada cual es libre de vivir donde le dé la gana y de buscar las condiciones fiscales que considere mejores. Lo verdaderamente curioso es el discurso épico con el que algunos presentan una decisión económica bastante prosaica. No dicen «me salen mejor las cuentas». No. Ellos están participando en una transformación histórica, construyendo el futuro, cambiando el destino de las naciones y liderando una revolución empresarial. Todo porque la cuota de autónomos les parece demasiado cara.

Y luego está el muchacho que lleva seis meses en El Salvador y ya colabora con una comisión presidencial. ¡Seis meses! Hay gente que lleva treinta años trabajando y todavía no ha conseguido que le cojan el teléfono en el ayuntamiento, y este ya tiene despacho y una cartera de oportunidades. Eso sí que es networking. En España eres un desconocido; en cuanto aterrizas en San Salvador con una cámara, un perfil de LinkedIn y cuatro vídeos sobre emprendimiento, te conviertes en una figura institucional.

El artículo habla de jóvenes inversores, pero echo de menos un pequeño detalle: ¿cuánto dinero han invertido realmente algunos de estos supuestos grandes inversores? Porque una cosa es invertir capital propio, crear empresas y asumir riesgos, y otra muy distinta es hacer vídeos explicando las oportunidades de inversión, vender una guía por doce euros y vivir de contarle a otros lo maravilloso que es emigrar.

A ver si al final el negocio más rentable no consiste en construir edificios, sino en convencer a los españoles de que construyan su futuro comprando tu manual de supervivencia fiscal.

¡Y atención al vendedor de la guía! Dice que ha recibido 300 solicitudes de españoles que quieren irse. Maravilloso. Pero recibir 300 mensajes no significa tener 300 empresarios preparados para abrir negocios. Significa que hay 300 personas interesadas, curiosas o desesperadas por cambiar de vida. Ya veremos cuántas terminan instaladas allí y cuántas regresan después de descubrir que vivir en un país no es lo mismo que consumir vídeos de YouTube sobre ese país.

Porque esa es otra: te venden la emigración como si fuera una mezcla entre unas vacaciones permanentes, una conferencia de emprendimiento y un anuncio inmobiliario. Playas, oportunidades, seguridad, impuestos bajos, edificios nuevos y un futuro esplendoroso. Todo muy bonito hasta que empiezas a echar cuentas de verdad, necesitas determinados servicios, tienes una urgencia médica o descubres que las infraestructuras y el coste de ciertas cosas no son exactamente los de tus vídeos promocionales.

Y no lo digo por El Salvador, que tendrá sus oportunidades y sus problemas como cualquier otro país. Lo digo por los vendedores de paraísos que convierten cualquier destino en la tierra prometida cuando tienen algo que promocionar.

El artículo incluso cuenta que algunos reconocen las dificultades del país, desde el acceso a determinados medicamentos hasta las limitaciones de sus infraestructuras. ¡Qué cosas! Resulta que el mundo real no funciona como un vídeo de 18 minutos con música épica y un dron sobrevolando los edificios de San Salvador.

Y lo de estar hartos de España también tiene su gracia. Todos los males del país se resumen en una especie de conjura fiscal contra el emprendedor. Si algo sale mal, es culpa de Hacienda, de la burocracia, de los políticos y de la cuota de autónomos. Jamás será porque el negocio no funciona, porque el modelo empresarial era una fantasía o porque emprender consiste precisamente en asumir riesgos y no en esperar que el Estado te garantice que todo salga bien.

España es un desastre cuando toca pagar, pero algunos de sus problemas dejan de parecer tan graves cuando toca aprovecharse de su mercado, de sus clientes o de las oportunidades que ofrece haber crecido y trabajado aquí. Qué casualidad.

Y me hace especial gracia la pose ideológica de algunos: «Somos de derechas y estamos hartos de lo que sucede en España». Perfecto. Que se vayan, que emprendan y que les vaya estupendamente. Pero que no nos vendan una mudanza por motivos fiscales como si estuvieran desembarcando en Normandía para liberar a la humanidad de la tiranía del recibo de la Seguridad Social.

Porque algunos no están buscando la libertad: están buscando el país donde la calculadora les dé el resultado que quieren. Y eso es perfectamente legítimo. Lo que resulta llamativo es envolverlo en una epopeya civilizatoria.

Mi favorito sigue siendo el de las viviendas hechas con contenedores marítimos. En España, según cuenta el artículo, se encontró con problemas de las autoridades cuando intentó convertir contenedores en viviendas. Y terminó marchándose. Hombre, no sé qué ocurrió exactamente en aquel proyecto, pero una cosa es defender una regulación razonable y otra pensar que cualquier contenedor con ventanas, aislamiento y cuatro muebles se convierte automáticamente en una vivienda legal. Si no te dejan hacer algo, quizá haya que revisar el proyecto antes de concluir que todo el país está conspirando contra tu talento.

Pero claro, es mucho más cinematográfico presentarse como un emprendedor perseguido que reconocer que construir viviendas tiene requisitos técnicos, urbanísticos y administrativos.

Y ahora llega la parte más divertida: todos quieren enseñar a los demás cómo emigrar, invertir y triunfar. Uno vende una guía; otro hace contenido; otro presume de oportunidades empresariales; otro consigue un puesto de colaboración institucional. Se está formando un ecosistema de expertos en oportunidades cuyo principal producto, en algunos casos, parece ser explicar lo buenas que son las oportunidades.

¡La gallina de los cigot de oro! Si el país es tan maravilloso, los negocios tan rentables y las oportunidades tan extraordinarias, ¿para qué necesitas dedicar tanto tiempo a convencer a otros españoles de que se vayan contigo? ¿No sería más sencillo estar ocupado ganando millones?

Eso sí, si vendes una guía de doce euros y consigues colocarla a mil personas, ya tienes 12.000 euros de facturación potencial sin necesidad de construir un solo edificio. Y si después vendes asesorías, cursos y suscripciones, el negocio puede ser todavía más interesante. No afirmo que todos hagan eso, pero conviene distinguir entre el empresario que gana dinero con su actividad y el creador de contenido que gana dinero hablando de la actividad empresarial.

Y, por favor, que alguien les explique que tener una empresa internacional no te convierte automáticamente en un genio de las finanzas. Que un negocio facture mucho tampoco significa que deje mucho beneficio. Y que pagar menos impuestos no convierte una mala inversión en una buena inversión. La calculadora sigue funcionando en El Salvador.

En resumen: unos se van a Andorra para no pagar tantos impuestos; otros se van a El Salvador para escapar de la cuota de autónomos; y dentro de poco tendremos a alguno en una isla del Pacífico vendiendo un curso titulado «Cómo alcanzar la libertad financiera sin pagar ni una factura».

La nueva generación de conquistadores ya no busca oro, especias ni territorios. Busca una jurisdicción favorable, una audiencia de Instagram y un embudo de ventas.

Y el verdadero descubrimiento de América no va a ser el de estos emprendedores, sino el de los cientos de españoles que compren la guía de doce euros, vendan sus muebles, se compren un billete de avión y aterricen convencidos de que van a convertirse en empresarios internacionales porque un youtuber les ha explicado que allí el futuro es maravilloso.

Luego, cuando descubran que montar un negocio requiere algo más que cambiar de país y que las facturas no desaparecen por cruzar el Atlántico, siempre podrán abrir otro canal: «Por qué he tenido que volver a España después de mi aventura empresarial en El Salvador».

Eso sí, esta vez con enlace de afiliado para comprar el billete de vuelta.

De la conquista de América a la conquista de la exención fiscal. Qué tiempos aquellos en los que los aventureros buscaban El Dorado. Ahora buscan un país donde la cuota de autónomos sea cero y un algoritmo que les pague las vacaciones.

El imperio español se hunde, pero el negocio de vender cursos sobre cómo escapar de él goza de una salud extraordinaria.
Estos son unos listos como el tío blanco hetero en Andorra.
y como nuestro país es un descontrol internacional

no se les da un portazo en las narices cuando intentan abusar.
 
Vi el video de fabricar tu sueño que es el que hace contenedores uno de Albacete creo que es y salía buscando terrenos en el Salvador y era un espectáculo porque la mayoría no tenía ni siquiera acceso por pista de tierra o sea tenías que llegar andando imagínense lo de las comunicaciones allí tiene que ser un show
 
Acabo de ver lo de Fabricando tu Sueño, el fenómeno de los contenedores de Albacete, buscando terrenos en El Salvador, y todavía me estoy recuperando del espectáculo. Esto ya no es emprendimiento inmobiliario, esto es Supervivientes: edición polígono industrial.

El tío se planta en El Salvador buscando terrenos para montar su particular negocio de los sueños, pero resulta que una buena parte de las parcelas que está mirando no tienen ni siquiera acceso por una pista de tierra. ¡Que hay terrenos a los que tienes que llegar andando, criatura!

¡Pero vamos a ver, alma de cántaro! ¿Tú estás buscando terrenos para construir un negocio o estás preparando una expedición para encontrar una ciudad perdida en la selva?

Porque una cosa es comprar un terreno barato y otra muy distinta es comprarte un trozo de planeta al que no llega ni el repartidor de Amazon, donde la única infraestructura de transporte es el camino que abre una cabra cuando va a beber agua.

Imagínate la escena dentro de unos meses: el cliente ha comprado su flamante contenedor-vivienda, tiene las llaves en la mano y pregunta dónde está su nueva casa. Y aparece el iluminado con una sonrisa de vendedor de enciclopedias para explicarle que el último tramo hay que hacerlo a pie, que el coche se queda a tres kilómetros y que, si quiere llevar la nevera, le recomienda contratar a ocho porteadores y una mula con experiencia en alta montaña.

¡EL FUTURO DE LA VIVIENDA, SEÑORES! ¡INNOVACIÓN DISRUPTIVA!

Este hombre vende la idea de fabricar sueños, pero por lo que se ve está buscando terrenos donde ni siquiera puedes llevar una pesadilla en coche.

Y lo mejor es pensar en las comunicaciones. Porque, claro, comprar un terreno no consiste solamente en mirar cuatro metros cuadrados de hierba, poner cara de empresario visionario y decir que ahí hay potencial. Hay que preguntarse cómo malos vas a llegar, cómo vas a meter los materiales, cómo vas a transportar los contenedores, cómo vas a conectar los suministros, cómo van a entrar los vehículos de emergencia y cómo va a llegar un cliente sin necesitar un guía de montaña.

