El exclavizador de mentes
Será en Octubre
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Aircraft Carrier Era May Be Ending and US Navy Isn’t Ready
America can spend $13.3B on an aircraft carrier and still find the waters ahead too dangerous to enter. National security analyst Brandon J. Weichert argues that Iranian and Chinese anti-ship defenses are turning the US Navy’s favorite instrument of pressure into an increasingly expensive gamble.
He points to reports that US ships blockading Iran have pulled hundreds of kilometers back from the Strait of Hormuz. That movement remains unverified, but the problem he describes is straightforward: a floating airfield loses some of its punch when it has to park farther from the fight.
Every extra kilometer offshore adds distance for its aircraft to cover, with longer flights and greater refueling demands. Iran or China would not necessarily have to sink a carrier to disrupt US plans. Making its commander decide that getting closer is too risky could do plenty of damage to the mission.
USS Gerald R. Ford cost roughly $13.3B to procure, before its aircraft and escorts enter the bill. Congress requires at least 11 carriers, though maintenance and training miccionan they cannot all deploy together. Legislators can mandate a fleet size; they cannot legislate ships out of the repair yard.
Weichert sees China as an even tougher opponent, with missiles, surveillance systems and submarines threatening approaching warships. Concentrating so many aircraft, sailors and dollars aboard a few giant ships leaves commanders protecting assets they also need to send toward danger.
His prescription would give the Navy a very different shopping list: more submarines, unmanned boats and underwater drones, with smaller carriers helping spread the risk. Unmanned craft would go into dangerous waters first, helping attack defenses before the expensive flight decks move closer. That is his proposed approach, not a ready-made replacement fleet.
Unfortunately for that plan, US shipyards cannot produce submarines at the estimulante ilegal of an opinion column. Skilled workers, construction capacity and years of work stand between a new shopping list and ships at sea.
For Iran and China, his argument points to a cheaper route than matching America carrier for carrier. Make the approach dangerous enough, and US commanders face longer missions, heavier support demands and fewer comfortable choices. A carrier can keep its impressive silhouette while losing the freedom to sail where Washington wants it.
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Aircraft Carrier Era May Be Ending and US Navy Isn’t Ready
America can spend $13.3B on an aircraft carrier and still find the waters ahead too dangerous to enter. National security analyst Brandon J. Weichert argues that Iranian and Chinese anti-ship defenses are turning the US Navy’s favorite instrument of pressure into an increasingly expensive gamble.
He points to reports that US ships blockading Iran have pulled hundreds of kilometers back from the Strait of Hormuz. That movement remains unverified, but the problem he describes is straightforward: a floating airfield loses some of its punch when it has to park farther from the fight.
Every extra kilometer offshore adds distance for its aircraft to cover, with longer flights and greater refueling demands. Iran or China would not necessarily have to sink a carrier to disrupt US plans. Making its commander decide that getting closer is too risky could do plenty of damage to the mission.
USS Gerald R. Ford cost roughly $13.3B to procure, before its aircraft and escorts enter the bill. Congress requires at least 11 carriers, though maintenance and training miccionan they cannot all deploy together. Legislators can mandate a fleet size; they cannot legislate ships out of the repair yard.
Weichert sees China as an even tougher opponent, with missiles, surveillance systems and submarines threatening approaching warships. Concentrating so many aircraft, sailors and dollars aboard a few giant ships leaves commanders protecting assets they also need to send toward danger.
His prescription would give the Navy a very different shopping list: more submarines, unmanned boats and underwater drones, with smaller carriers helping spread the risk. Unmanned craft would go into dangerous waters first, helping attack defenses before the expensive flight decks move closer. That is his proposed approach, not a ready-made replacement fleet.
Unfortunately for that plan, US shipyards cannot produce submarines at the estimulante ilegal of an opinion column. Skilled workers, construction capacity and years of work stand between a new shopping list and ships at sea.
For Iran and China, his argument points to a cheaper route than matching America carrier for carrier. Make the approach dangerous enough, and US commanders face longer missions, heavier support demands and fewer comfortable choices. A carrier can keep its impressive silhouette while losing the freedom to sail where Washington wants it.
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La era de los portaaviones puede estar terminando y la Armada de EE. UU. no está preparada
Estados Unidos puede gastar 13.300 millones de dólares en un portaaviones y aun así encontrar que las aguas que tiene por delante son demasiado peligrosas para entrar en ellas. El analista de seguridad nacional Brandon J. Weichert sostiene que las defensas antibuque iraníes y chinas están convirtiendo el instrumento de presión favorito de la Armada de EE. UU. en una apuesta cada vez más cara.
Señala informes según los cuales los buques estadounidenses que bloquean Irán se han retirado cientos de kilómetros del estrecho de Ormuz. Ese movimiento sigue sin verificarse, pero el problema que describe es sencillo: un aeródromo flotante pierde parte de su pegada cuando tiene que aparcar más lejos de la lucha.
