El ADN sitúa a los askenazíes en Oriente Próximo
¿De dónde salen los judíos askenazíes? La respuesta corta, la que dan los estudios genéticos, apunta a Oriente Próximo y no a las estepas del mar Negro. La respuesta larga es un campo de batalla donde conviven la demografía, la teología y una buena dosis de propaganda. En España, el asunto tiene un capítulo propio: los chuetas de Mallorca, unas 20.000 personas, fueron reconocidos como judíos por el rabinato. Un detalle que descoloca a quien pensaba que esto iba de razas puras.
¿Son los judíos una religión o un pueblo?
El núcleo del desacuerdo está aquí. Una parte sostiene que el judaísmo es una fe a la que cualquiera puede convertirse, y que los judíos actuales son el resultado de muchas conversiones en Europa y el norte de África. Otra parte responde que la conversión sirve para poco: si no tienes madre judía, sigues siendo
goyim, y encima te habrían vendido una identidad que no te corresponde. La circuncisión, apuntan con retranca, es un billete de ida sin retorno.
Hay quien va más lejos y afirma que el pueblo judío es una invención moderna. Se citan tres libros de Shlomo Sand —
La invención del pueblo judío,
Así dejé de ser judío y
La invención de la tierra de Israel— como arsenal de esa tesis. Enfrente, la réplica es que el judaísmo es una comunidad etno-religiosa endogámica, y que la endogamia está documentada incluso entre los supuestos genios laicos: Freud se casó con una prima, Einstein también.
La hipótesis jázara y por qué la genética no la sostiene
El argumento más repetido en ciertos círculos es que los askenazíes descienden de los jázaros, un pueblo turco que se convirtió al judaísmo. Si eso fuera cierto, el sionismo sería una ideología fraudulenta: los antepasados de los askenazíes jamás habrían pisado Palestina. El problema es que la genética ha desacreditado esa hipótesis, según los estudios que se manejan en la discusión. Los askenazíes descienden de judíos de Palestina, con mezcla parcial centroeuropea y eslava, pero conservando rasgos semitas.
La discusión sobre el fenotipo se vuelve un poco esperpéntica. Se comparan caras de actores y se concluye que hay judíos guapos y judíos feos, como noruegos guapos y noruegos feos. Se cita a Harrison Ford, medio judío por vía materna, que salió a su padre; su hermano, en cambio, presenta un fenotipo más askenazí. La conclusión implícita es que el
cherry picking fotográfico no demuestra nada.
De Valerio Lazarov a Roy Cohn: el catálogo de nombres
El inventario de personajes es interminable. Valerio Lazarov Lessner, judío rumano, primer presidente de Tele-5, que entre 1968 y 1979 aprovechó la carta blanca en TVE para coreografiar todo tipo de números musicales. Lew Grade, nacido Louis Winogradsky, magnate de la televisión británica. Roy Cohn, abogado y mentor político de Donald Trump, en una cena de la logia B'nai B'rith en 1983. La lista funciona como argumento de autoridad por acumulación: si tantos nombres aparecen, algo habrá.
El problema lógico es evidente. Que un grupo tenga miembros prominentes no dice nada sobre el grupo entero. La misma lista se podría hacer con cualquier colectivo y el resultado sería igual de sospechoso.
Los chuetas de Mallorca y el negocio de la identidad
El caso español es el más concreto. Los chuetas, unos 20.000 en Baleares, descendientes de judíos conversos, han sido reconocidos plena y nuevamente como judíos por el rabinato. Para unos, esto demuestra que el judaísmo es una fe abierta. Para otros, demuestra lo contrario: que la pertenencia se decide por criterios étnicos y que la conversión sirve para bien poco.
En el lado práctico, se recuerda que ser judío de tercera o cuarta categoría tiene consecuencias. Si te conviertes y consigues la nacionalidad israelí, puedes acabar destinado dos años a los peores destinos del servicio militar. La conversión, vienen a decir, no te libra de ser carne de cañón.
Al final, la pregunta de si los judíos son idénticos a las caricaturas que se hacen de ellos se responde sola: ninguna caricatura resiste el contacto con 20.000 chuetas mallorquines, con un Harrison Ford que salió a su padre o con un Einstein casado con su prima. La realidad siempre es más aburrida que el estereotipo. Menos mal.