¡Detalles sin importancia para estos genios de los negocios! Total, ¿para qué quieres una carretera si tienes una presentación de PowerPoint y una fe inquebrantable en tu propio talento?

Me imagino al hombre haciendo números con su calculadora: el terreno cuesta cuatro duros, el contenedor otros tantos y el margen de beneficio va a ser espectacular. Lo que no aparece en el Excel es la pequeña partida presupuestaria de construir un acceso, acondicionar el camino, mover tierras, transportar materiales y llevar hasta allí todos los servicios necesarios.

Esa columna debe de estar oculta, como los gastos de la tarjeta de crédito cuando uno no quiere mirar el extracto.

Porque esa es otra: los terrenos baratos suelen tener una explicación. A veces están lejos de todo, a veces tienen problemas de acceso, a veces carecen de servicios y otras veces arrastran limitaciones urbanísticas que conviene estudiar antes de soltar el dinero. No siempre, por supuesto, pero cuando encuentras una parcela a precio de saldo, lo primero que haces es investigar por qué cuesta tan poco, no empezar a imaginar cuánto dinero vas a ganar.

Pero aquí parece que algunos han descubierto una nueva modalidad de inversión: comprar primero el problema y averiguar después cuánto cuesta solucionarlo.

Y no olvidemos que estamos hablando de contenedores. ¡Contenedores! No de construir una estación espacial ni de levantar un rascacielos en Dubái. La gracia de este modelo de negocio debería ser precisamente ofrecer una solución práctica, relativamente sencilla y con costes controlados. Pero si para colocar una unidad necesitas organizar una expedición logística digna de transportar un satélite hasta el desierto de Atacama, igual el negocio necesita una revisión a fondo.

Porque el contenedor no se teletransporta. No lo metes en una mochila, no lo bajas del autobús y no lo colocas sobre el terreno con una llave inglesa y dos vídeos de YouTube.

Un contenedor pesa lo suyo. Necesitas estudiar el acceso, las maniobras, los vehículos adecuados y las condiciones del terreno. Y si el camión no puede llegar hasta la parcela, la pregunta no es cómo queda el contenedor en las fotografías promocionales: la pregunta es cuánto cuesta llevarlo allí y si sigue teniendo sentido económico hacerlo.

Que parece que hay que explicar las leyes de la física en un máster de emprendimiento.

Y luego está el cliente. Porque una cosa es que tú te enamores de una parcela perdida en mitad de ninguna parte y otra que consigas convencer a alguien de pagar por un alojamiento o una vivienda allí. Si el acceso es complicado, las comunicaciones son deficientes y los servicios están lejos, tendrás que explicar qué ventajas compensan todos esos inconvenientes.

¿La tranquilidad? ¿La naturaleza? ¿La desconexión? Fenomenal. Pero una cosa es desconectar del estrés y otra desconectar de la civilización hasta el punto de que, si te duele una muela, tengas que organizar una marcha de reconocimiento para localizar el primer dentista.

Y ojo, que vivir apartado puede ser perfectamente maravilloso. Hay gente que busca precisamente eso y sabe muy bien lo que compra. El problema es vender una parcela como una oportunidad extraordinaria sin haber demostrado que los números, la logística y las condiciones reales del proyecto funcionan.

Ahí es donde se distingue a un empresario serio de un vendedor de ilusiones con una cámara delante.

El empresario serio estudia los accesos, consulta la normativa, comprueba los servicios, calcula los costes de transporte, analiza la demanda y después decide si invierte.

El otro hace el recorrido, mira el paisaje, se acaricia la barbilla, pone cara de haber descubierto Silicon Valley y empieza a hablar de oportunidades, libertad financiera y negocios escalables.

Uno lleva un estudio de viabilidad. El otro lleva un vídeo de YouTube con música épica.

Y es que me imagino el vídeo promocional dentro de un año:

«Estamos creando un concepto revolucionario de vivienda modular en El Salvador».

Traducción: tenemos unos terrenos a los que no llega el camión y estamos intentando averiguar cómo meter un contenedor.

«Hemos detectado una oportunidad de mercado extraordinaria».

Traducción: nadie más ha querido comprar la parcela y estamos intentando descubrir por qué.

«Nuestro modelo de negocio es escalable».

Traducción: todavía no hemos resuelto cómo colocar la primera unidad, pero ya estamos pensando en vender cincuenta.

«Estamos democratizando el acceso a la vivienda».

Traducción: estamos democratizando el acceso a caminar por caminos sin asfaltar cargando bolsas del supermercado.

Y que conste que no estoy diciendo que todos esos terrenos sean malos ni que el proyecto sea necesariamente inviable. Para saberlo habría que conocer las parcelas concretas, los accesos, la normativa y los números. Precisamente ese es el problema: antes de vender una película de éxito empresarial, hay que demostrar que el negocio funciona fuera de la imaginación del protagonista.

Porque fabricar contenedores puede ser una actividad perfectamente legítima y rentable. Buscar oportunidades en El Salvador también puede tener sentido. Pero ninguna de esas dos cosas convierte automáticamente en buena inversión cualquier parcela barata que aparezca en el camino.

El problema es confundir encontrar algo barato con encontrar una oportunidad rentable. Son dos cosas completamente distintas.

Y cuando el principal argumento de venta es lo maravilloso que va a ser el futuro, mientras el presente consiste en llegar andando a la parcela, yo empezaría a hacer preguntas bastante incómodas.

¿Dónde están los números reales? ¿Cuánto cuesta acondicionar los accesos? ¿Qué permisos hacen falta? ¿Se puede instalar legalmente lo que pretende instalar? ¿Cuánto cuesta transportar cada unidad? ¿Quién va a comprar el producto final? ¿Qué margen queda después de pagar todos los gastos?

Porque el dinero no se gana con el entusiasmo, ni con las tomas de dron, ni con pronunciar la palabra «emprendimiento» cada tres minutos.

Se gana vendiendo algo que la gente quiere, a un precio que está dispuesta a pagar, con unos costes que permiten obtener beneficios.

Y si para conseguirlo tienes que invertir una fortuna en convertir una senda de cabras en una vía de acceso, quizá el chollo inmobiliario no era tan chollo.

En definitiva, que Fabricando tu Sueño corre el riesgo de convertirse en Fabricando tu Problema, con una temporada especial titulada El Contenedor que No Llegó Nunca.

Y el episodio final sería una maravilla: el cliente esperando, el contenedor aparcado a kilómetros de distancia, el presupuesto de transporte multiplicándose por diez y el visionario explicando delante de la cámara que todo forma parte de una estrategia de expansión internacional.

¡EXPANSIÓN INTERNACIONAL, DICE! ¡Si para llegar a la parcela hay que hacer el Camino de Santiago!

Sarracena: antes de fabricar sueños, comprueba que el camión puede llegar al terreno. Porque una oportunidad de negocio sin estudiar es solamente una ocurrencia con gastos de transporte. Y un terreno barato al que no puedes acceder no es necesariamente una ganga: puede ser un problema con vistas al paisaje.
 
JAJAJAJAJAJAJAJAJA.

Lo de Fabricando tu Sueño empieza a ser digno de estudio. Este hombre graba absolutamente TODO. Como siga así, cualquier día nos hace un documental de tres horas sobre cómo se limpia el baño, con planos recurso del papel higiénico, un análisis comparativo del precio del rollo en España y El Salvador, y una conclusión empresarial sobre las oportunidades de negocio que ofrece el aseo internacional.

¡Pero hombre, alma de cántaro! ¡Que te has ido a El Salvador, no a Marte en una expedición de la NASA!

Te graba la gasolinera, te graba el supermercado, te graba al dentista, te graba el taller, te graba los tomates, las facturas y hasta el último tornillo que le ponen al coche. Este hombre no hace turismo: está levantando un registro audiovisual de su estancia en el país. Solo le falta llevar una cámara al baño y entrevistar al inodoro para que explique cómo ha evolucionado el coste de la vida desde la última descarga.

Y lo más llamativo es esa sensación de que tiene que dejar constancia de cada céntimo que paga, como si estuviera reuniendo pruebas para llevar a los tribunales internacionales a todo aquel que le cobre ocho dólares por un pinchazo. JAJAJAJAJA.

¡Cuidado, mecánicos salvadoreños! ¡Ha llegado el inspector de talleres de YouTube! Si le cobras diez dólares por un trabajo, prepárate para aparecer en el próximo capítulo de Precios del trópico: mi experiencia personal. Si el dentista le cobra veinticinco dólares, igual te dedica una trilogía. Y si en el supermercado una botella de champú cuesta más de lo que él considera razonable, puede que termine haciendo un documental de investigación con música de suspense y primeros planos del ticket.

Parece que cada vez que abre la cartera se activa una alarma en su cabeza: «¡Atención! ¡Posible contenido para el canal!».

Pero vamos a ver, criatura, ¿tú has ido a conocer un país o a fiscalizar cada negocio que se cruza en tu camino? Porque hay una diferencia enorme entre contar tu experiencia como consumidor y comportarte como si cada factura fuera una prueba pericial dentro de una investigación internacional.

Y aquí viene lo mejor: parece que algunos youtubers se creen que, en cuanto sacan una cámara, el mundo entero tiene que ponerse firme, cuadrarse y recibirlos con honores. Como si llevar un canal de YouTube les concediera automáticamente el tratamiento de jefe de Estado, embajador extraordinario y enviado plenipotenciario de la humanidad.

¡Que no eres un jeque llegando a un hotel de lujo con veinte maletas y un séquito de guardaespaldas, hombre! ¡Eres un señor con una cámara, una camioneta y muchas ganas de grabar hasta el recibo del pan!

Me imagino a algunos comerciantes viendo entrar a este hombre y pensando: «Ahí viene otra vez el de la cámara. A ver si hoy compra algo sin convertirlo en una auditoría internacional».

Porque esa es otra: da la impresión de que espera un trato especial por ser creador de contenido. Como si los mecánicos tuvieran que regalarle la mano de obra, los dentistas hacerle descuentos, los supermercados ponerle una alfombra roja y los comerciantes entregarle una cesta de bienvenida con frutas, quesos y una placa que diga: «Gracias por elegir nuestro humilde establecimiento para su investigación económica».