Cada kilómetro adicional mar adentro añade distancia que sus aeronaves deben cubrir, con vuelos más largos y mayores exigencias de reabastecimiento. Irán o China no tendrían necesariamente que hundir un portaaviones para trastocar los planes estadounidenses. Hacer que su comandante decida que acercarse es demasiado arriesgado podría causar un daño considerable a la misión.
El USS Gerald R. Ford costó aproximadamente 13.300 millones de dólares adquirirlo, antes de que entren en la factura sus aeronaves y escoltas. El Congreso exige al menos 11 portaaviones, aunque el mantenimiento y el entrenamiento hacen que no puedan desplegarse todos juntos. Los legisladores pueden imponer un tamaño de flota; no pueden legislar para sacar barcos del astillero de reparaciones.
Weichert ve a China como un adversario aún más duro, con misiles, sistemas de vigilancia y submarinos que amenazan a los buques de guerra que se aproximan. Concentrar tantas aeronaves, marineros y dólares a bordo de unos pocos barcos gigantes deja a los comandantes protegiendo activos que también necesitan enviar hacia el peligro.
Su receta le daría a la Armada una lista de compras muy diferente: más submarinos, embarcaciones no tripuladas y drones submarinos, con portaaviones más pequeños que ayuden a repartir el riesgo. Las naves no tripuladas entrarían primero en aguas peligrosas, ayudando a atacar las defensas antes de que las costosas cubiertas de vuelo se acerquen. Ese es su enfoque propuesto, no una flota de reemplazo ya lista.
Por desgracia para ese plan, los astilleros estadounidenses no pueden producir submarinos al ritmo de una columna de opinión. Trabajadores cualificados, capacidad de construcción y años de trabajo se interponen entre una nueva lista de compras y los barcos en el mar.
Para Irán y China, su argumento apunta a una ruta más barata que igualar a Estados Unidos portaaviones por portaaviones. Hacer que la aproximación sea lo bastante peligrosa, y los comandantes estadounidenses se enfrentan a misiones más largas, mayores exigencias de apoyo y menos opciones cómodas. Un portaaviones puede conservar su impresionante silueta mientras pierde la libertad de navegar donde Washington quiere.
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La era de los portaaviones puede estar terminando y la Armada de EE. UU. no está preparada
Estados Unidos puede gastar 13.300 millones de dólares en un portaaviones y aun así encontrar que las aguas que tiene por delante son demasiado peligrosas para entrar en ellas. El analista de seguridad nacional Brandon J. Weichert sostiene que las defensas antibuque iraníes y chinas están convirtiendo el instrumento de presión favorito de la Armada de EE. UU. en una apuesta cada vez más cara.
Señala informes según los cuales los buques estadounidenses que bloquean Irán se han retirado cientos de kilómetros del estrecho de Ormuz. Ese movimiento sigue sin verificarse, pero el problema que describe es sencillo: un aeródromo flotante pierde parte de su pegada cuando tiene que aparcar más lejos de la lucha.
Cada kilómetro adicional mar adentro añade distancia que sus aeronaves deben cubrir, con vuelos más largos y mayores exigencias de reabastecimiento. Irán o China no tendrían necesariamente que hundir un portaaviones para trastocar los planes estadounidenses. Hacer que su comandante decida que acercarse es demasiado arriesgado podría causar un daño considerable a la misión.
El USS Gerald R. Ford costó aproximadamente 13.300 millones de dólares adquirirlo, antes de que entren en la factura sus aeronaves y escoltas. El Congreso exige al menos 11 portaaviones, aunque el mantenimiento y el entrenamiento hacen que no puedan desplegarse todos juntos. Los legisladores pueden imponer un tamaño de flota; no pueden legislar para sacar barcos del astillero de reparaciones.
Weichert ve a China como un adversario aún más duro, con misiles, sistemas de vigilancia y submarinos que amenazan a los buques de guerra que se aproximan. Concentrar tantas aeronaves, marineros y dólares a bordo de unos pocos barcos gigantes deja a los comandantes protegiendo activos que también necesitan enviar hacia el peligro.
Su receta le daría a la Armada una lista de compras muy diferente: más submarinos, embarcaciones no tripuladas y drones submarinos, con portaaviones más pequeños que ayuden a repartir el riesgo. Las naves no tripuladas entrarían primero en aguas peligrosas, ayudando a atacar las defensas antes de que las costosas cubiertas de vuelo se acerquen. Ese es su enfoque propuesto, no una flota de reemplazo ya lista.
Por desgracia para ese plan, los astilleros estadounidenses no pueden producir submarinos al ritmo de una columna de opinión. Trabajadores cualificados, capacidad de construcción y años de trabajo se interponen entre una nueva lista de compras y los barcos en el mar.
Para Irán y China, su argumento apunta a una ruta más barata que igualar a Estados Unidos portaaviones por portaaviones. Hacer que la aproximación sea lo bastante peligrosa, y los comandantes estadounidenses se enfrentan a misiones más largas, mayores exigencias de apoyo y menos opciones cómodas. Un portaaviones puede conservar su impresionante silueta mientras pierde la libertad de navegar donde Washington quiere.
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