Noticia: Madres primerizas a los 50: "Cuando él tenga 20 yo tendré 70, pero sé que estaré bien"

Madres primerizas a los 50: "Cuando él tenga 20 yo tendré 70, pero sé que estaré bien"
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La maternidad a los 50 años es posible con reproducción asistida y óvulos donados, pero la sanidad pública española la limita a los 40 años y los expertos advierten de un aumento de riesgos. Los casos crecen y el debate bioético sigue abierto.

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La maternidad a los 50 años es posible con reproducción asistida y óvulos donados, pero la sanidad pública española la limita a los 40 años y los expertos advierten de un aumento de riesgos. Los casos crecen y el debate bioético sigue abierto.

Montse cumplió 50 años en marzo y el 30 de mayo dio a luz en la Maternitat de Barcelona a su hija S. La conversación con La Vanguardia transcurre con la niña al pecho, dormida en sus brazos. Acepta contar su caso, que varios testimonios han declinado por el estigma, porque le gustaría que sirviera de inspiración a otras mujeres. «Mi vida ha sido intensa y mi hija es un regalo del universo», resume esta catalana, hija de extremeños, que reconoce que el instinto maternal se le despertó a los 27 años.

Entonces, los problemas de salud de sus padres le supusieron un parón existencial y la llevaron a replantearse su vida después de una carrera laboral frenética y exitosa. «Pensé que quería formar una familia si la vida se iba tan rápido», explica. Tenía pareja, pero la cosa no iba bien. En paralelo, le diagnosticaron artritis reumatoide. Dejó el trabajo y a la pareja. La enfermedad, que posteriormente le desarrolló en lupus con pericarditis crónica, junto con una depresión, le impidió empezar entonces con el proyecto de la maternidad. «No me lo podía plantear», lamenta. Fue entonces cuando se congeló los óvulos por recomendación médica. Está orgullosa del trabajo psicológico que ha hecho para salir adelante a pesar del diagnóstico de depresión. El yoga también le ayudó mucho, y lo ha seguido practicando durante el embarazo.

Desde la primera vez que fue a asesorarse sobre el proceso in vitro hasta que lo llevó a cabo, pasó más de una década. Fue en 2013, con 37 años, cuando se informó por primera vez, justo después del fallecimiento de su madre. Pero entonces no se vio con fuerza por su propia enfermedad y porque debía ocuparse de su padre, que falleció más tarde. Años después, con 48 y viviendo en Canarias, se le volvió a despertar el instinto y, tras hablarlo con su psicólogo, se volvió a informar. Cuando se decidió, el siguiente paso fue someterse a un «montón» de pruebas. Incluso pasó por un tribunal médico por sus problemas de salud. Recuerda esos momentos con gran incertidumbre hasta que una llamada le dio el visto bueno a la maternidad. «Fue una FIV y me quedé embarazada a la primera».

Dos historias de maternidad a los 50

Elena (nombre ficticio para preservar su identidad) parió en septiembre mediante cesárea en el hospital de Sant Pau de Barcelona a su hija L., pocos meses después de haber cumplido los 50. Farmacéutica de profesión, reconoce que entre el inicio de la carrera laboral y los deseos de viajar y disfrutar de los primeros años de independencia económica no sintió el deseo de la maternidad en la treintena. A los 38, sin pareja, una compañera le habló de la congelación de óvulos para preservar la fertilidad y decidió hacerlo, aunque entonces no tenía claro aún si quería ser madre. A los 40 empezó a salir con su actual pareja, que ya tenía descendencia. Llegó la pandemia y, con 45 años, Elena planteó la opción de la maternidad con los óvulos que se había congelado, cuyo mantenimiento supone un coste de unos 300 euros al año. La endometriosis que padece y varios miomas alargaron el proceso más de lo que habría deseado. A los 49, en una segunda fecundación in vitro, se quedó embarazada.