Y todo, naturalmente, por el miedo a que luego publique un vídeo diciendo que en El Salvador le han cobrado demasiado y que eso pueda espantar a futuros turistas.

¡Pero qué película se monta alguno en la cabeza!

El país no está pendiente de si el señor de YouTube ha pagado ocho dólares por reparar una rueda. La inmensa mayoría de la gente tiene sus propios problemas, sus trabajos y sus negocios. No están sentados en una sala de crisis esperando a ver qué opinión publica un youtuber sobre el precio de los cigot.

Que sí, que los vídeos de experiencias reales pueden ser útiles. Que comparar precios puede aportar información. Que denunciar un abuso demostrado es legítimo. Pero para eso hay que aportar contexto, comparar establecimientos equivalentes y distinguir entre una mala experiencia particular y una conclusión general sobre todo un país.

Porque llenar una tarjeta de memoria con tickets no te convierte automáticamente en economista. Grabar tres talleres no te convierte en experto en mecánica. Comprar cigot en un mercado no te convierte en analista de la cadena alimentaria. Y pagar una consulta dental no te convierte en autoridad internacional sobre la sanidad salvadoreña.

Tener una cámara no te da la razón; solamente permite que todo el mundo vea cómo llegas a tus conclusiones.

Y lo de documentarlo todo tiene su gracia: parece que no puede dar dos pasos sin pensar en cómo transformar una actividad cotidiana en contenido. Ya no se trata de vivir una experiencia y después contarla. Se trata de convertir cada experiencia en un episodio, cada gasto en una investigación y cada contratiempo en una posible trama de suspense.

Al final, uno no sabe si está viendo a un hombre que se ha mudado a otro país para desarrollar un proyecto o a un reportero de sucesos que se ha quedado sin sucesos y ahora investiga el precio del detergente.

«Hoy he repostado».
¡Exclusiva mundial!

«Hoy he comprado carne».
¡Informe especial!

«Hoy me han arreglado un pinchazo».
¡La trama que tiene en vilo a Centroamérica!

«Hoy he ido al dentista».
¡La verdad que nadie te cuenta sobre las clínicas salvadoreñas!

JAJAJAJAJAJAJAJA.

Y mientras tanto, el gran proyecto empresarial sigue en el horizonte, envuelto en ese misterioso halo de expectación con el que algunos creadores anuncian que están preparando algo revolucionario. De momento, lo que tenemos es una colección de facturas, visitas a establecimientos y reflexiones sobre cuánto cuestan las cosas.

A este paso, cuando por fin presente el proyecto, los espectadores llevarán seis meses esperando y ya conocerán mejor el precio de la gasolina salvadoreña que el propio ministro de Economía.

Fabricando tu Sueño: el único emprendedor capaz de convertir una visita al supermercado en una auditoría de Estado y un pinchazo en una crisis diplomática.

Mi consejo es sencillo: disfruta del país, conoce a la gente, aprende cómo funcionan las cosas y cuenta tus experiencias con honestidad. Pero baja un poquito del pedestal, que nadie tiene la obligación de tratarte como a un jeque por el simple hecho de que lleves una cámara encendida.

Y, por favor, reserva algo de intimidad para el pobre baño. Que como sigas grabándolo absolutamente todo, el próximo vídeo va a ser: «Me siento en el baño de El Salvador: ¿me están cobrando demasiado por la descarga?».

Con comparativa de precios, factura desglosada y encuesta a los suscriptores para determinar si el servicio ha sido satisfactorio.

JAJAJAJAJAJAJAJAJA.
 
El de Fabrica tu Sueño se ha instalado en El Salvador hace 15 días y ya anuncia que Bukele va a convertir el país en una potencia mundial y que en pocos años superará a España.

Quince días, señores. Ni el Banco Mundial, ni el FMI, ni los economistas más fruta. Para qué estudiar indicadores económicos si tenemos a Eloy, que ha aterrizado, ha visto cuatro carreteras asfaltadas y ha vuelto convertido en asesor geopolítico internacional.

Ha visto una biblioteca moderna y unas calles limpias y ya prepara el informe que cambiará la economía centroamericana.

Bukele debe de estar contento. Entre las cárceles, las inauguraciones y los proyectos de modernización, ahora parece que también atrae talento español. Porque, visto lo visto, necesita gente que sepa leer y escribir, y por eso construye escuelas y atrae a los profesionales que España no ha sabido retener.

Una fuga de talento considerable. Bueno, de talento, de proyectos de contenedores y de algún emprendedor que se ha pasado media vida buscando su propósito mientras descubre que para vivir hay que pagar facturas.

Lo que me tiene fascinado es la trayectoria de Eloy. Se marcha a Londres con 600 dólares, friega platos, limpia coches, asciende a encargado de una empresa de alquiler de vehículos y, de repente, se convierte en visionario inmobiliario, experto en emprendimiento, analista político y futuro padre de familia salvadoreño. El Leonardo da Vinci de los cursos de autoayuda.

Eso sí, lleva quince días en El Salvador y ya tiene clarísimo que allí todo funciona de maravilla. No ha encontrado ningún problema que merezca la pena mencionar. Ni uno. Ha ido al taller, ha visto al mecánico limpiarse las manos llenas de aceite en la pintura de un coche y ha detectado una pequeña carencia de profesionalidad. Menos mal que ha llegado Eloy para elevar los estándares internacionales de calidad.

Todavía está intentando averiguar de qué animal es la pata de la sopa de pata, pero ya sabe qué políticas necesita Centroamérica para convertirse en una potencia mundial.

Y luego está el asunto de España. Resulta que aquí es imposible emprender, los impuestos son abusivos y nadie puede prosperar. Sin embargo, él mismo cuenta que en Londres empezó fregando platos, limpiando coches y terminó ascendiendo profesionalmente. Curiosa manera de demostrar que en la vida hay que trabajar, adquirir experiencia y mejorar tus habilidades.

Pero claro, eso no queda tan épico como contar que España te persigue, te asfixia y te impide cumplir tus sueños porque no te deja poner un contenedor donde te salga de las narices.

Lo de las casas contenedor también es llamativo. El hombre llevaba diez años anticipando la crisis inmobiliaria y había encontrado la solución definitiva a uno de los mayores problemas del país. Pero las autoridades no le dejaron desarrollar su proyecto como él quería y decidió que aquello era un acoso intolerable.

Vamos, que el urbanismo, las licencias y la normativa son inventos de un sistema opresor diseñados específicamente para fastidiar a Eloy. Qué casualidad que el Estado no se haya adaptado todavía a las necesidades de su canal de YouTube.

Y ahora llega a El Salvador y descubre que allí hay oportunidades, que las carreteras están bien y que la gente es hospitalaria. Fantástico. Pero, compañero, llevas quince días. Todavía estás en la fase de turista con las pilas cargadas y la ilusión de quien acaba de cambiar de escenario.

Una cosa es visitar un país, otra es vivir allí y una tercera, bastante más complicada, es montar un negocio rentable, pagar tus gastos y construir una familia. De momento has completado la primera y estás empezando la segunda. No adelantemos acontecimientos.

Aunque mi parte favorita es cuando afirma que El Salvador podría superar a España en pocos años.

Hombre, si tu análisis económico consiste en comparar la limpieza de una calle con la situación general de un país, entiendo perfectamente que hayas llegado a esa conclusión. Para qué vamos a mirar salarios, productividad, inversión, infraestructuras, sanidad, educación o coste de vida. Eso son detalles insignificantes que solo interesan a los aburridos que se dedican a estudiar economía.

Eloy ha mirado una carretera y ha visto el futuro de Centroamérica.

Y atención a su consejo para los salvadoreños: paciencia, que Bukele lo está haciendo todo tan bien que él no cambiaría absolutamente nada. Un señor que lleva dos semanas en el país y que reconoce que todavía no ha investigado demasiado sobre determinadas cuestiones políticas ya está repartiendo certificados de excelencia gubernamental.

Qué maravilla. Ni auditorías, ni estadísticas, ni análisis independientes. Basta con pasear por un parque, ver a unos niños saludando y concluir que todo marcha estupendamente.

Y cuando le preguntan si le paga Bukele, se ríe. Pues no lo sé, Eloy, pero si el Gobierno salvadoreño está buscando embajadores espontáneos de su gestión, ya tiene uno disponible. Solo necesita que alguien le explique la diferencia entre una opinión personal y un análisis riguroso.

Eso sí, también me hace gracia que diga que los españoles que emigran allí no lo hacen por dinero, sino por la cultura, la seguridad y la calidad de vida. Hombre, claro. Porque cuando vendes tus pertenencias y te marchas al otro lado del Atlántico, lo último que te preocupa es si podrás ganarte la vida.

Por supuesto que cada uno puede emigrar donde le dé la gana, faltaría más. Pero estaría bien distinguir entre encontrar un país que te gusta y encontrar un país donde puedas construir un proyecto sostenible. Lo segundo requiere bastante más que grabar vídeos diciendo que todo es maravilloso.

Y hablando de vídeos, este es el detalle que me parece más revelador: el protagonista se marcha a otro continente para escapar de un sistema que, según él, le impedía realizar sus sueños, y termina haciendo una entrevista explicando a los demás cómo tienen que formarse, trabajar y mejorar sus habilidades.

Pues aplícate el cuento, campeón. Que una cosa es tener un canal de YouTube y otra muy distinta ser un empresario de éxito. No confundamos tener una cámara, un discurso motivacional y muchas ganas de cambiar de vida con haber demostrado que sabes crear un negocio rentable.

Fabrica tu Sueño debería cambiar el nombre por Fabrica tu Expectativa, porque de momento lo que tenemos es un señor que ha vendido sus cosas, se ha mudado a El Salvador y, en quince días, ya ha descubierto la fórmula para convertirlo en una potencia mundial.

Bukele construye escuelas, Eloy construye relatos épicos y los espectadores ponemos las palomitas.

Solo falta que, dentro de seis meses, nos explique que ha descubierto un nicho de mercado revolucionario, lance un curso de emprendimiento internacional y cobre 997 euros por enseñarnos a identificar oportunidades de negocio mirando carreteras.

Y que nadie le critique, por favor. Que inmediatamente aparecerá alguien diciendo que todo es envidia.

