Andalucía: el plan BOCS enfrenta a toros, curas y bachillerato concertado
Un padre andaluz acaba de pagar el bachillerato de su hijo en un colegio concertado, y espera que la propuesta de BOCS –el programa de VOX en la comunidad– le ahorre el doble pago el año que viene. La medida, según el debate, plantea concertar también el bachillerato en centros que ya tienen concertadas las etapas obligatorias. Una suerte de extensión de la red concertada que, para sus defensores, permite elegir centro sin pagar dos veces; para sus críticos, es dinero público a una empresa privada sin control.
La discusión llega en un paquete más amplio: el punto 43 defiende los toros como reclamo turístico; el 111, reducir protección medioambiental y espacios protegidos; el 148, la ley Concordia y el «biba el rey». Un mix que algunos califican de «liberalismo de salón» y otros de «postureo electoral». Mientras, la izquierda reacciona con previsibilidad, según los partidarios de BOCS.
Las posturas están encontradas. Quienes apoyan la concertación del bachillerato sostienen que el coste por plaza es menor que el de la pública –argumento que no cuantifican– y que permite a las familias huir de institutos «violentos o adoctrinadores». Enfrente, se replica que los concertados no son ajenos a los problemas de disciplina ni a la ideología, y que muchos, regentados por la Iglesia, también «son woke». La sospecha de que VOX solo actúa en campaña planea sobre el debate, pero hay quien señala que en gobiernos autonómicos donde está el partido sí se siguen sus puntos.
El meollo económico sigue sin resolverse: ¿cuánto cuesta realmente una plaza concertada frente a una pública? El hilo lo deja en el aire. Con unos presupuestos autonómicos tensos, la decisión de extender el concierto al bachillerato podría tener implicaciones fiscales no menores. Y mientras, los toros y la ley Concordia actúan como banderas identitarias que movilizan a unas y otras bases.
La escena del padre que espera una rebaja autonómica ilustra el fondo: en un contexto de doble pago educativo, la promesa de BOCS suena a alivio para unos, a privatización encubierta para otros. El dato que incomoda es que ni siquiera hay cifras cerradas sobre si el concierto es más barato. Sin ellas, el debate sigue en el terreno de las trincheras ideológicas.