Paro en octubre: 192.658 más, pero los que cobran prestación se reducen
La cifra oficial de desempleo en octubre de 2008 superó todas las previsiones: 192.658 nuevos parados, un 7,3% más que en septiembre, para un total de 2.818.026. Sin embargo, el dato que incomoda al relato oficial es otro: el número de personas con derecho a prestación por desempleo cayó de 1.854.201 en septiembre a 1.851.308. Más paro, menos cobertura. Un incremento de 769.449 desempleados en tasa interanual (+37,5%) que ya empezaba a agujerear las cuentas de la Seguridad Social.
Los 3,9 millones de demandantes que no salen en la foto
El debate sobre la metodología no es nuevo, pero aquel octubre de 2008 puso negro sobre blanco la diferencia entre el paro registrado y el total de demandantes de empleo. Según los propios datos del Servicio Público de Empleo, la cifra de demandantes — incluyendo ocupados en cursos, con disponibilidad limitada y otros no ocupados— alcanzaba los 3.902.508. De ellos, solo 2.818.026 eran contabilizados como parados. Los 661.239 ocupados en cursillos y los 265.537 «otros no ocupados» quedaban fuera del titular. El conocido como «maquillaje Caldera» se llevaba por delante a casi 1,1 millones de personas que no engrosaban la estadística oficial.
Beneficios que se evaporan mientras el paro crece
La paradoja de octubre iba más allá del maquillaje. El número de parados subía en 192.658, pero los perceptores de prestaciones descendían en 2.893. Esto significaba que una parte creciente de los desempleados no cotizaba lo suficiente o se les había agotado la cobertura. El sistema de protección social comenzaba a mostrar grietas: muchos de los nuevos parados provenían de empleos precarios o de corta duración, sin derecho a prestación contributiva. El atasco en las oficinas de empleo se multiplicaba, pero la red de seguridad se encogía.
Medios y política: el mismo dato, dos portadas
La cobertura mediática del dato reflejó la brecha política. Mientras El País relegaba la noticia a un espacio secundario, El Mundo la destacaba en primera página con grandes titulares. La secretaria general de Empleo, Maravillas Rojo, calificó los datos de «negativos» y los atribuyó a la crisis financiera internacional. Pero la sombra de las medidas anunciadas el día anterior —cuando el dato ya era conocido— planeaba sobre la comparecencia. La sensación de manipulación temporal caló hondo: el Gobierno filtró el viernes el dato de paro de la EPA (11,3%, máximo en cuatro años) y al día siguiente Zapatero lo atribuyó al «estancamiento europeo», mientras los datos de paro en el resto de Europa mostraban cifras muy inferiores.
La cuenta atrás hacia los cuatro millones
Las proyecciones de aquel otoño no dejaban lugar a dudas: si la tendencia exponencial se mantenía, España superaría los tres millones de parados a finales de 2008 y los cuatro millones en 2009. La pregunta que flotaba en el ambiente era si el sistema de protección podría sostener a esos millones. Con un mercado laboral que había creado empleo basura durante la burbuja, la destrucción se preveía rápida y masiva. Y los datos de octubre de 2008 eran solo el principio.
¿Cuánto tardaría en reventar el colchón social?
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