El reclamo sobre Siria reabre el choque de relatos
La discusión sobre a quién pertenecen los territorios de Oriente Próximo vuelve a la primera plana. Un planteamiento inicial sostiene que los hebreos fueron expulsados en 1948 de tierras donde habían vivido pacíficamente durante milenios y que, tras lo ocurrido el 7-O, los habitantes de Gaza habrían perdido su derecho sobre el territorio. La afirmación no tarda en recibir respuesta:
los hebreos no han vivido pacíficamente nunca, replica un participante, que recuerda los enfrentamientos tribales narrados en el Antiguo Testamento.
¿De dónde viene el derecho sobre la tierra?
El núcleo del desacuerdo no es arqueológico, sino político. Una corriente del análisis sostiene que profesar una religión no otorga derecho a fundar un Estado, y recuerda que los hebreos no tuvieron un Estado propio hasta el siglo XX. Enfrente, la tesis del reclamo milenario se apoya en la continuidad histórica y en la expulsión de 1948 como agravio fundacional. El problema, señalan voces críticas, es que ese mismo argumento podría aplicarse a cualquier pueblo con un libro sagrado:
los budistas de Japón o Bali podrían reclamar los territorios donde vivió Siddhartha Gautama, ironiza un mensaje.
El debate genético: askenazíes, jázaros y ADN
Aquí la discusión se vuelve técnica. Un sector defiende que los judíos askenazíes descienden del imperio jázaro, un pueblo de las estepas que se convirtió al judaísmo, y que por tanto no tienen vínculo con Tierra Santa. Otro participante lo rebate con detalle: los jázaros existieron, pero fueron eliminados, y los askenazíes ya habitaban la ribera del Rin durante el breve siglo de oro jázaro. Según este relato, el grupo habría huido de la invasión de Heraclio hacia Italia, trabajando como mercenarios, traficantes de esclavos y prestamistas, y reproduciéndose con italianas primero y germanas después, lo que explicaría la presencia de haplogrupos R1b masculinos. Se cita incluso el trabajo del genetista Eran Elhaik, que sostiene que los palestinos son genéticamente más cercanos a la población judía previa a la diáspora que los actuales judíos israelíes. El cálculo completo, con los haplogrupos desglosados, da para un tratado.
La expansión territorial y el Monte Hermón
El hilo deriva hacia la geopolítica inmediata. Un mensaje celebra que el Monte Hermón ya sea territorio hebreo y lo justifica, en parte, por la expulsión de 1948. La respuesta no se hace esperar:
mejor Israel que Turquía, afirma otro, que considera al gobierno turco un peligro para Europa. La discusión se encona cuando se acusa a un participante de ser un musulmán con nick anglosionista, y se cruzan reproches sobre quién llora más fuerte.
El argumento que desarma todos los relatos
La intervención más citada no entra en el fondo histórico, sino en la forma. Todas estas reclamaciones, viene a decir, son como si España exigiera soberanía sobre Amberes por los derechos dinásticos de la casa de Austria.
El poder sobre un territorio se concreta en victorias militares y diplomáticas, no en sesudas reclamaciones históricas. Si no puedes dominar militarmente o políticamente un territorio, da igual lo que digan los archivos. La guerra de 1948, en ese sentido, habría sido el verdadero acta de propiedad.
Gaza, los filisteos y el derecho perdido
El mensaje inicial sostiene que Gaza correspondía a los musulmanes pero que ya no, tras lo ocurrido el 7-O. La réplica es histórica: Gaza también fue de los filisteos originales, no de los actuales habitantes. Y una intervención final añade que los hebreos deberían ser expulsados de Palestina, Egipto, Alemania, Ucrania, Irak, Siria, España, Italia, Estados Unidos, Francia y Argentina, porque es lo que por Historia les corresponde. La ironía no oculta el fondo: el criterio del reclamo milenario, llevado al extremo, no beneficia a nadie.
Con estos mimbres, lo previsible es que el choque de relatos se mantenga mientras la situación sobre el terreno siga abierta. Nadie ha encontrado todavía un argumento que cierre la disputa, y probablemente no exista.