Los Secretos: la banda que convirtió el desamor en arte
En un concierto de Los Secretos, la emoción se palpa en el aire. Las luces se apagan, suena la primera guitarra y el público canta a coro cada estrofa. No es un grupo cualquiera: es la banda sonora de una vida entera para muchos. Tras la gloria de Enrique Urquijo, la formación continuó, pero la nostalgia se hizo más profunda. Sus canciones, cargadas de desamor y abandono, siguen resonando con una intensidad que pocos grupos españoles han logrado.
La tristeza como firma
Hay quien sostiene que sus canciones son «bastantes tristes, de desamor y de abandono». Y es que Los Secretos nunca buscaron la alegría fácil. Su melodía, incluso en temas que parecen de recomenzar una relación, tiene un poso de melancolía que los hace inconfundibles. Esa tristeza no es un defecto, es su mayor virtud. La crítica, sin embargo, los tacha de «moñas y un ». Dos corrientes irreconciliables que conviven en el mismo público.
El legado de Enrique Urquijo
Enrique Urquijo fue el alma de la banda. Tras su fallecimiento, muchos solo pudieron verlos en directo ya sin él, pero la emoción seguía intacta. Como se ha dicho, su música «forma parte de la banda sonora de mi vida». Esa conexión emocional es lo que mantiene viva a la formación, incluso con la ausencia de su líder.
La colaboración inesperada
Una de las joyas de su repertorio es la versión en castellano de «In the shape of a heart», con la colaboración de su propio autor, Jackson Browne. Un gesto que demuestra el respeto internacional que la banda se ganó a pulso. Y mientras algunos los desprecian, otros encuentran en su música un refugio. La diferencia entre triunfar y no, como se apunta, a veces se reduce a una camarera de ojos de gata. Pero esa es otra historia.