Los no vacunados no caen como se esperaba: la decepción de los pro-vacunas
Una persona relata que conoce a varios individuos que se han puesto siete dosis de la vacuna contra el COVID y siguen tan sanos. «Eso no es lo que me prometisteis», se lamenta. La frase resume un sentimiento que ha circulado en ciertos círculos: la expectativa de que los no vacunados pagarían un alto precio por su rechazo a la inmunización. Pero la realidad es tozuda: los no vacunados siguen vivos, y eso frustra a quienes esperaban una especie de justicia biológica.
Los datos de mortalidad que alimentan el debate
En la discusión se citan cifras de farmacovigilancia que comparan la mortalidad asociada a las vacunas COVID con las del calendario infantil tradicional. Según estos datos, las vacunas contra el coronavirus tendrían una tasa de 8 fallecidos por millón de dosis, frente a 0,5 por millón en las vacunas clásicas. En ancianos y personas con patologías previas, la cifra se eleva a 53 por millón. En España, eso supondría alrededor de 500 muertes atribuidas a la vacunación, aunque la Agencia Española del Medicamento insiste en que la temporalidad no implica causalidad.
Hay quien sostiene que la esperanza de vida no ha caído, sino que sigue aumentando, y que la mortalidad se ha concentrado en grupos concretos. Se propone incluso ir al cementerio y anotar las edades de defunción para verificar la manipulación de las estadísticas. Otros, en cambio, defienden que la vacuna fue un experimento a gran escala y que el negocio farmacéutico ha sido el gran beneficiado: contratos a dedo, cifras falseadas y comisiones que aún se están pagando.
El caso de India y la negativa de las farmacéuticas
La discusión también incluye la polémica sobre los ensayos en India. Según se relata, las autoridades indias habrían aceptado evaluar la eficacia de las vacunas de forma privada, pero las farmacéuticas se negaron, argumentando que ya habían dado su valoración. Este episodio alimenta la desconfianza hacia la industria y refuerza la idea de que la información no siempre fue transparente.
Mientras tanto, la esperanza de vida sigue subiendo, según las estadísticas oficiales, lo que desmonta la tesis del colapso demográfico. La decepción de quienes esperaban un castigo para los no vacunados se topa con la evidencia de que la mortalidad no se ha disparado. El debate, lejos de cerrarse, deja sobre la mesa preguntas incómodas sobre la gestión de la pandemia y los intereses económicos que la rodearon.