Los primeros meses de embarazo los vivió con náuseas, para lo que se tuvo que medicar. Al principio la controlaban mucho por la edad. A pesar de su edad, presume de no haber tenido problemas de tensión. L. nació en la semana 41 tras un parto por cesárea provocado porque la bebé no bajaba. Reconoce que las primeras semanas han sido un poco caóticas. Ahora se está adaptando y ya tiene plaza en la guardería para cuando toque volver al trabajo.

En la clínica catalana en la que Elena se hizo el tratamiento le dijeron que no acostumbran a hacerlos a mujeres que sobrepasan los 52 años y ella misma asegura que de no haberlo conseguido con 50, no tiene claro si lo habría intentado más. Deportista de toda la vida, cuenta que siempre ha llevado una vida saludable pero reconoce que ahora «me tengo que cuidar para estar bien por mi hija». «No quería ser madre más allá de los 50», reconoce Elena. Cree que se puede ser madre a los 40 pero que se tiene que empezar a «normalizar» que «puede pasar ser madre a los 50».

Montse presume de haber disfrutado de un embarazo «superbonito», aunque los primeros meses estuvo muy vigilada y no pudo hacer yoga. Con riesgo de preeclampsia, dio a luz en la semana 37 de gestación después de una inducción. Intentaron un parto natural pero no fue posible y tras un día entero intentando dilatar, nació por cesárea. Se congratula de la empatía que en todo momento tuvo la doctora que la llevó, aunque reconoce que tuvo que pedir un cambio de médico porque la anterior solo le auguraba preeclampsia y diabetes. «Estaba muy fuerte cuando di el paso de querer ser madre», asegura.

Los riesgos que la evidencia asocia a la edad materna avanzada

La edad materna avanzada es un factor de riesgo de gestación e incluso con mujeres sanas se dan «resultados adversos», apunta la doctora Leire Rodríguez Gómez, vocal de la Sección de Medicina Perinatal de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). En mayores de 50 años es especialmente significativo el aumento de la incidencia de abortos espontáneos, que en mayores de 45 años ya aumenta hasta el 50 %. También crece la incidencia de cromosomopatías, las tasas de prematuridad, mortalidad perinatal y el aumento de la mortalidad materna «más de 42 veces en mujeres de 50 años», señala.

En la sanidad pública española el límite para hacer técnicas de reproducción asistida está en los 40 años, ampliándose a 42 en el País Vasco y 45 en la Comunidad de Madrid, señalan desde SEGO. En la privada no hay límites, aunque la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) recomienda los 50 como edad máxima. Desde SEGO, teniendo en cuenta el incremento del riesgo materno, reclaman tener un «límite ético». En casos de gestaciones en mujeres de 50 años es habitual emplear ovocitos de donación porque los óvulos de una mujer más joven disminuyen el riesgo de cromosomopatía.

Francesc Figueras, jefe del servicio maternofetal del hospital Clínic de Barcelona, donde han llevado el caso de Montse, constata que, a pesar de que son pocas las mujeres que son madres en la frontera de los 50, los datos apuntan a que los casos de edad materna avanzada van en aumento, algo que ven en consulta y que asegura que se da en todo el mundo. «Ha pasado de ser la excepcionalidad absoluta a no serlo», señala. El especialista, al contrario que otros expertos, asegura que «a los 50 no existe ningún precipicio biológico» porque el riesgo es progresivo a partir de los 35 años, aunque reconoce que a mayor edad hay más complicaciones en lograr un parto vaginal y que la fertilidad espontánea baja de manera abrupta a partir de los 40 años. Apunta que en los años 50 del siglo pasado la edad materna avanzada se situaba en los 35 años.

El facultativo defiende que es más determinante el estado de salud de la mujer que la edad en sí a la hora de llevar adelante un embarazo. Podría comportar mayor riesgo en una mujer más joven con mucha comorbilidad que en una sana de edad más avanzada, una idea sobre la que insiste durante toda la charla. En el caso concreto de Montse, Figueras destaca que es el ejemplo de muchas mujeres a las que no se aconsejaba un embarazo por motivos médicos y que pasan «vicisitudes» y que por ese motivo acaban accediendo a la maternidad de manera tardía.