No, hombre, no. Envidia sería querer vivir como tú. Lo que da es curiosidad: queremos saber cuánto tarda un hombre en pasar de recién llegado a experto nacional, y si existe algún límite para la cantidad de veces que puede decir «potencia mundial» antes de que le nombren ministro de Economía.
 
JAJAJAJAJAJAJA. ¡Última hora! ¡España pierde a uno de sus mayores genios de la construcción y El Salvador se prepara para recibir al nuevo Elon Musk de los contenedores!

Eloy, el hombre que asegura haber sido el primero del mundo hispanohablante en construir casas contenedor, ha tenido que huir de España porque, según nos cuenta, las autoridades le trataban prácticamente como a un extremista violento. ¡Un extremista violento inmobiliario! ¡El enemigo público número uno del ladrillo español!

La Policía buscando delincuentes y los funcionarios de Urbanismo desplegando una operación especial para detener al hombre que había osado poner un contenedor donde no debía. ¡Alerta máxima! ¡Que alguien avise al Ministerio del Interior, que Eloy está preparando otro módulo de 30 metros cuadrados!

JAJAJAJAJAJA.

Pero vamos a ver, campeón, ¿no será que te has marchado porque estabas hasta las narices de las obligaciones, los permisos y, sobre todo, de pagar la cuota de autónomos? Porque a mí toda esta historia me recuerda al típico personaje que descubre que emprender no consiste únicamente en tener una idea, grabar cuatro vídeos y esperar a que el mundo reconozca su genialidad.

Aquí el protagonista nos cuenta que España le perseguía, que le querían meter tres años en prisión, que le cortaron el agua y que tuvo que vender hasta el último tornillo. Todo contado con una épica que parece el tráiler de una película de Hollywood.

Solo falta que aparezca Morgan Freeman narrando:

«En un país dominado por la burocracia, un hombre se atrevió a desafiar al sistema. Su delito: creer en sus sueños. Su condena: descubrir que los autónomos tienen obligaciones fiscales. Su destino: El Salvador».

¡FABRICA TU SUEÑO: LA HUIDA DEL CONTENEDOR! Próximamente en Netflix.

Y allí se ha ido nuestro aventurero, a la tierra prometida de Bukele, donde acaba de descubrir que para comprar terrenos también hay que comprobar escrituras, estudiar los accesos, revisar las servidumbres, consultar el uso del suelo, contratar profesionales y obtener permisos.

¡Eloy, pero si eso es precisamente lo que te exigen en cualquier país serio!

Después de pasarse años denunciando las trabas que le ponían en España, ahora dedica un vídeo entero a explicar que antes de comprar una parcela hay que comprobar que sea legal y que antes de construir conviene obtener las autorizaciones correspondientes.

¡Pero si acabas de describir la existencia del urbanismo, criatura!

Resulta que los permisos no eran un invento de Pedro Sánchez para acabar personalmente con tu carrera. Resulta que las parcelas tienen condiciones, que las construcciones están sujetas a normas y que no puedes hacer siempre lo que te salga de los mismísimos porque hayas tenido una idea que consideras revolucionaria.

Eso sí, en España te ponen pegas y es persecución política; en El Salvador te piden documentación y es profesionalidad administrativa. JAJAJAJAJAJA.

La burocracia española es opresión, pero la burocracia salvadoreña es una oportunidad de aprendizaje. ¡Qué maravilla de adaptación cultural!

Y atención a su nueva faceta: asesor inmobiliario internacional.

El hombre lleva unas semanas en el país, ha visto unos cuantos terrenos, ha tenido una reunión de cuatro horas y ya está ofreciendo acompañamiento a quienes quieran invertir desde España.

¡Esto es velocidad empresarial! Algunos estudian Arquitectura, otros se forman en urbanismo y otros adquieren experiencia durante décadas. Eloy ha descubierto una vía alternativa: te ves unos cuantos vídeos, tomas apuntes y abres un servicio de asesoramiento.

Y encima te dice que tiene contactos y que puede guiarte para comprar terrenos sin necesidad de viajar.

¡Hombre, por supuesto! ¿Quién necesita experiencia consolidada cuando puedes contratar el acompañamiento de un español que todavía está buscando una parcela con un camino por el que pueda entrar su propio todoterreno?

Porque esa parte es maravillosa.

Lleva semanas recorriendo terrenos y se encuentra con que los accesos son malísimos. Los vendedores le dicen que se llega perfectamente y, cuando aparece por allí con el 4x4, descubre que el camino parece una etapa del Dakar.

¡Bienvenido al maravilloso mundo de comprar fincas, campeón!

Y ahora quiere una parcela donde puedan entrar entre veinte y treinta coches. Ha visto una finca preciosa, con aguacates, café, plátanos y toda la fauna imaginable, pero no le sirve porque solo pueden entrar tres o cuatro vehículos.

Vamos, que el hombre busca una parcela prácticamente virgen, en plena naturaleza, fresquita, apartada de la civilización, con vistas espectaculares, barata y con acceso para organizar una concentración de vehículos.

¿Y qué más, Eloy? ¿Que tenga aeropuerto internacional, fibra óptica y un McDonald's en la puerta?

¡Que estás buscando una finca, no el recinto ferial de IFEMA!

Pero mi parte favorita es cuando dice que está feliz, que ha vendido todo y que se ha marchado con una mano delante y otra detrás.

¡Con una mano delante y otra detrás, pero con un servicio de asesoramiento inmobiliario en la descripción del vídeo!

JAJAJAJAJAJAJA.

Que no digo yo que no tenga ahorros, que no haya trabajado o que no pueda salirle bien su nueva aventura. Lo que me hace gracia es el relato épico del emprendedor perseguido que tiene que abandonar su patria para encontrar la libertad empresarial, mientras aprovecha cada vídeo para pedir likes, comentarios y apoyo económico indirecto a su canal.

Porque, vamos a ver, Eloy, ¿no será que te has ido buscando un lugar donde volver a empezar con menos gastos y unas condiciones que te encajen mejor? Eso sería perfectamente respetable. Muchísima gente emigra para mejorar su situación económica.

Pero queda mucho más cinematográfico presentarse como un visionario al que España ha intentado destruir por construir casas contenedor.

Y aquí es donde aparece mi teoría favorita: Bukele necesita atraer inversión extranjera y Eloy necesita clientes para sus nuevos proyectos. ¡Blanco y en botella!

No tengo pruebas de que le pague el Gobierno salvadoreño, pero, si alguien de la oficina de turismo está buscando un comercial, que le mande el contrato. El muchacho ya hace la promoción prácticamente de oficio.

—¿Qué ofrece El Salvador a los emprendedores españoles?

—¡Oportunidades!

—¿Y qué ofrece Eloy a los emprendedores españoles?

—¡Acompañamiento para comprar terrenos!

—¿Y qué gana Bukele?

—¡Publicidad gratuita!

—¿Y qué gana Eloy?

—¡Clientes potenciales!

¡ESTAMOS ANTE EL PRIMER CASO DOCUMENTADO DE SIMBIOSIS ENTRE LA PROPAGANDA TURÍSTICA Y EL EMPRENDIMIENTO MOTIVACIONAL!

Y todo ello mientras nos recuerda que no es ni de derechas ni de izquierdas, sino de España. Una frase preciosa, por cierto, que pronuncia después de explicarnos que España está fatal, que no hay futuro y que no ve solución a corto ni medio plazo.

Vamos, que quiere a España muchísimo, pero prefiere quererla desde varios miles de kilómetros de distancia y sin pagar aquí los gastos de su nueva aventura empresarial.

Porque esa es otra: cuando alguien se marcha porque le ofrecen un trabajo mejor, porque busca tranquilidad o porque quiere probar suerte en otro país, estupendo. Pero cuando la aventura viene acompañada de un discurso constante sobre lo mal que está todo aquí, uno acaba preguntándose si estamos viendo a un empresario triunfador o a un señor intentando convencerse de que ha tomado la decisión correcta.

Y, por favor, que alguien le explique que emigrar no te convierte automáticamente en empresario internacional.

Puedes mudarte a El Salvador, a Portugal, a Tailandia o a la mismísima Luna. Si no tienes un negocio viable, no hay biblioteca moderna, carretera asfaltada ni presidente carismático que te solucione las cuentas.

Cambiar de país no es un modelo de negocio. Y tener un canal de YouTube no equivale a tener una empresa de éxito.

Aunque reconozco que Eloy tiene una habilidad extraordinaria: ha conseguido convertir una mudanza en una saga empresarial, una búsqueda de terrenos en una clase magistral y la compra de una parcela en una oportunidad para vender asesoramiento.

¡Este hombre no fabrica sueños, fabrica embudos de ventas!

Primero te cuenta que España te persigue. Después te enseña el paraíso salvadoreño. A continuación, te explica que tú también puedes empezar de cero. Y finalmente te recuerda que tiene contactos y puede acompañarte en el proceso.

¡Si eso no es marketing, que venga Bukele y lo vea!

Solo le falta terminar el siguiente vídeo diciendo:

«Amigo, si estás cansado de pagar impuestos, si tu ayuntamiento no te deja construir el búnker de tus sueños y si sientes que el sistema te está robando la ilusión, tengo algo para ti. Haz clic en el enlace, reserva tu sesión y descubre cómo comprar una parcela en El Salvador sin morir en el intento».

JAJAJAJAJAJAJA.

Eloy, mucha suerte en tu nueva aventura, de verdad. Pero recuerda que la prueba definitiva de un emprendedor no es lo bonito que cuenta su historia, ni cuántos likes consigue, ni lo mal que habla del país del que se ha marchado.

La prueba definitiva es que el proyecto funcione, que los números cuadren y que puedas vivir de él sin necesidad de convertir cada contratiempo en una conspiración contra tu persona.

Y, sobre todo, si has encontrado la fórmula para triunfar en El Salvador, no tardes demasiado en explicárnosla.

Que, viendo lo que cuesta pagar la cuota de autónomos en España, igual el próximo éxodo no va a ser de cerebros.

Va a ser de gente que ha descubierto que sale más barato cambiar de continente que cambiar de asesoría.

JAJAJAJAJAJAJA.
 
Lo de este creador de contenido que se ha marchado a El Salvador porque en España, al parecer, no podía cumplir sus sueños empresariales empieza a tener una pinta curiosa. Tenemos otro episodio de Fabrica tu Sueño, la serie en la que un señor coge sus bártulos, se va a la otra punta del mundo y pretende que su decisión personal se convierta en una epopeya que el resto de la humanidad tiene que seguir con lágrimas en los ojos.

