Los pueblos se abaratan: la ciudad gana la partida a costa del coche
¿Qué pasa cuando Valencia capital no deja de encarecerse y los pueblos de su corona pierden valor? Pues que el mercado inmobiliario refleja un cambio social que lleva años gestándose: cada vez menos gente quiere vivir en el pueblo. Y los datos, esta vez, no son opinión.
La corona de Valencia se enfría
Los precios en la ciudad de Valencia suben sin freno mientras que en los municipios de alrededor se estancan o incluso caen. No hace falta irse lejos: pueblos cercanos lo notan. El abandono del coche, la falta de transporte público y la concentración de ocio y servicios en las capitales explican buena parte del fenómeno. Las mujeres, los jóvenes y las personas migrantes, según este análisis, buscan ciudad o núcleos bien comunicados. La tendencia ya no es comprar un pueblo, sino una urbanización con servicios.
¿Quién repuebla los pueblos?
Sobre la repoblación rural existen dos lecturas. Una apunta a que la inmigración llega a los pueblos por programas oficiales con ayudas, y que desaparecería sin ellas. Otra, más cruda, sostiene que serán los propios inmigrantes quienes repueblen el interior, porque su capacidad de movilidad y de adaptación a salarios bajos supera a la del español medio urbano.
El futuro gueto urbano
En el lado pesimista, algunos advierten de que los centros no turísticos de las ciudades acabarán convertidos en guetos, a la americana, mientras la gente con recursos se marcha al extrarradio. El comercio online, además, elimina la necesidad de tiendas de barrio. Y con la crisis de vivienda disparando los precios en toda el área metropolitana de Valencia —demanda creciente, oferta insuficiente y desarrollo urbanístico bloqueado—, la presión solo puede ir a más.
Total: que los pueblos se abaratan porque casi nadie los quiere. A lo mejor el problema no es el precio, sino lo que hay alrededor. Ya se sabe: cuando todo el mundo piensa lo mismo, el que pierde es el que llega tarde. O el que se queda.