Ucrania dice haber derribado 6 Kinzhal: la factura del Patriot
Un misil que se vende como indetectable no debería caer seis veces en una sola noche. Kiev sostiene exactamente eso. En el ataque más violento sobre las ciudades ucranianas desde el arranque de la invasión, Rusia lanzó proyectiles desde tres direcciones —sur, norte y este— para saturar las defensas antiaéreas de la capital y destruir una de las baterías Patriot que la cubren. Ucrania asegura que abatió los
18 misiles y 9 drones. Rusia asegura que el objetivo era la batería y que la destruyó. Una fuente estadounidense apuntó que el sistema quedó
dañado, pero muy lejos de ser destruido. La discrepancia, en un ataque de este tipo, es la única parte que nadie discute.
El inventario del ataque, misil por misil
Según la Fuerza Aérea ucraniana, Rusia disparó
6 misiles Kinzhal desde 6 cazas MiG-31K, 9 misiles de crucero Kalibr desde el mar Negro, 3 misiles S-400 o Iskander-M y 6 drones Shahed o Geran-2. La prensa sumó tres drones de reconocimiento Orlan. En total, 18 misiles y 9 aparatos no tripulados, siempre según la versión de Kiev.
- 6 Kinzhal, lanzados desde cazas MiG-31K
- 9 Kalibr, lanzados desde el mar Negro
- 3 S-400 o Iskander-M
- 6 drones Shahed o Geran-2
Los restos aparecieron esa mañana en parques, marquesinas de autobús y aparcamientos. Algunos quemaron vehículos. No hubo que lamentar daños mayores, según el relato oficial ucraniano, que convirtió las aceras en un museo improvisado del arsenal ruso.
Dos relatos incompatibles para el mismo ataque
Ucrania vendió un éxito total: cero misiles en destino. Rusia vendió la operación contraria: la batería Patriot que custodia los cielos de Kiev habría sido alcanzada y destruida. El Ministerio de
Defensa ruso acumula a estas alturas un catálogo de anuncios —lanzaderas HIMARS supuestamente abatidas por encima de las entregadas, equipos occidentales destruidos antes de llegar al frente— que ha dinamitado su credibilidad y que, en este caso, no vino acompañado de ninguna prueba gráfica del blanco.
El punto medio lo puso una fuente estadounidense, que reconoció daños en el sistema Patriot. Dañado no es destruido. Y abatir seis misiles con una batería que después aparece tocada tampoco es el desastre que algunos titulares quisieron vender. Nadie ha mostrado, por ahora, ni el cráter ruso ni el certificado de defunción del Patriot.
¿Son hipersónicos los Kinzhal?
Aquí está el nudo técnico del asunto. La etiqueta «hipersónico» se aplica a todo lo que supere cinco veces la velocidad del sonido, y eso incluye misiles balísticos que vuelan así desde hace medio siglo. La pregunta relevante no es la velocidad, sino la trayectoria: si el artefacto maniobra y llega por donde el radar no lo espera, la intercepción se complica; si sigue un arco previsible, es un blanco como otro cualquiera, solo más rápido.
Una tesis que circula sostiene que el Kinzhal es,
en esencia, un Iskander lanzado desde el aire: potente, rápido y con una trayectoria balística convencional. De ahí que un Patriot, diseñado hace décadas, pueda fijarlo y derribarlo. El relato oficial ruso, en cambio, lo presenta como indetectable e invulnerable. Cuando el
folleto de venta choca con el vídeo de los restos en la acera, el folleto pierde.
La factura: 30 misiles Patriot y 150 millones en dos minutos
El otro frente de la discusión es económico. La cifra que se viralizó esos días:
30 misiles Patriot PAC-3 MSE lanzados en una sola salva, a 5 millones de dólares la unidad. Total, 150 millones de dólares en dos minutos. Una fuente prorrusa llegó a hablar de 32 proyectiles. El argumento comercial se escribía solo: si una batería vacía su cargador de golpe y luego la alcanzan, ¿por qué iba un ejército a comprarla?
El contraargumento tiene que ver con la munición, no con el radar. Una cosa es disponer de lanzaderas y otra de suficientes interceptores, y, según se sostiene en el hilo, el único proveedor de los misiles Patriot es Estados Unidos. Si el flujo se corta o se raciona, la defensa antiaérea que funcionó esa noche se queda con los tubos vacíos. Es la diferencia entre tener un arma y tener con qué dispararla.
Restos, señuelos y la polémica del hormigón
Como en cualquier guerra, el suelo decidió poco y el relato decidió todo. La versión que niega el derribo sostiene que lo que cae son maquetas de hormigón, señuelos lanzados para saturar radares y obligar al defensor a gastar munición carísima en objetivos baratos. Es una hipótesis que circula sin respaldo documental, pero se propaga porque encaja con una intuición incómoda: el atacante también puede ganar engañando.
Y el engaño es, precisamente, la doctrina que aparece en el frente. Ucrania combina señuelos MALD —artefactos simples que vuelan delante, atraen las defensas rusas y despejan el camino— con los misiles británicos Storm Shadow, que aspiran a golpear la logística rusa como hicieron durante meses los cohetes HIMARS. Rusia aseguró haber derribado su primer Storm Shadow sin aportar prueba alguna. Macron prometió a Zelenski su propia versión, el Scalp. Con ese material, la logística rusa y hasta el puente que une Crimea con la Rusia continental vuelven a estar al alcance.
Sobre la obsesión por lo hipersónico, una nota final: el arsenal ruso puede ser tan moderno o tan viejo como se quiera discutir, pero lo que se juega en cada salva es cuánta munición cara es capaz de absorber el defensor. Ahí el marcador no es propagandístico, es contable.
Los datos disponibles no permiten cerrar la discusión. Lo previsible es que la próxima noche de misiles se lea con los mismos dos guiones en la mano y que ninguno de los dos bandos enseñe el recibo completo. Si el Kinzhal deja de ser invulnerable, el argumento de venta ruso se queda sin su mejor folleto. Si el Patriot resulta alcanzable, el argumento occidental sufre lo mismo. La diferencia, cuando llegue, la marcarán los restos: los que aparezcan en la calle y los que nunca aparezcan.