Que en España hay empresas que venden casas contenedor, criatura. Que no has descubierto la rueda, el fuego ni la arquitectura extraterrestre. Hay empresas que llevan años trabajando con casas prefabricadas, módulos habitables y construcciones industriales. Tienen proveedores, presupuestos, clientes y trabajadores. Y, fíjate tú qué misterio, no necesitan emigrar a El Salvador para vender sus productos.

Pero claro, esas empresas tienen una pequeña costumbre que parece que a algunos creadores de contenido les produce urticaria: trabajar de verdad, atender clientes, asumir gastos y mantener una actividad económica más allá de encender una cámara y contar su vida en Internet.

Porque esa es la cuestión que me llama la atención de toda esta historia. ¿El objetivo era montar un negocio de casas contenedor o convertir la aventura personal en un negocio de YouTube? Porque son dos cosas bastante distintas, aunque el protagonista intente presentarlas como si fueran inseparables.

Una cosa es ser empresario y otra es pasarte el día explicando a la audiencia lo mal que te ha tratado España, lo estupendamente que se vive en el extranjero y las oportunidades que has encontrado en tu nuevo destino. El primer modelo exige clientes, números y resultados. El segundo depende de que la gente siga teniendo ganas de escuchar tus aventuras.

Y ahí está el peligro: que la audiencia se canse.

Porque cada vez hay más gente que parece haber descubierto la misma gallina de los cigot de oro: dejo mi trabajo, me compro una furgoneta o una caravana, me voy a vivir al campo o a otro país, pongo una cámara delante de mi cara y convierto cada desayuno, cada paseo y cada visita al supermercado en contenido audiovisual. Si me va bien, soy un emprendedor visionario. Si me va mal, soy una víctima del sistema. Y si no tengo ingresos suficientes, siempre puedo grabar un vídeo explicando cómo voy a reinventarme.

Menudo invento.

El problema es que la audiencia no tiene la obligación de financiarte la vida eternamente. La gente puede seguirte durante unos meses por curiosidad, ver tus aventuras y escuchar tus historias, pero un día se cansa. Se suscribe a otro canal, descubre a otro personaje o, sencillamente, decide que no quiere dedicar media tarde a contemplar cómo un señor visita parcelas y explica por qué su nueva vida va a ser maravillosa.

Y cuando las visualizaciones bajan, los ingresos pueden bajar con ellas. YouTube no es una pensión vitalicia, ni un sueldo garantizado, ni una máquina que fabrica billetes cada vez que alguien pronuncia las palabras «libertad financiera», «emprendimiento» y «nueva vida».

Lo curioso es que muchos de estos personajes se marchan convencidos de que han encontrado una especie de paraíso empresarial en el que todo va a salir rodado. Se imaginan que basta con llegar, grabar cuatro vídeos, enseñar una parcela y hablar de oportunidades para que empiece a llover dinero. Como si el universo estuviese esperando su llegada con una transferencia bancaria preparada.

Baja de la nube, campeón. Que las facturas no se pagan con miniaturas de YouTube y que los sueños empresariales no cotizan en el supermercado.

Y, sinceramente, creo que este hombre habría estado mejor en España, en su parcela, buscando una alternativa razonable antes de coger el petate y marcharse tan lejos. Si la ubicación, los vecinos, la normativa o las características de una finca no le convencían, podía haber buscado otra. España es bastante grande y hay terrenos de todo tipo. No existe una única parcela en todo el territorio nacional, custodiada por un dragón, que sea la última oportunidad para construir una casa contenedor.

Podía haber estudiado otras ubicaciones, comparar precios, consultar a profesionales y valorar qué negocio podía montar con los recursos que tenía. Pero no: parece que la solución tenía que ser una mudanza internacional, con su correspondiente relato de persecución, su capítulo de despedida y su nueva temporada en el extranjero.

Porque marcharse a otro país no convierte automáticamente una mala decisión empresarial en una buena. Cambias de paisaje, de legislación, de proveedores y de problemas. Los problemas no desaparecen por cruzar una frontera; algunos simplemente cambian de idioma.

Y aquí viene la parte más divertida: El Salvador no es una máquina expendedora de oportunidades que te entrega dinero cuando introduces una moneda llamada «emprendedor español».

Que un país tenga oportunidades no significa que cualquier negocio vaya a funcionar allí. Hay que conocer el mercado, entender la normativa, conseguir clientes, calcular los costes y demostrar que lo que vendes tiene demanda. Y eso no se resuelve grabando un vídeo con cara de haber descubierto el secreto del capitalismo.

Además, una cosa es que ahora esté contento con su nueva vida y otra muy distinta es que esa vida resulte rentable a largo plazo. Ojalá le vaya bien, porque tampoco hace falta desearle una desgracia a nadie. Pero entre estar feliz durante los primeros meses y conseguir que un negocio sea sostenible hay una diferencia considerable.

Ya veremos qué ocurre cuando desaparezca la novedad, cuando haya que pagar los gastos todos los meses y cuando el contenido deje de generar la misma curiosidad. Porque el entusiasmo inicial es gratis; mantener una actividad económica durante años es otra historia.

Y yo me pregunto qué pasará cuando empiece a mosquearse de verdad con alguna cuestión del país, cuando una gestión se complique o cuando una expectativa no se cumpla. ¿Seguirá contando maravillas de todo o empezará a grabar vídeos explicando que aquello tampoco era exactamente como se lo habían vendido?

Porque, de momento, el relato parece muy sencillo: España es el desastre, marcharse era inevitable y El Salvador es el escenario de una nueva vida llena de posibilidades. Pero la realidad suele tener la mala costumbre de estropear los relatos demasiado perfectos.

Y aquí entra mi apuesta humorística: como algún día empiece a criticar cosas de El Salvador con la misma intensidad con la que critica España, a ver cuánto tarda en descubrir que ningún país es un decorado diseñado para que un youtuber pueda grabar cómodamente su historia de superación.

Que no se confíe nadie: los países tienen sus propias leyes, sus instituciones y sus problemas. No son parques temáticos donde uno llega, pone una cámara y se convierte automáticamente en el protagonista. Y, por supuesto, no hay ninguna base para afirmar que Bukele vaya a mandarlo a prisión por criticar el país. Pero, como argumento para el próximo capítulo de esta tragicomedia, me imagino perfectamente el título: «Vine buscando libertad y descubrí que emigrar no era lo mismo que vivir en un anuncio turístico».

Eso sí que daría visualizaciones.

Aunque, puestos a imaginar una secuela, podría llamarse El creador contra la realidad: segunda temporada. En el primer episodio, el protagonista descubre que las parcelas tienen problemas de acceso. En el segundo, que comprar terrenos requiere revisar documentación. En el tercero, que las empresas tienen gastos. En el cuarto, que los clientes no aparecen por generación espontánea. Y en el quinto, que las visualizaciones no pagan todas las facturas.

Una serie educativa de cinco temporadas y un máster en darse cuenta de las cosas tarde.

Y hablando de trabajar, este hombre está en edad de seguir poniendo copas, trabajando en hostelería o buscándose un empleo mientras desarrolla su proyecto empresarial. Que no hay ninguna deshonra en trabajar poniendo copas, sirviendo mesas, descargando mercancía o haciendo cualquier otro trabajo honrado. Al contrario: es bastante más digno ganarse el sueldo trabajando que pasarse la vida esperando que los demás financien tu aventura personal.

Lo que me llama la atención es esa actitud que a veces se ve en determinados creadores: parece que cualquier trabajo convencional estuviera por debajo de ellos, como si fichar, cumplir un horario y cobrar una nómina fuese una humillación reservada para los demás. Pero después resulta que quieren vivir de las aportaciones de su audiencia, de la publicidad, de los patrocinios o de vender asesorías.

Ah, amigo. Entonces trabajar sí, pero a ser posible sin jefe, sin horario, sin tener que dar explicaciones y con la cámara encendida para que el público contemple tu maravillosa libertad.

Pues no funciona así, campeón. Ser autónomo también significa pagar gastos, cumplir obligaciones y asumir riesgos. Y ser creador de contenido también significa aceptar que la audiencia puede dejar de verte mañana mismo.

Por eso me parece tan importante distinguir entre quien crea contenido como complemento de una actividad real y quien parece haber convertido su propia existencia en el producto principal que intenta vender. Porque llega un momento en el que ya no sabes si estás viendo un canal sobre casas contenedor o un anuncio interminable para convencerte de que la vida del protagonista es tan interesante que deberías seguir pagando atención por ella.

Y si encima empiezas a ofrecer asesoramiento para acompañar a otros a buscar terrenos, entonces ya tenemos el negocio completo: primero grabas tu experiencia, después la conviertes en contenido y finalmente intentas monetizarla ofreciendo tus conocimientos.

¿Que puede ser legítimo? Por supuesto. Pero entonces habrá que demostrar qué experiencia se tiene, qué valor aporta el servicio y por qué alguien debería pagar por él. No basta con haberse mudado a otro país y haber aprendido sobre la marcha. La experiencia personal puede ser útil, pero no convierte automáticamente a nadie en un experto infalible.

Porque, si llevas poco tiempo en un mercado, quizá lo sensato sea reconocer que todavía estás aprendiendo, en lugar de vender la aventura como si hubieras descubierto el manual secreto para triunfar en Centroamérica.

Y aquí es donde yo creo que se le ve el plumero. No porque sepamos cuánto gana ni cuáles son exactamente sus intenciones, sino porque todo ese relato de emigración, libertad y nuevas oportunidades encaja demasiado bien con la necesidad de mantener un canal activo y generar nuevas vías de ingresos.

Mi impresión es que el canal corre el riesgo de convertirse en el verdadero negocio, mientras que las casas contenedor y las parcelas funcionan como decorado y argumento comercial. Y si me equivoco, estupendo: que lo demuestre con resultados, clientes satisfechos y un proyecto que se sostenga por sí mismo.

Lo que no puede pretender es que la audiencia le deba fidelidad eterna por haber decidido cambiar de país. La gente no es una plantilla de empleados a su servicio ni una ONG dedicada a financiar las aventuras de un señor que quiere vivir de contar su vida.

