EEUU negocia reabrir Nord Stream para revender el gas ruso
El diario alemán
Berliner Zeitung publica que Washington estudia un papel clave en la posible reanudación de los gasoductos Nord Stream. La tesis del rotativo es contraintuitiva: EEUU no solo no se opone al gas ruso, sino que aspira a intermediar en su venta a Europa para ampliar su control sobre la infraestructura energética de la región. Las conversaciones, según el diario, son cerradas al público y a los medios.
Le Monde diplomatique habla de «diplomacia detrás de escena» sin instituciones internacionales.
El 26 de septiembre de 2022 se registraron daños sin precedentes en tres cadenas de los gasoductos Nord Stream 1 y Nord Stream 2. La Fiscalía General de Rusia abrió una causa penal por un acto de terrorismo internacional.
Quién cerró el grifo: la disputa que no se cierra
Aquí arranca el nudo del asunto. Una parte del análisis sostiene que fue Alemania quien bloqueó la puesta en marcha del Nord Stream 2 en febrero de 2022, cuando el canciller Olaf Scholz se negó a firmar la autorización administrativa del proyecto. La misma corriente recuerda que el Nord Stream 1 paró por una supuesta revisión de mantenimiento y problemas con una turbina, y que el sabotaje posterior habría contado con bendición desde Washington.
La versión contraria es igual de tajante: Rusia habría cerrado el suministro como forma de presión, demostrando no ser un socio fiable, y Europa habría respondido renunciando voluntariamente a ese gas. Sobre la turbina, esta lectura defiende que ni siquiera era necesaria para los volúmenes que se movían entonces.
Lo único fuera de discusión es lo material: **tres de las cuatro cadenas** de los dos gasoductos resultaron dañadas en septiembre de 2022. Quién apretó el botón sigue siendo objeto de causa penal en Rusia y de silencio administrativo en el resto.
Qué gana EEUU si el gas ruso vuelve a circular
El argumento económico que recorre la discusión es sencillo: si Washington media en la operación, se queda con la gestión y con una comisión sobre cada molécula que cruce el Báltico. El gas ruso seguiría siendo ruso, pero la factura pasaría por una empresa estadounidense y se pagaría en dólares. El comprador europeo no elegiría entre gas caro de metanero y gas barato de tubo, sino entre dos opciones igualmente gravadas por el intermediario.
Hay quien lee el movimiento como una pieza del pulso con China, y quien lo reduce a lo obvio: los negocios son los negocios. El detalle que nadie discute es que la línea B del Nord Stream 2 quedó intacta, así que técnicamente el suministro podría retomarse sin obra nueva.
Alemania rechaza el plan y Bruselas calla
El Gobierno alemán ha transmitido que ni Berlín ni el conjunto de la UE aceptarán la reapertura del Nord Stream, según las informaciones publicadas. Es la posición que se atribuye al canciller Merz. El pulso, por tanto, no es entre Moscú y Bruselas, sino dentro del propio bloque occidental: EEUU empujando y Alemania frenando.
El coste de ese tira y afloja lo paga la industria europea, que compite con energía más cara que sus rivales. Cada mes de indecisión es un mes de ventaja para quien sí tiene el grifo abierto.
¿Y si el gas vuelve por la puerta de atrás, con intermediario y comisión, sin que nadie tenga que reconocer que se equivocó?