El 'hombre drama' de Sevilla: el último 'emprendimiento' de la crisis
Lanzarse bajo un coche en el barrio de Nervión por 50 céntimos. No es un acto de desesperación aislado, sino la versión más extrema de una economía sumergida que se reinventa con cada recesión. Mientras el Ayuntamiento busca al individuo que finge atropellos para pedir limosna, la pregunta incómoda es qué ha quedado del Estado del bienestar cuando la pensión no contributiva no cubre ni un bocadillo.
Una importación con riesgos no cubiertos
La técnica del tirarse al coche no es original: viene de Rusia, donde el 'podvost' es casi una tradición desde los años 90. Allí, las dashcams son obligatorias para evitar juicios por fraude. En España, el copión no lleva EPI ni cámara: se juega la pelvis por unas monedas. El método probablemente llegó vía Rumanía o Bulgaria, donde ya tienen el guión rodado. El problema es que aquí la cultura del seguro y la prevención brilla por su ausencia, y la policía, según denuncian los vecinos, mira para otro lado.
De las dos mil pesetas al SUV
Hace dos décadas, en la Avenida Kansas City, un hombre pedía dos mil pesetas para llenar la moto de gasolina. Aquello era casi honesto: mendicidad con una excusa. Ahora, el mismo patrón se repite con atrezzo actualizado: el 'hombre drama' de Nervión se lanza bajo un SUV. La gasolina de antes, los 50 céntimos de hoy. La inflación devora el valor de la limosna, pero el riesgo sigue siendo el mismo. Lo que cambia es el cinismo: antes se pedía para algo tangible; ahora se simula un accidente.
El coste de la indiferencia
El caso no es aislado. Hace apenas unos días, una conductora sevillana atropelló a un hombre que se le puso debajo y lo arrastró varios kilómetros. La noticia no es que ocurra, sino que se normalice. Entre la desidia institucional y la falta de alternativas, la calle se convierte en un campo de minas para conductores y en un último recurso para los más vulnerables. Mientras, el Ayuntamiento anuncia que lo busca, pero la realidad es que ya forma parte del paisaje urbano.
La pregunta que nadie responde es cuándo veremos el primer 'hombre drama' con franquicia, o si la solución pasará por legalizar esta forma de economía sumergida con un impuesto municipal. De momento, el ingenio español sigue siendo un arma de doble filo.
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