Así que disfruta de El Salvador, de las parcelas, de las casas contenedor y de los vídeos mientras te funcione la fórmula. Pero no confundas tener espectadores con tener un negocio sólido, ni confíes en que el dinero va a llover del cielo porque hayas cambiado de código postal.

Porque el día que la gente se aburra, las visitas bajen y el canal deje de dar lo que esperabas, tendrás que enfrentarte a la misma realidad que el resto de los mortales: buscar clientes, trabajar, ajustar gastos y ganarte la vida.

Y si al final decides volver a España, tampoco sería el fin del mundo. Aquí seguirá habiendo hostelería, trabajos por hacer y parcelas que buscar. Podrás intentarlo de otra manera, elegir una ubicación distinta y empezar de nuevo sin necesidad de presentar la vuelta como una conspiración internacional contra tu proyecto empresarial.

Aunque me temo que, si las cosas se tuercen, el regreso vendrá acompañado de una nueva serie de vídeos: que si las oportunidades no eran tantas, que si el mercado no era como parecía, que si la gente no entendía su proyecto y que si todo el mundo le había engañado.

Y vuelta a empezar. Nueva temporada, nuevo escenario, misma cámara y otro discurso de reinvención.

Porque algunos no buscan tanto construir una empresa como encontrar un lugar desde el que seguir grabando quejas, vender esperanza y monetizar cada giro de su vida.

Y mientras tanto, los que trabajamos, pagamos nuestras facturas y nos levantamos para cumplir con nuestras obligaciones seguiremos viendo el espectáculo con unas palomitas.

Eso sí: que no se olvide de una cosa muy sencilla. El público puede apagar el vídeo, dejar de seguir el canal y marcharse a otra parte. Y entonces no habrá relato épico, casa contenedor ni paraíso tropical que sustituya a una fuente de ingresos estable.

Mucho sueño, mucha libertad y mucho emprendimiento, pero a ver si al final el único negocio que funciona es vender el sueño de que puedes vivir sin trabajar como los demás.
 
Lo de este tío es digno de estudio. Tenemos a Eloy, el aventurero internacional, el nómada de la libertad, el enemigo público número uno de España y futuro magnate de El Salvador. Un hombre que acaba de aterrizar en el país, lleva cinco o seis días allí y ya parece que ha venido a explicarle a toda Centroamérica cómo se tienen que hacer las cosas. ¡Dadle un micrófono, una cámara y un ventilador, que este hombre está preparado para refundar una nación!

Lo mejor es que va grabando absolutamente TODO. Si alquila una casa, te hace un reportaje. Si compra una televisión, reportaje. Si coloca un ventilador para que llegue el aire acondicionado, reportaje de investigación. Si Rocky muerde una bowling, tenemos material audiovisual para una trilogía. Si va al mecánico a mirar una pickup, seguro que acaba entrevistando al mecánico, al dueño del taller, al señor que pasa por la acera y al perro que está durmiendo en la puerta.

Este hombre no se muda de país: desplaza una productora audiovisual entera con un perro y un armario de calzoncillos.

Y encima dice que no se considera youtuber, que él solamente graba vídeos para que los demás aprendan. JAJAJAJA. Claro, campeón. Y yo no soy un consumidor de televisión: soy un investigador independiente de imágenes en movimiento. Tú no eres youtuber, eres un documentalista altruista que casualmente necesita que te suscriban más del 80 % de los espectadores, que le den al botón de me gusta y que comenten para hacer crecer el canal. ¡Qué casualidad que tu vocación educativa venga acompañada de una llamada a la acción cada tres minutos!

No eres youtuber, eres un misionero del algoritmo. Has cambiado el bocadillo por la cámara, pero sigues necesitando que alguien te dé de comer; en tu caso, que el algoritmo te sirva visitas.

Y lo de irse a El Salvador porque España no le ha permitido hacer grandes cosas es maravilloso. El tío se marcha convencido de que aquí no le dejan emprender, que ha sufrido acoso por intentar hacer cosas y que ahora, al otro lado del Atlántico, por fin va a poder desarrollar su enorme potencial. ¡Cuidado, Silicon Valley, que ha llegado Eloy con Rocky, una placa de YouTube y una reserva de seis meses!

Según cuenta, quiere hacer algo grande para la gente de El Salvador. Todavía no sabemos exactamente qué, pero tranquilidad, que lleva seis días y ya está preparando el lanzamiento de la temporada uno. Primero alquila la casa, después compra la pickup, luego monta el negocio, más tarde transforma el país y, para el final de la serie, lo mismo acaba asesorando al presidente sobre cómo colocar los ventiladores para optimizar la circulación del aire.

Lo que me fascina es esa mentalidad de pensar que, por tener una cámara y seguidores, el mundo tiene que abrirle las puertas. Parece que espera que cada persona con la que se cruza entienda inmediatamente que no está ante un español cualquiera, sino ante una personalidad digital cuya opinión debe ser escuchada con atención.

Imagino la escena en una inmobiliaria: entra Eloy, coloca el trípode sobre la mesa y anuncia que va a documentar el proceso de alquiler para que sus seguidores aprendan. El agente, que solamente quería enseñar una casa, de repente se encuentra participando en una producción de National Geographic titulada El español que descubrió el aire acondicionado.

—Buenos días, venía a alquilar una vivienda.

—Perfecto, aquí tiene las condiciones.

—Espere, que voy a grabar todo el proceso, explicar los requisitos, comentar las cosas que están mal diseñadas, analizar la cultura inmobiliaria local y comparar el sistema con España.

—Señor, solamente le he enseñado el baño.

—Precisamente. Aquí se aprecia una oportunidad de mejora.

JAJAJAJAJA. ¡Que alguien le quite el trípode antes de que convierta la visita al supermercado en una auditoría internacional!

Y ojo, que tampoco se conforma con alquilar una casa y vivir tranquilo. Tiene que analizar cómo están construidas las viviendas salvadoreñas. Entra en el baño y ya empieza con lo que habría hecho él: que si habría cortado aquí, que si habría puesto un mueble allá, que si la distribución no está bien pensada. Entra en una casa que no es suya, que acaba de alquilar, y empieza a ejercer de arquitecto, interiorista y consultor de reformas.

¡Pero si acabas de llegar, criatura! Todavía estás en la fase de averiguar dónde se tira la […] y ya estás diagnosticando los defectos del urbanismo nacional.

El momento del ventilador es impagable. Resulta que el aire acondicionado no llega bien al salón y el hombre ha tenido que colocar un ventilador estratégicamente para desplazar el aire fresco. Y no se limita a ponerlo y continuar con su vida. No. Hay que grabarlo, explicarlo, apagar la luz, mover el aparato, demostrar la trayectoria del aire y hacer una exposición sobre la eficiencia térmica de la vivienda.

¡La NASA buscando soluciones para sus instalaciones y Eloy acaba de resolver la circulación del aire con un ventilador de pie!

Tenemos delante al ingeniero aeroespacial del alquiler: un hombre que no necesita reformar la casa porque puede rediseñar el clima interior con un enchufe y una hélice. La próxima vez que el aire acondicionado no enfríe una habitación, en lugar de llamar al técnico, habrá que preguntarle a este señor cómo orientar el ventilador para crear una corriente de aire diplomáticamente aceptable.

Y mientras tanto, se permite pontificar sobre cómo se hacen las cosas en El Salvador. Que las viviendas se han construido deprisa, que faltan detalles, que esto se podría mejorar... A ver, Eloy, que estás alquilando una casa, no inspeccionando las obras de una central nuclear. Puedes señalar lo que no te gusta, faltaría más, pero esa forma de convertir cualquier detalle doméstico en una lección magistral sobre cómo debería organizarse el mundo tiene su gracia.

Lo mejor es que se va de España buscando libertad, pero parece que necesita una cámara permanentemente para sentirse protagonista de su propia existencia. No puede simplemente vivir una experiencia: tiene que producirla, narrarla, editarla y publicarla.

Se levanta por la mañana y no piensa: «Voy a desayunar».

Piensa: «Hoy vamos a mostrar a nuestra comunidad cómo se desayuna en el extranjero, cuáles son las oportunidades de mejora del desayuno local y qué conclusiones podemos extraer para quienes estén pensando en emigrar».

Se compra una escoba y publica un análisis de mercado.

Se le rompe una chancla y graba un especial de veinte minutos sobre la crisis del calzado en Centroamérica.

Rocky hace sus necesidades en el jardín y ya tenemos un documental sobre la gestión de residuos orgánicos en el extranjero.

¡Y pobre Rocky! El perro parece tener más protagonismo que muchos presentadores de televisión. Tiene habitación propia, transportín tuneado, banderitas de España y El Salvador, mantita, jardín y sesiones de bowling. El animal ha emigrado con más infraestructura que algunos seres humanos. Solo le falta una placa de YouTube, una cuenta de Instagram y un representante que negocie sus apariciones.

Eso sí, el dueño insiste en que no ha venido a aprovecharse de nadie. Perfecto, hombre, nadie te ha acusado de haber cometido ningún delito por emigrar. Puedes mudarte donde te dé la gana, buscar oportunidades y empezar una vida nueva. Pero cuando dedicas buena parte del vídeo a defenderte preventivamente de críticas que, según dices, proceden de muy poca gente, uno se pregunta por qué estás tan pendiente de demostrarle al público que tus intenciones son purísimas.

Si quieres empezar de cero, empieza de cero. No hace falta montar una rueda de prensa internacional para explicar que no huyes de España, que no te aprovechas de nadie, que has sufrido mucho, que tienes grandes planes y que ahora sí vas a poder hacer cosas importantes.

El que quiere vivir tranquilo suele intentar vivir tranquilo; el que quiere convertir su vida en contenido necesita explicar constantemente por qué su vida merece ser observada.

Y aquí viene mi parte favorita: la comparación entre España y El Salvador.

El hombre lleva unos días en el país y ya está encantado con determinadas cosas, especialmente con la facilidad que ha encontrado para alquilar y con las condiciones que le han ofrecido. Pues estupendo. Si está a gusto, ha encontrado una vivienda que le encaja y la gente lo ha recibido bien, me alegro por él. Pero de ahí a convertir cinco días de experiencia personal en una especie de informe definitivo sobre dos países hay un trecho.

Una cosa es decir «mi experiencia inicial ha sido buena» y otra es empezar a presentar el lugar de destino como la tierra prometida que por fin reconoce tu talento.

