Pueblos del Mar: el colapso que aún nadie sabe explicar
Hacia el 1200 a.C., una coalición heterogénea de pueblos arrasó el Mediterráneo oriental y acabó con imperios que llevaban siglos en pie. Egipto resistió, pero la victoria lo dejó tan tocado que entró en decadencia. El imperio hitita, Ugarit y buena parte del mundo micénico simplemente desaparecieron. La pregunta que sigue sin respuesta cerrada es quiénes eran, de dónde salieron y por qué se coordinaron para hacerlo todo pedazos.
Los documentos egipcios de Medinet Habu, en la tumba de Ramsés III, los llaman «pueblos del mar» y describen una conspiración en las islas. Entre los nombres que aparecen están los peleset, identificados habitualmente con los filisteos, y los shardana o sherden, que ya servían como mercenarios en el ejército egipcio en la batalla de Kadesh. Es decir, no eran desconocidos: llevaban tiempo en la zona.
¿Eran los filisteos los mismos peleset de los textos egipcios?
La hipótesis más aceptada conecta a los peleset con los filisteos que acabarían instalándose en la costa de Canaán. Los egipcios los mencionan junto a otros pueblos hostiles y, tras derrotarlos, los reasentaron en la franja costera. En los yacimientos filisteos se han encontrado restos de huesos de cerdo, algo singular en la zona y que apunta a un origen exterior. La tribu israelita de Dan, marinera según las fuentes, también aparece en algunas lecturas como posible huella de estos movimientos de población.
El hierro como ventaja militar decisiva
Una de las teorías más repetidas es la superioridad tecnológica. Sus armas eran más resistentes y largas que las de bronce de sus rivales, y eso les permitía imponerse con relativa facilidad. Las espadas Naue II, originarias del norte de los Balcanes y la llanura del Po, se adoptaron en Grecia y Próximo Oriente a partir del 1200 a.C. y se siguieron produciendo durante 500 años, señal de que eran mejores que las micénicas. En Grecia, el uso generalizado del hierro no llegó hasta después del 1050 a.C.
¿Fue una invasión o una migración con familias enteras?
Los grabados egipcios muestran a los invasores viajando con sus familias, animales y enseres. Eso no encaja con una incursión pirata clásica: los piratas saquean y se marchan, estos venían a instalarse. La lectura más plausible es que alguien les había quitado su tierra y buscaban otra. Se argumenta que no fue un desembarco coordinado al estilo Normandía, sino llegadas esporádicas de grupos no muy numerosos pero bien preparados para la guerra y el saqueo, algo similar a las incursiones normandas siglos después.
El clima como causa silenciosa del colapso
La paleoclimatología apunta a que hacia el 1250 a.C. el clima se volvió más seco en Europa y Oriente Medio. Eso hundió la producción agrícola, que era la base económica de aquellas sociedades. La hipótesis de una gran explosión del Etna que oscureció el cielo durante años y arruinó la agricultura de las islas del Mediterráneo occidental también circula como desencadenante. El proceso de asaltos y guerras se prolongó durante casi un siglo, generaciones enteras guerreando sin tregua.
Los luvitas, la pieza que muchos pasan por alto
El imperio hitita cayó por una combinación de factores: estructura política débil basada en estados vasallos, una alianza anti-hitita de los estados del oeste de Anatolia que pudo aliarse con los micénicos, y ataques simultáneos desde el norte de los kaska. Los luvitas, pueblo anatolio, aparecen como clave para entender quién precipitó la hecatombe. La confusión entre hatti (pueblo no indoeuropeo anterior) e hititas (indoeuropeos que los conquistaron) complica aún más el análisis.
La guerra de Troya como episodio de todo este caos
La guerra de Troya es prácticamente contemporánea a las invasiones. Si los primeros ataques a Egipto fueron en 1208 a.C., la destrucción de Troya fue unos diez años antes. Homero identifica aqueos y danaos como el mismo pueblo, pero las fuentes egipcias los escriben por separado en coalición con otros. Puede que unos vivieran en la Grecia europea y otros en las costas de Anatolia, micénicos ambos pero con diferencias suficientes para que los egipcios los consideraran pueblos distintos.
El análisis se atasca en el mismo punto que hace un siglo: sin fuentes escritas propias de los invasores, todo son reconstrucciones a partir de los vencedores. Y los vencedores, como siempre, escribieron la historia.