El ginecólogo del Clínic recuerda que en la actualidad hay una gran diferencia entre la edad biológica y la social, por lo que una persona de 50 años hoy es joven desde el punto de vista social y laboral pero es mayor en lo que a edad biológica se refiere. Para el experto, la frontera de los 50 años responde a límites bioéticos regulatorios que podrían ser debatibles. Considera que el problema para el bebé nacido de una madre de 50 años es que tendrá una madre o unos padres con una edad avanzada, pero también apunta que la esperanza de vida sigue creciendo. A pesar de que la recomendación médica es no retrasar la maternidad, cuyo mejor periodo desde un punto de vista reproductivo está entre los 20 y los 30 años, el facultativo lamenta que la brecha entre la edad reproductiva y la social sigue creciendo por los problemas de acceso al mercado laboral, emancipación y vivienda.

La edad social de la maternidad y el juicio que recae sobre ellas

La biología tiene un papel clave y hay unos límites reproductivos a partir de una determinada edad, pero también es importante poner el foco en la «edad social», apunta la socióloga Anna Berga, responsable de la Comissió de Gènere del Col·legi de Professionals de la Ciència Política i de la Sociologia de Catalunya. Berga reflexiona sobre las «trayectorias normativas»: hay un momento para estudiar, un momento para formar una pareja, un momento para tener hijos. Estos momentos han ido cambiando y esto hace que se retrase la decisión de tener hijos, que quizás en otro tiempo era una decisión que «venía más dada».

Berga recalca que estos casos de maternidades tan tardías son minoritarios y considera que, sociológicamente, no podemos «ni idealizarlas ni estigmatizarlas» porque se trata de «decisiones individuales que se producen en un contexto social determinado». Más allá de la edad biológica, de la que no niega su importancia, la socióloga considera que es relevante ver cómo han cambiado trayectorias vitales o las posibilidades reproductivas que hoy existen y antes no. Berga lamenta que en este caso atraviesan también las desigualdades de género porque no se cuestiona que un hombre tenga hijos a los 50 y sí sucede con una mujer. «Más allá de la biología, el juicio social es para ellas», lamenta. Berga señala que «es en la mujer en la que recae hacer cuadrar todas estas expectativas sociales, la trayectoria vital y el momento idóneo para tener hijos». «La sociedad regula la maternidad, especialmente de las mujeres. La edad reproductiva es también una norma social», señala.

Montse, a la que le queda un hermano como única familia directa y que ha sido madre en solitario, reconoce el «estigma» en su decisión, pero asegura que mayoritariamente se ha sentido arropada y comprendida. Confiesa que su hermano «alucinó» con su decisión porque no esperaba que «tan mayor» diera el paso a la maternidad, pero la «respetó» y ya sabe que si un día a ella le pasa algo, será él, que tiene ya hijos mayores, quien se ocupará de su hija. Sus amigas también se han ofrecido. Pero recalca que no tiene intención de que pase nada y se cuida mucho para ello.

A los vecinos de Montse no les ha extrañado su embarazo, porque no aparenta la edad que tiene. Se apuntó al club de madres y recuerda que al resto les sorprendió la edad porque «no lo aparento» pero que no se sintió juzgada. Elena en algunos momentos se ha sentido un poco «extraña», como en el curso de preparación al parto, donde la mayoría de madres estaban en la veintena o, como mucho, en la treintena. Y eso que cree que pensaban que tenía 40 y pocos.

Elena se congratula de que las nuevas técnicas de reproducción permitan alargar un poco la decisión de ser madre. Sabe que su decisión no es entendida por todo el mundo: «me dicen que cuando mi hija tenga 20 yo tendré 70». Pero ella se defiende en que se encuentra «biológicamente» bien de salud, no tiene hipertensión y que los 50 de hoy «no son los de nuestras abuelas». Aunque reconoce que con 50 «no tienes la misma energía que con 30» para maternar, cuenta con una red de apoyo. En su entorno ha encontrado apoyo y se han dado más casos de maternidad más allá de los 50, aunque reconoce que es más habitual que algunas amigas hayan sido madres a los 40. Otras no lo han querido ser y lamenta que a ellas también se las critica. En cambio, pocos casos se han dado en su entorno de madres en la treintena porque reconoce que hay «un montón» de motivos para atrasar la maternidad: los estudios, el mercado laboral, el de vivienda. Reconoce que a su familia al principio le chocó la decisión y que sus padres han tenido que «madurar» y «entender» que Elena no es una persona tradicional: «no me he casado y he tenido una hija a los 50», resume. Pero sus padres están encantados con la niña: «una nieta con 80 años es una ilusión, se les cae la baba».