De momento, has alquilado una casa, has negociado el suplemento por Rocky, has comprado algunos muebles y estás mirando una pickup. No has reconstruido la economía salvadoreña, no has creado una industria tecnológica y no has descubierto una nueva fuente de energía. Has conseguido instalarte, que ya es bastante, pero tampoco hace falta que te reciban con una banda de música y una estatua en la plaza.

¡Que llevas menos tiempo allí que algunas plantas de interior en sobrevivir a un verano!

Y cuidado con eso de explicar las leyes de un país a partir de lo que te han contado. En el vídeo habla de los impagos de alquiler, de los juicios y hasta de posibles penas de prisión, mientras reconoce que no lo tiene claro al cien por cien y que se lo han explicado otras personas. Pues precisamente por eso convendría informarse bien antes de presentarlo como una característica del sistema. Que una cosa es contar tu experiencia como recién llegado y otra es convertirse en tertuliano jurídico internacional después de una conversación con alguien que conociste anteayer.

La cámara no convierte una opinión en una investigación. Un vídeo no transforma una impresión personal en una verdad universal. Y tener miles de seguidores no te concede automáticamente una cátedra de derecho comparado.

Pero claro, si haces un vídeo diciendo «llevo seis días aquí, he alquilado una casa y, de momento, todo ha ido bastante bien», te sale un vídeo normal. En cambio, si lo presentas como una guía imprescindible para que los españoles descubran cómo funciona la vida al otro lado del Atlántico, ya tienes el envoltorio perfecto para atraer visitas.

Y hablando de envoltorios: me hace gracia que asegure que quiere ayudar a los demás a aprender, pero al final de cada vídeo aparezca la petición de suscripción, el me gusta y el comentario. Que no tiene nada de malo monetizar contenido, faltaría más. El problema es venderse como un simple ciudadano altruista que graba por amor a la divulgación mientras organiza cada detalle de su nueva vida alrededor de la cámara.

No eres menos youtuber por decir que no te consideras youtuber, Eloy. Si grabas vídeos, los publicas, buscas suscriptores y quieres que el canal crezca, estás haciendo exactamente eso. No hace falta avergonzarse de la etiqueta. Lo que resulta cómico es querer los beneficios de ser creador de contenido sin reconocer que estás construyendo una marca personal.

Y lo de haber negociado el alquiler pagando seis meses por adelantado para que le retiren el suplemento mensual del perro también tiene su miga. Es una negociación perfectamente legítima, pero después de escuchar el discurso épico sobre la libertad, el emprendimiento y la gran aventura, acabamos descubriendo que una parte importante de la hazaña consiste en conseguir que te rebajen cuarenta dólares por tener a Rocky.

¡El desembarco empresarial del siglo! ¡La conquista de Centroamérica empieza ahorrando en el alquiler canino!

Napoleón tenía sus campañas militares; Eloy tiene Marketplace, una inmobiliaria y un ventilador. Cada época tiene sus héroes.

Y no me olvido de la pickup. Ya está mirando una gracias, según cuenta, a las oportunidades que le han surgido por los vídeos anteriores. Pues ahí está precisamente la cuestión: el contenido puede abrir puertas, generar contactos y facilitar negocios. Eso es perfectamente normal. Pero entonces no hace falta fingir que uno es únicamente un ciudadano desinteresado que documenta su experiencia para que los demás aprendan.

Si el canal es una herramienta para desarrollar proyectos, estupendo. Si quieres emprender, emprende. Si quieres ganar dinero con tus vídeos, hazlo. Pero no hace falta envolver cada paso en una epopeya sobre cómo España no te dejó desplegar tus alas y El Salvador te ha reconocido antes incluso de que hayas terminado de colocar los muebles.

Porque, sinceramente, la impresión que transmite es la de alguien que necesita que cada etapa de su vida tenga una épica descomunal. No se muda: inicia una nueva era. No alquila: conquista una oportunidad. No compra un coche: pone en marcha una operación empresarial. No graba su día a día: crea material educativo para la comunidad.

Y mientras tanto, el espectador está viendo a un señor enseñando una casa alquilada, señalando el armario, explicando dónde duerme el perro y moviendo un ventilador para que el aire llegue al salón.

¡Menos mal que no ha comprado una tostadora! Nos habría preparado una masterclass sobre la independencia energética del desayuno.

En fin, Eloy, te deseo suerte de verdad en tu nueva etapa. Ojalá te vaya bien, encuentres oportunidades y consigas los proyectos que buscas. Pero intenta recordar que emigrar no te convierte automáticamente en un visionario, que llevar una cámara no te transforma en un periodista y que tener una comunidad de seguidores no significa que cada decisión cotidiana deba convertirse en una lección para la humanidad.

Vive un poco, hombre. Sal a la calle sin narrar cada paso. Tómate un café sin analizar el mercado de la hostelería. Compra una mesa sin hacer un estudio sobre el mobiliario local. Deja que Rocky juegue con su bowling sin convertirlo en el protagonista de una serie documental de ocho temporadas.

Y, sobre todo, dale tiempo al tiempo. Que todavía estás conociendo el barrio y ya parece que has venido a explicarles a los demás cómo deberían organizar sus casas, sus leyes, sus negocios y sus países.

Porque una cosa es empezar una nueva vida en El Salvador y otra muy distinta es llegar con una cámara y comportarse como si te hubieran nombrado ministro de Emprendimiento, Turismo y Ventiladores.

¡Ánimo, Eloy! Que el sueño acaba de empezar. Y, por favor, cuando te den la residencia, grábalo todo: la cola, los papeles, el bolígrafo, la silla de la sala de espera y la expresión del funcionario cuando vea entrar al hombre que lleva seis días en el país y ya está preparando el documental definitivo sobre cómo funciona El Salvador.

Eso sí: cuando termines de grabar, acuérdate de apagar la cámara y vivir un rato. Que no todo en esta vida tiene que convertirse en contenido.

Y Rocky, por favor, vigila el ventilador. A este paso, tu dueño va a terminar entrevistándolo para preguntarle qué oportunidades de negocio ha detectado en el mercado salvadoreño.
 
Señores, recuperen este vídeo de hace tres meses, que aquí tenemos los antecedentes del desembarco empresarial de Eloy en El Salvador. Porque una cosa es ver sus vídeos actuales, en los que parece que ha llegado a Centroamérica para refundar la civilización, y otra muy distinta descubrir cómo empezó la película. Y lo mejor es que el propio protagonista nos dejó grabadas todas las pruebas de su particular epopeya.

El título ya es llamativo: «Tercer intento de fugarme de España». Y acto seguido, el hombre se corrige: «Es broma, ¿o no?».

Pero aclárate, criatura. ¿Estás emigrando, emprendiendo, buscando oportunidades o protagonizando una fuga internacional con Rocky como cómplice y una cámara como único testigo?

Lo tuyo no es una mudanza, es una saga cinematográfica. Eloy contra España: el regreso del contenedor. Después vino Eloy II: el accidente de moto y las señales del universo. Y ahora tenemos Eloy III: el salvadoreño accidental. Una producción de bajo presupuesto en la que el protagonista cambia de país cada vez que el argumento se le complica, pero nunca deja de grabar.

Lo mejor es que el propio Eloy reconoce que lleva cinco años con su emprendimiento de convertir contenedores en posibles refugios para personas que, como él, tenían pocas posibilidades de conseguir una vida convencional.

¡Cinco años, señores! Cinco años de contenedores, proyectos, experimentos y búsqueda de alternativas. Y después de todo ese recorrido, el hombre llega a la conclusión de que quizá el siguiente paso para desarrollar su carrera sea plantarse en El Salvador, Colombia o Venezuela a ver qué pasa.

Esto es lo que yo llamo planificación estratégica: primero eliges tres países, luego compras el billete y después ya, si eso, averiguas qué negocio vas a montar.

Los departamentos de expansión internacional de las multinacionales deben de estar temblando. Ellos se pasan meses estudiando mercados, riesgos, legislación, costes, clientes y viabilidad. Eloy se levanta una mañana, habla con un amigo de Tenerife y dice: «¿Y si nos vamos a El Salvador?».

McKinsey acaba de perder el contrato del siglo.

Y ojo, porque no se marcha simplemente a conocer el país. No, señor. El objetivo es abrir una empresa de construcción y reformas en 24 horas. ¡En 24 horas! Hay gente que tarda más en decidir qué lavadora compra, pero Eloy se presenta en otro país y quiere levantar una empresa en lo que los demás tardamos en preparar la comida.

El hombre llega, se va al registro, hace fotocopias, pide antecedentes penales, le toman las huellas y, después de unas doce horas de trámites, anuncia que la empresa está prácticamente encarrilada y que todo le ha ansioso por menos de mil dólares, según sus propias cuentas.

Y mientras tanto, todavía está intentando averiguar qué documentación necesita, qué costes adicionales existen y cómo funciona la legislación local.

Esto es la ingeniería financiera del buscavidas en estado puro. Primero montamos la empresa; luego descubrimos qué hace falta para mantenerla; después averiguamos si podemos liquidar los proyectos y, si algo sale mal, siempre podemos grabar un vídeo explicando que el sistema no nos ha dejado emprender.

Que nadie me malinterprete: emprender en otro país puede ser una aventura perfectamente legítima y montar una empresa en poco tiempo no demuestra por sí solo que el negocio vaya a salir mal. El problema es vender cada trámite como si fuera una hazaña empresarial extraordinaria cuando todavía estás en la fase de averiguar cómo funciona el mercado.

Porque una cosa es conseguir constituir una sociedad y otra muy distinta conseguir clientes, liquidar obras rentables, cumplir la normativa, pagar los gastos y ganar dinero de manera sostenida. La primera es el comienzo de la historia; la segunda es donde empieza el trabajo de verdad.

Pero Eloy parece encantado con la primera parte. La burocracia superada, el emprendedor liberado y el algoritmo preparado para recibir su siguiente entrega.

Y entonces llega la escena de los terrenos.

El hombre se encuentra ante una finca enorme, señala los árboles, mira hacia un barranco, descubre una explanada y empieza a imaginar proyectos de agroturismo, ecoturismo, cabañas y todo tipo de negocios.

Pero si hace cinco minutos estabas intentando averiguar cómo se registraba una empresa.

