El caso del aceite de Redondela no es solo un escándalo olvidado del franquismo; es la llave que explica el ascenso de Mariano Rajoy. O al menos, esa es la tesis que sostienen quienes han mirado bajo la alfombra de la transición.
En 1972, la desaparición de más de 4 millones de kilos de aceite de oliva de los depósitos de REACE en Guixar (Vigo) destapó lo que se considera el mayor escándalo económico del régimen. El valor del botín: 167 millones de pesetas de la época, unos 4,5 millones de euros actuales. Pero el caso no fue solo por el aceite. Siete personas relacionadas con la investigación murieron en circunstancias violentas o poco claras. Y el juez que presidió el tribunal que juzgó el caso era Mariano Rajoy Sobredo, padre del expresidente.
Las consecuencias, según algunos análisis, no se limitaron a la sentencia, que quedó en nada. Años después, los cuatro hijos de Rajoy Sobredo aprobaron oposiciones consideradas de las más difíciles del Estado. Mariano Rajoy se convirtió en el registrador de la propiedad más joven de España. Sus hermanos también lograron plazas de élite. Para muchos, la casualidad resulta demasiado coincidente. El fiscal de aquel juicio, por cierto, nunca ha sido identificado públicamente, pero algunos apuntan a que era cercano al círculo de Franco.
Comparación con la corrupción actual: dimensiones
Para ponerlo en perspectiva, un usuario anónimo calculó que el mayor escándalo del franquismo equivale, en euros actuales, a unos 4,5 millones. Eso es aproximadamente 27 veces menos que el llamado caso Koldo (entre 50 y 120 millones), y 150 veces menos que los 680 millones del caso ERE en Andalucía. La corrupción no solo no ha desaparecido: se ha multiplicado por decenas. O, visto de otra forma, el franquismo era tan pobre que ni siquiera podía robar a lo grande.
El reguero de muertes y el silencio oficial
El caso Redondela es también una historia de muertes no resueltas. Siete testigos o personas vinculadas a la investigación fallecieron antes de declarar o poco después. Algunos, en accidentes de tráfico; otros, de forma violenta. Nunca se demostró una conexión directa, pero el patrón alimenta las sospechas. El padre de Rajoy, como presidente del tribunal, manejó todas las pruebas. La sentencia, finalmente, absolvió a los principales acusados. El relato oficial lo archivó como un asunto menor.
Pero la sombra no se disipó. Cuando Mariano Rajoy llegó a la presidencia del gobierno, el caso volvió a la superficie cada vez que se mencionaba la corrupción en su partido. Él, en su estilo lacónico, siempre lo despachaba con un «no me consta». Cuestión de registros.
El cierre: A 52 años del «mayor escándalo del franquismo», las cuentas no cuadran. Que cuatro hijos de un juez clave aprobaran las oposiciones más duras justo después del juicio tiene más miga que cualquier conspiración. Quizá, como dice algún comentarista, haya que reiniciar la simulación.