Robos de corderos en Cataluña: ganaderos desesperados antes del Eid al-Adha
A menos de dos semanas de la celebración musulmana del Eid al-Adha, los robos de corderos en explotaciones ganaderas catalanas se han disparado. La demanda creciente de ovejas para el sacrificio ritual está siendo aprovechada por redes de delincuentes que saquean rebaños enteros, dejando a los ganaderos en una situación desesperada. Según fuentes del sector, cada animal robado supone una pérdida económica directa que puede alcanzar los 200 euros, sin contar el impacto en la reproducción del rebaño.
El contexto del Eid al-Adha
El Eid al-Adha, fiesta del sacrificio, se celebrará el 27 de mayo. Durante esta festividad, cada familia musulmana sacrifica un cordero en señal de devoción. La alta concentración de demanda en pocos días crea un mercado paralelo ilegal: los ladrones saben que hay compradores dispuestos a pagar sin preguntar el origen. No es un fenómeno nuevo, pero este año las denuncias se han multiplicado, según indican los partes de las asociaciones ganaderas.
La reacción institucional, bajo sospecha
Mientras los ganaderos claman por más vigilancia, algunos análisis apuntan a que la prioridad política en Cataluña está lejos del mundo rural. La ironía de ver rotulación en catalán en las embajadas mientras los campos quedan desprotegidos no pasa desapercibida. Otros recuerdan que el SEPRONA, la unidad de la Guardia Civil especializada, tiene capacidad para actuar, pero su presencia en zonas rurales es insuficiente. El resultado es un caldo de cultivo para la impunidad.
Datos que duelen
Aunque las cifras oficiales son opacas, la recuperación de un lote de corderos robados en Santa Oliva el año pasado demuestra que el problema tiene recorrido. Entonces, los Mossos d'Esquadra lograron interceptar un cargamento listo para su venta ilegal. Este año, los ganaderos temen que la situación se repita a mayor escala.
La pregunta que queda en el aire es si las autoridades actuarán con la misma celeridad que en otras ocasiones, o si los ganaderos tendrán que asumir nuevas pérdidas. Mientras tanto, el campo catalán disfruta de una dudosa fama: ser un infierno para quienes intentan vivir de él.
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