Todavía no conoces bien las leyes, no tienes claro si vas a instalarte definitivamente en el país, no sabes qué terreno comprar ni qué proyecto vas a desarrollar, pero ya estás diseñando mentalmente un complejo turístico entre árboles y barrancos.

Eso no es tener visión empresarial: es tener una imaginación con conexión de fibra óptica.

El terreno aparece en el horizonte y a Eloy ya le salen las cabañas, los turistas, las reformas, las oportunidades y probablemente hasta el vídeo de presentación del complejo. Solo falta lo más insignificante: estudiar la viabilidad, comprobar la titularidad y las cargas, conocer las restricciones urbanísticas y ambientales, calcular la inversión, conseguir financiación, obtener los permisos y encontrar clientes.

Cuatro detalles sin importancia para el departamento de fantasía empresarial.

Y lo más llamativo es que él mismo reconoce que allí hay muchísimo por hacer y que el trabajo va a ser enorme. Es decir, ve una finca con posibilidades, pero también reconoce que está todo por desarrollar.

Pues precisamente por eso hay que ir con calma, hombre. Que una parcela sea grande y bonita no significa que sea un negocio rentable. Un barranco precioso puede quedar estupendo en las imágenes del dron, pero a final de mes no paga las facturas.

Aunque, bien pensado, en este caso el dron casi sobra: con una cámara, música épica y Eloy señalando el horizonte ya tenemos el documental completo.

«Aquí vamos a construir algo grande».

¿El qué?

«Todavía no lo sé, pero va a ser grande».

Y luego está la historia de los contenedores. Según cuenta, durante años ha enseñado a la gente distintas formas de hacer cosas por sí misma, y asegura que sus espectadores han podido aprender de sus errores para hacerlo mejor y más rápido que él. Eso, en principio, es una buena forma de compartir experiencias. Si alguien aprende algo útil de sus proyectos, estupendo.

Pero después aparece la frase de que en España, por buscarte la vida, te tratan como si fueras un narcotraficante o un extremista violento.

Hombre, Eloy, tampoco nos pongamos dramáticos.

Una cosa es haber tenido problemas con un proyecto, encontrarte con trabas administrativas o considerar que una normativa es absurda. Otra es comparar la situación con el trato que recibiría un narcotraficante o un extremista violento. Que estabas intentando desarrollar proyectos de construcción, no organizar una operación clandestina para introducir tres toneladas de sustancia ilegal en un contenedor marítimo.

¿De verdad no había una manera un poquito menos peliculera de explicar que estabas harto de las dificultades?

Parece que no puedas contar una experiencia sin añadirle una banda sonora de persecución policial. Tú dices «me han puesto problemas administrativos» y el espectador se imagina a Eloy entrando en una nave industrial mientras un helicóptero de la Guardia Civil sobrevuela el contenedor.

Solo falta que en el siguiente vídeo aparezca en blanco y […], con voz grave, diciendo: «Durante años intenté construir mi sueño, pero el sistema tenía otros planes».

Y aquí es donde el relato empieza a resultar especialmente curioso.

En este vídeo, grabado antes de mudarse, Eloy dice que no sabe si El Salvador será su lugar definitivo. Habla de Colombia y Venezuela como alternativas, explica que ha descartado Bali por Rocky y que Jovenlandia se quedó atrás después de un accidente de moto que interpretó como una señal del universo.

Las señales del universo, el departamento de selección de destinos de Eloy.

Imagino a los países presentándose a la entrevista:

—Bali, ¿qué puedes ofrecerle a nuestro candidato?

—Un clima que le gusta, oportunidades y una experiencia que le encantó.

—¿Motivo de descarte?

—Rocky.

—Jovenlandia, ¿y tú?

—Pues hubo un accidente de moto y decidió que era una señal.

—El Salvador, ¿qué méritos aportas?

—Me ha dicho un amigo que podemos ir a montar una empresa de reformas.

—¡Contratado! Empieza el lunes.

No hay estudio de mercado que pueda competir con este sistema de selección. Las multinacionales utilizan análisis de riesgos; Eloy consulta al universo, a un amigo de Tenerife y al perro.

Y lo mejor es que, en este mismo vídeo, insiste en que no está huyendo de España. Lo repite de distintas maneras: que no quiere escapar, que busca oportunidades, que España es un buen país, que le encanta y que no descarta volver.

Pero si has titulado el vídeo «tercer intento de fugarme de España».

¿En qué quedamos, maestro? ¿Fuga, mudanza, aventura, búsqueda de oportunidades o gira internacional de contenedores?

Naturalmente, cada uno puede cambiar de opinión. Puedes querer marcharte, después arrepentirte, regresar y volver a intentarlo. No hay nada malo en eso. Lo divertido es la solemnidad con la que se presenta cada cambio como el comienzo de una nueva etapa histórica.

Hoy España no te permite desplegar las alas; mañana España es un país estupendo; pasado mañana estás en El Salvador montando una empresa; y al siguiente vídeo quizá estés explicándonos las ventajas de Colombia.

El único que permanece inmutable a través de todas las fronteras es el trípode.

Ese sí que tiene estabilidad laboral.

Y hay otro detalle que me parece fundamental: en el vídeo, el propio Eloy admite que todavía no conoce las leyes del país y que, por eso, de momento prefiere centrarse en reformas antes que lanzarse a determinadas construcciones.

Eso, al menos, es reconocer una limitación razonable. Pero entonces, ¿por qué todo tiene que presentarse con semejante épica? Si estás empezando, estás empezando. Si estás investigando un mercado, estás investigando un mercado. Si todavía no sabes si te vas a quedar, no tienes por qué vender la aventura como el preludio de un imperio empresarial.

No pasa nada por decir: «Me voy unos días, voy a investigar, hablar con gente, ver terrenos y estudiar si puedo montar un negocio».

Eso sería sensato, honesto y perfectamente comprensible.

Pero no tiene el mismo gancho que anunciar que vas a abrir una empresa en 24 horas, encontrar terrenos para proyectos turísticos y construir un futuro alternativo al que España supuestamente te ha impedido acceder.

El contenido necesita emoción, y Eloy parece haber descubierto que una vida normal no genera tantas visitas como una vida narrada permanentemente como una lucha contra el sistema.

Por eso cualquier trámite se convierte en una aventura, cualquier terreno en una oportunidad histórica y cualquier cambio de planes en una señal del universo.

Y por eso también me hace gracia que solicite constantemente apoyo, comentarios, opiniones, likes y suscripciones mientras insiste en que está compartiendo su experiencia para ayudar a los demás.

No hay ningún problema en pedir apoyo a quienes te siguen. Lo que resulta cómico es esa mezcla de emprendedor incomprendido, aventurero perseguido, divulgador altruista y futuro magnate internacional que parece necesitar que cada decisión suya sea recibida como un acontecimiento.

No quiere ser un youtuber, pero organiza su vida como si cada minuto fuera una escena de una serie que necesita renovar audiencia.

Y aquí es donde el vídeo de hace tres meses encaja perfectamente con el Eloy que hemos visto después en El Salvador.

Primero, la gran decisión: marcharse de España.

Después, la aventura: llegar a un país que apenas conoce.

A continuación, el negocio: abrir una empresa en tiempo récord.

Luego, los terrenos: visualizar proyectos de construcción y turismo.

Más tarde, el alquiler, la casa, el ventilador, la pickup y cada pequeño detalle de su nueva vida, convenientemente documentados para el público.

Y en paralelo, el mensaje recurrente: España no me ha permitido hacer lo que quería, pero aquí quizá pueda desarrollar mi potencial.

Qué casualidad que la historia siempre tenga un protagonista incomprendido y un nuevo escenario dispuesto a ofrecerle la oportunidad que supuestamente le negaron en el anterior.

Eso sí, todavía no sabemos si el negocio acabará siendo un éxito, si los proyectos llegarán a materializarse o si dentro de unos meses habrá que buscar otro país. No sería justo afirmar que va a fracasar, porque eso solo lo dirán los resultados. Pero sí podemos señalar la distancia que hay entre anunciar grandes planes y demostrar que funcionan.

Porque los negocios no se sostienen con títulos de YouTube. Se sostienen con clientes, trabajo bien hecho, costes controlados, cumplimiento de las normas y resultados.

Y los terrenos no se compran con entusiasmo. Se compran comprobando quién es el propietario, qué cargas tienen, qué se puede construir y cuánto cuesta convertir una idea en una actividad rentable.

La cámara puede documentar todo ese proceso, pero no sustituye al trabajo.

Y el algoritmo puede premiar una buena historia, pero no garantiza que el negocio que aparece en ella sea viable.

Así que, querido Eloy, te deseo suerte en tus proyectos, de verdad. Pero, por favor, deja de presentar cada traslado como si estuvieras protagonizando la fuga del siglo y cada trámite como si acabaras de conquistar un continente.

Has tenido ideas, has experimentado, has compartido tus errores y ahora quieres probar suerte en otro país. Perfecto. Eso es suficiente. No necesitas convertirlo en una guerra épica entre tú y España.

Porque, visto desde fuera, la escena es bastante menos cinematográfica de lo que parece: un hombre que lleva años probando proyectos, que quiere emprender en otro lugar, que viaja con un amigo, que hace unos trámites, que visita unos terrenos y que todavía no tiene del todo claro dónde acabará instalándose.

Todo perfectamente normal.

Lo extraordinario es el envoltorio.

Eloy no se muda: protagoniza una epopeya. No investiga un negocio: descubre oportunidades históricas. No cambia de planes: recibe señales del universo. Y no graba su vida: produce la saga audiovisual del buscavidas incomprendido.

¡Tercer intento de fugarte de España, dices!

A este paso no vas a necesitar una empresa de reformas, sino una productora cinematográfica especializada en documentar tus propios cambios de opinión.

Y el día que por fin encuentres el lugar definitivo, te aconsejo que no lo anuncies demasiado pronto. No vaya a ser que el universo te mande una señal, Rocky muerda una bowling en dirección contraria o el ventilador del salón empiece a girar hacia Colombia.

Entonces sí que tendríamos que preparar la cuarta temporada.

«Eloy: ahora sí que sí. El destino definitivo, el negocio definitivo y la última oportunidad para cumplir el sueño».

Estreno próximamente. Suscríbete, deja tu like y activa la campanita, que el periplo empresarial continúa.
 

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