"Me cuido por mí y por ella"

«He pensado mucho en cuando sea mayor… cuando ella tenga 20 yo tendré 70», reconoce Montse mientras mira a su hija dormida. Aunque asegura que lo único que le viene a la mente es que va a estar bien. No fuma, ni toma alcohol ni otras drogas. «Soy supersana y hago yoga». Montse considera que sus cuidados la harán llegar bien a los 70 y también defiende que los 50 de ahora «no son los de nuestras madres». «Me cuido por mí y por ella». A pesar de su decisión de maternidad tardía, ve «normal» que el porcentaje de mujeres que como ella son madres a los 50 sea bajo porque ella misma «si hubiera podido, lo habría hecho antes», reconoce. Le hubiera gustado tener 3 o 4 hijos. El embarazo ha ido tan bien que no se cierra las puertas a una nueva maternidad o a una adopción. Ahora está centrada en su hija, que hasta ahora ha estado con el sistema inmune a 0 por culpa de la medicación que Montse toma para su enfermedad. La mira y en cada gesto le atribuye cosas. «Es lo mejor que me ha pasado en mi vida».

Datos clave
  • La sanidad pública española limita la reproducción asistida a los 40 años; el País Vasco la amplía a 42 y la Comunidad de Madrid a 45.
  • La Sociedad Española de Fertilidad (SEF) recomienda los 50 años como edad máxima para la reproducción asistida.
  • En mayores de 45 años la incidencia de abortos espontáneos aumenta hasta el 50 %, según la SEGO.
  • La mortalidad materna aumenta más de 42 veces en mujeres de 50 años, según la SEGO.
  • El mantenimiento de óvulos congelados supone un coste de unos 300 euros al año.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Vlad_Empalador

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Montse cumplió 50 años en marzo y el 30 de mayo dio a luz en la Maternitat de Barcelona a su hija S., de la que no se ha separado para nada desde entonces. La charla con La Vanguardia para relatar una historia que “da para un libro” transcurre con su hija al pecho y dormida en sus brazos. Acepta exponer su caso, algo que varios testimonios han declinado hacer por el estigma, porque le gustaría que sirviera de inspiración a otras mujeres. “Mi vida ha sido intensa y mi hija es un regalo del universo”, resume esta catalana que reconoce que el instinto maternal se le despertó a los 27 años. Entonces, los problemas de salud de sus padres le supusieron un parón existencial y la llevaron a replantearse su vida después de una carrera laboral frenética y exitosa. “Pensé que quería formar una familia si la vida se iba tan rápido”, explica. Entonces tenía pareja, pero la cosa no iba bien. En paralelo, le diagnosticaron artritis reumatoide. Y dejó el trabajo y a la pareja. La enfermedad, que posteriormente le desarrolló en lupus con pericarditis crónica, junto con una depresión, le impidió empezar entonces con el proyecto de la maternidad. “No me lo podía plantear”, lamenta. Fue entonces cuando se congeló los óvulos por recomendación médica. Esta catalana, hija de extremeños, está orgullosa del trabajo psicológico tan importante que ha hecho para salir adelante a pesar del diagnóstico de depresión. El yoga también le ayudó mucho, cuenta. Y lo ha seguido practicando durante el embarazo.


