La proteína en polvo cuesta el triple y las marcas hablan de materias primas
La proteína en polvo ha dejado de ser un básico barato para convertirse en un capricho al alcance de pocos. Los sacos de 5 kilos de whey que hace cuatro o cinco años se vendían entre 36 y 45 euros rondan ahora los 140, con el añadido de que algunos fabricantes también han recortado el gramaje. No es una subida del 10% ni del 20%: es un salto del 200% que ha encendido las alarmas en los gimnasios y en las cuentas corrientes.
Del suero que se tiraba al saco de lujo
Hay una ironía que los fabricantes prefieren ignorar: el suero de leche, base de la mayoría de batidos proteicos, fue durante décadas un subproducto que los ganaderos tiraban. Ahora, convertido en whey, se vende a precio de oro. La empresa HSN ha salido al paso con un comunicado titulado «Transparencia HSN» en el que justifica las subidas por el encarecimiento global de las materias primas. El mercado, sin embargo, no solo ha subido precios: también ha reducido formatos, una práctica conocida como shrinkflation que encarece todavía más el kilo real.
Guisante y arroz: la alternativa que sale la mitad de cara
Frente al encarecimiento del suero, una opción gana terreno: mezclar proteína de guisante y de arroz en proporción 70/30. La combinación cubre el perfil de aminoácidos y alcanza un valor biológico comparable al del huevo, a un precio de 67-70 euros por 5 kilos. El arroz aporta la metionina que le falta al guisante, y el guisante la lisina que le falta al arroz. Los puristas del gimnasio torcerán el gesto por el sabor, pero la calculadora no entiende de gustos: la mezcla cuesta menos de la mitad que la whey y ofrece una liberación más sostenida.
Huevos, pollo y sardinas: la vuelta a lo básico
Hay quien va un paso más allá y recuerda que ningún polvo es imprescindible. Con 140 euros se compran varios kilos de carne de ternera picada, huevos, sardinas o requesón. Treinta claras de huevo pasteurizadas cuestan menos de tres euros en supermercados como Lidl o Aldi, una proporción de proteína por euro que ningún batido de diseño iguala. La dieta real, bien planificada, cubre las necesidades proteicas sin necesidad de polvos milagrosos.
La pregunta de fondo sigue abierta. Mientras la industria asegura que solo traslada costes, el consumidor percibe que se le ha subido el precio por la puerta de atrás. Si la escalada continúa, la proteína en polvo corre el riesgo de volver a ser lo que fue durante generaciones: un residuo. O, visto lo visto, un lujo para quien pueda permitirse que un saco de polvo valga más que el lomo que se compra en la carnicería.