Luis Tosar y los neonazis: la serie que no todos quieren ver
El actor gallego vuelve a la carga con una serie sobre bandas neonazis que captan jóvenes, pero el escepticismo sobre su existencia real es mayúsculo. La producción de Netflix, titulada "Salvador", ha reabierto el debate sobre la magnitud del problema en España, con el propio Tosar como protagonista que investiga el asesinato de su hija. Sin embargo, el discurso oficial choca con la experiencia de la calle: la mayoría de los analistas coinciden en que las bandas neonazis son un fenómeno marginal, cuando no directamente mitológico.
El mito del neonazi español
Décadas de televisión han creado la imagen del skinhead violento, pero en España la realidad es bien distinta. Según estimaciones recogidas, nunca hubo más de 3.000 a 5.000 individuos con esa estética en todo el país, y hoy prácticamente han desaparecido. "En Asturias ni hay de eso, ni ha habido nunca", resume un análisis. Otros recuerdan que los verdaderos problemas de seguridad en los 80 y 90 eran los gitanos y los yonkis, no los neonazis. La serie, por tanto, parece fabricar un enemigo que no existe o, como mínimo, amplifica un fenómeno irrelevante.
El fondo económico de la alarma social
Detrás de esta ficción hay un negocio: Netflix invierte millones en producir contenido que vende, y la alarma social vende. El coste de una serie como "Salvador" ronda los 10 millones de euros, dinero que podría destinarse a problemas reales como la delincuencia común o la integración de jóvenes desfavorecidos. Pero el relato rentable es el del peligro neonazi, un enemigo fácil que justifica discursos y presupuestos. Mientras, los verdaderos focos de captación juvenil —como las bandas latinas o el radicalismo islamista— reciben menos atención mediática.
Lo que la serie oculta
Quienes han visto la serie destapan el principal giro: el asesino no es un inmigrante, como apuntan los ultras, sino un incel del propio grupo neonazi que mata a la hija de Tosar por el hecho de ser mujer. Una trama que carga las tintas contra el machismo, pero que a su vez invisibiliza la complejidad del fenómeno. Además, se menciona a un empresario mafioso que financia a un partido como Vox, un guiño político que no sorprende en una producción de izquierdas.
Un país sin neonazis
La mayoría de las voces consultadas niegan haber visto jamás un neonazi en España. "Son animales mitológicos con los que llevan 30 años metiéndonos miedo", resume un análisis. Otros apuntan que los pocos que hubo en los 90 transmutaron en bakalas. La pregunta que queda en el aire es: ¿por qué insistir en un peligro inexistente? Quizá la respuesta está en la taquilla y en la agenda política. Mientras, el público se parte de risa con el unicejo de Tosar y las tramas rocambolescas.
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