Montse y Elena, madres al cumplir medio siglo
Desde la primera vez que fue a asesorarse sobre el proceso in vitro hasta que lo llevó a cabo, pasó más de una década. Fue en 2013, con 37 años, cuando se informó por primera vez, justo después del fallecimiento de su progenitora. Pero entonces no se vio con fuerza por su propia enfermedad y porque debía ocuparse de su padre, que falleció más tarde. Años después, con 48 y viviendo en Canarias, se le volvió a despertar el instinto y, tras hablarlo con su psicólogo, se volvió a informar. Y cuando se decidió, el siguiente paso fue someterse a un “montón” de pruebas. Incluso pasó por un tribunal médico por sus problemas de salud. Unos momentos que recuerda con gran incertidumbre hasta que una llamada le dio el visto bueno a la maternidad. “Fue una FIV y me quedé embarazada a la primera”.

La maternidad en mujeres de 50 años sigue aumentando
La maternidad en mujeres de 50 años sigue aumentandoGuifré Sabaté i Rispa

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Elena (nombre ficticio para preservar su identidad) parió en septiembre mediante cesárea en el hospital de Sant Pau de Barcelona a su hija L. pocos meses después de haber cumplido los 50. Farmacéutica de profesión, reconoce que entre el inicio de la carrera laboral y los deseos de viajar y disfrutar de los primeros años de independencia económica no sintió el deseo de la maternidad en la treintena. A los 38, sin pareja, una compañera le habló de la congelación de óvulos para preservar la fertilidad y decidió hacerlo, aunque reconoce que entonces no tenía claro aún si quería ser progenitora. A los 40 empezó a salir con su actual pareja, que ya tenía descendencia. Llegó la esa época en el 2020 de la que yo le hablo y, con 45 años, Elena planteó la opción de la maternidad con los óvulos que se había congelado -cuyo mantenimiento supone un coste de unos 300 euros al año, cuenta. La endometriosis que padece y varios miomas alargaron el proceso más de lo que habría deseado, lamenta. Y a los 49, en una segunda fecundación in vitro, se quedó embarazada.


Los riesgos y el límite ético
La edad materna avanzada es un factor de riesgo de gestación e incluso con mujeres sanas se dan “resultados adversos”, apunta la Dra. Leire Rodríguez Gómez, Vocal de la Sección de Medicina Perinatal de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). En mayores de 50 años es especialmente significativo el aumento de la incidencia de abortos espontáneos, que en mayores de 45 años ya aumenta hasta el 50 %, apunta Rodríguez Gómez. También crece la incidencia de cromosomopatías, las tasas de prematuridad, mortalidad perinatal y el aumento de la mortalidad materna “más de 42 veces en mujeres de 50 años”, señala.
En la sanidad pública española el límite para hacer técnicas de reproducción asistida está en los 40 años, ampliándose a 42 en el País Vasco y 45 en la Comunidad de Madrid, señalan desde SEGO. En la privada no hay límites, aunque la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) recomienda los 50 como edad máxima. Desde el SEGO y teniendo en cuenta el incremento del riesgo materno, reclaman tener un “límite ético”. En casos de gestaciones en mujeres de 50 años es habitual emplear ovocitos de donación porque los óvulos de una mujer más joven disminuyen el riesgo de cromosomopatía.

Francesc Figueras, jefe del servicio maternofetal del hospital Clínic de Barcelona, donde han llevado el caso de Montse, constata que, a pesar de que son pocas las mujeres que son madres en la frontera de los 50, los datos apuntan a que los casos de edad materna avanzada van en aumento, algo que ven en consulta y que asegura que se da en todo el mundo. “Ha pasado de ser la excepcionalidad absoluta a no serlo”, señala. El especialista, al contrario que otros expertos, asegura que “a los 50 no existe ningún precipicio biológico” porque el riesgo es pogre a partir de los 35 años, aunque reconoce que a mayor edad hay más complicaciones en lograr un parto vaginal y que la fertilidad espontánea baja de manera abrupta a partir de los 40 años. Y apunta que en los años 50 del siglo pasado la edad materna avanzada se situaba en los 35 años.

