Un gimnasio solo para musulmanas abre en Almoradí y desata el pulso legal
Un centro de fitness y pilates para mujeres islámicas se publicita en redes sociales en Almoradí (Alicante). El anuncio no dice en ningún momento que sea exclusivo para musulmanas, pero el público al que se dirige es evidente. La polémica está servida: mientras unos ven un nicho de mercado, otros denuncian discriminación por sexo y religión. La pregunta de fondo es si un negocio privado puede reservarse a un colectivo concreto.
¿Es legal un gimnasio solo para musulmanas?
La legalidad del modelo es el primer frente. Hay quien sostiene que es
ilegal por discriminación religiosa y que atenta contra principios básicos de un Estado de derecho. En contra pesa el argumento de que ya existen gimnasios solo para mujeres, como la cadena Curves, y que la ley no distingue entre unos y otros. La clave está en si el centro impide la entrada a mujeres no musulmanas o simplemente se dirige a ellas. El anuncio, según varios análisis, no lo especifica. Esa ambigüedad es la que permite que el negocio opere sin sanción por ahora.
El negocio: ¿rentable o inviable?
La rentabilidad del proyecto genera dudas. Un monitor de
gimnasio con años de experiencia lo tiene claro: el
90% de los clientes de un gimnasio son hombres, y las mujeres que van lo hacen para lucir el palmito y bailar en actividades dirigidas. En Barcelona, según su experiencia, los gimnasios solo para mujeres cerraron todos. Su conclusión es que es un modelo
totalmente inviable. Otros apuntan a que el negocio real es otro: lavar dinero. La teoría es que, una vez saturadas las fruterías, la red de blanqueo se amplía con gimnasios. No hay pruebas, solo sospechas.
El doble rasero: cristianos, hombres y el OPUS
La acusación de doble rasero recorre el debate. Si un gimnasio se anunciara como solo para cristianos, los medios arderían y la policía llegaría con sanciones. Si fuera solo para hombres, nadie lo publicitaría así por la cuenta que le trae. Hay quien recuerda que los espacios exclusivos para mujeres no generan polémica, mientras que uno para hombres sería inmediatamente señalado. La igualdad, se argumenta, se aplica de forma asimétrica. Y si el centro lo presentara una mujer del OPUS, las críticas serían inmediatas.
La integración y el gueto: dos relatos enfrentados
El debate deriva hacia la integración. Una parte sostiene que estos espacios fomentan la segregación y que luego se dirá que no se quiere integrar a los musulmanes. Otra parte defiende que si un colectivo quiere su propio espacio, es su derecho. La discusión se encona cuando se mencionan subvenciones: hay quien afirma que estos centros reciben dinero de Arabia Saudí para normalizar la segregación y desplazar la ventana de Overton. No hay datos que lo confirmen. Lo que sí es cierto es que el modelo genera rechazo en ambos extremos.
El futuro del centro: predicciones y precedentes
El precedente de una cafetería solo para mujeres en la que los hombres pagaban más y que cerró en menos de un año se cita como aviso. La predicción más repetida es que este gimnasio acabará igual: con ese mensaje, ni los hombres entrarán ni muchas mujeres tampoco. El nicho de mercado puede que ni exista ni se le espere. Mientras, el centro sigue publicitándose en redes sociales. La polémica, lejos de apagarse, se reaviva con cada nuevo cartel.
Al final, el dato que descoloca: en un país donde la esperanza de vida crece y la natalidad cae, un negocio que apuesta por la segregación por sexo y religión encuentra su hueco. O eso parece. El tiempo dirá si el experimento de Almoradí corre la misma suerte que la cafetería para mujeres o si, por el contrario, logra sobrevivir en un mercado que nadie había probado antes.