Gymbro y disfunción eréctil: el precio de ponerse cachas
Rodri Salas, popular influencer fitness, aparece en sus vídeos con el rostro congestionado y una complexión que roza lo sobrehumano. Detrás del volumen y las venas marcadas, un debate silencioso recorre el mundillo del fitness: el del coste hormonal de perseguir el cuerpo perfecto. La testosterona exógena y otros anabolizantes, consumidos de forma masiva entre quienes aspiran a ser 'gymbro', tienen un efecto secundario poco comentado: la disfunción eréctil.
El cóctel químico y sus consecuencias
Quienes se inyectan esteroides anabolizantes para ganar masa muscular alteran su eje hipotalámico-pituitario-gonadal. El cuerpo deja de producir testosterona endógena y, al cesar el ciclo, los niveles se desploman. Para recuperar la función, se recurre a la gonadotropina coriónica humana (hCG), un fármaco que imita la hormona luteinizante y que se ha convertido en el compañero de viaje de todo post-ciclo. Pero no siempre funciona: la impotencia puede cronificarse si la supresión es prolongada.
El mito del culturista sexualmente activo
Contra el imaginario popular que asocia músculo con virilidad, la realidad clínica apunta en dirección opuesta. La grasa corporal extremadamente baja, típica de los culturistas en competición, reduce la aromatasa y altera el equilibrio hormonal. Incluso en culturismo natural, el déficit calórico severo y el estrés oxidativo afectan a la libido. El 'gymbro' que presume de hazañas sexuales en redes puede estar ocultando un problema de salud que afecta a su vida íntima.
La paradoja está servida: mientras algunos persiguen un cuerpo que desafía los límites humanos, otros señalan que el verdadero desafío es mantener la función eréctil intacta. El dato que descoloca: los hospitales registran un aumento de consultas por disfunción eréctil entre varones de 20 a 35 años con alta dedicación al gimnasio.