Ignorar completamente todas las adaptaciones que se piden por diagnósticos de trastornos leves que son generalmente autoinflingidos por falta de hábitos,crianzas laxas y falta de disciplina y, en caso de ser ciertos y de origen genético, que han sido agudizados por las mismas tres causas. Diagnósticos que se obtienen o bien después de pagar a varios especialistas hasta dar con el que se aviene a poner que el crío tiene algo para descargarte -y descargar al chaval- de responsabilidad o bien después de echarle la llorada al orientador de turno y después de que tutor y compañeros de clase hayan tenido que aguantar las disrupciones del angelito al que nadie le ha inculcado cómo debe estar en los espacios compartidos.
Adaptaciones que por lo general persiguen el conseguir más por menos (aprobados y notas más altas con menos esfuerzo, menos atención, menos trabajo, menos tareas, menos capacitación individual); en lugar de lo que deberían ser: un diagnóstico significa que el alumno debe trabajar mucho más, no menos, y, si no puede hacerlo en un ambiente regular y alcanzar unos mínimos debe ir a una escuela especial.