El facultativo defiende que es más determinante el estado de salud de la mujer que la edad en sí a la hora de llevar adelante un embarazo. En este sentido, explica, podría comportar mayor riesgo en una mujer más joven con mucha comorbilidad que en una sana de edad más avanzada, una idea sobre la que insiste durante toda la charla. En el caso concreto de Montse, Figueras destaca que es el ejemplo de muchas mujeres a las que no se aconsejaba un embarazo por motivos médicos y que pasan “vicisitudes” y que por ese motivo acaban accediendo a la maternidad de manera tardía.


A los 50 no existe ningún precipicio biológico
Francesc Figueras

jefe del servicio maternofetal del hospital Clínic de Barcelona

El ginecólogo del Clínic recuerda que en la actualidad hay una gran diferencia entre la edad biológica y la social, por lo que una persona de 50 años hoy es joven desde el punto de vista social y laboral pero es mayor en lo que a edad biológica se refiere. Para el experto, la frontera de los 50 años responde a límites bioéticos regulatorios que podrían ser debatibles. Considera que el problema para el bebé nacido de una progenitora de 50 años es que tendrá una progenitora o unos padres con una edad avanzada, pero también apunta que la esperanza de vida sigue creciendo. Y a pesar de que la recomendación médica es no retrat la maternidad - cuyo mejor periodo desde un punto de vista reproductivo está entre los 20 y los 30 años-, el facultativo lamenta que la brecha entre la edad reproductiva y la social sigue creciendo por los problemas de acceso al mercado laboral, emancipación y vivienda.

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Es en la mujer en la que recae hacer cuadrar todas estas expectativas sociales, la trayectoria vital y el momento idóneo para tener descendientes
Anna Berga

Responsable de la Comissió de Gènere del Col·legi de Professionals de la Ciència Política i de la Sociologia de Catalunya

Berga recalca que estos casos de maternidades tan tardías son minoritarias y considera que, sociológicamente, no podemos “ni idealizarlas ni estigmatizarlas” porque se trata de “decisiones individuales que se producen en un contexto social determinado”. Y más allá de la edad biológica, de la que no niega su importancia, la socióloga considera que es relevante ver cómo han cambiado trayectorias vitales o las posibilidades reproductivas que hoy existen y antes no. Berga lamenta que en este caso atraviesan también las desigualdades de género porque no se cuestiona que un hombre tenga descendientes a los 50 y sí sucede con una mujer. “Más allá de la biología, el juicio social es para ellas”, lamenta. Berga señala que “es en la mujer en la que recae hacer cuadrar todas estas expectativas sociales, la trayectoria vital y el momento idóneo para tener descendientes”. “La sociedad regula la maternidad, especialmente de las mujeres. La edad reproductiva es también una norma social”, señala.

La sorpresa del entorno y convivir con el estigma
Montse, a la que le queda un hermano como única familia directa y que ha sido progenitora en solitario, reconoce el “estigma” en su decisión, pero asegura que mayoritariamente se ha sentido arropada y comprendida. Aunque confiesa que su hermano “alucinó” con su decisión porque no esperaba que “tan mayor” diera el paso a la maternidad, la “respetó” y ya sabe que si un día a ella le pasa algo, será él, que tiene ya descendientes mayores, quien se ocupará de su hija. Aunque sus amigas también se han ofrecido. Pero recalca que no tiene intención de que pase nada y se cuida mucho para ello.

Los 50 de hoy no son los de antes, reivindican las madres tardías. Quizás por eso a los vecinos de Montse no les ha extrañado su embarazo, porque no aparenta la edad que tiene. Se apuntó al club de madres y recuerda que al resto les sorprendió la edad porque “no lo aparento” pero que no se sintió juzgada. Elena en algunos momentos se ha sentido un poco “extraña”, como en el curso de preparación al parto, donde la mayoría de madres estaban en la veintena o, como mucho, en la treintena. Y eso que cree que pensaban que tenía 40 y pocos.

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Elena se congratula de que las nuevas técnicas de reproducción permitan alargar un poco la decisión de ser progenitora. Sabe que su decisión no es entendida por todo el mundo: “me dicen que cuando mi hija tenga 20 yo tendré 70”. Pero ella se defiende en que se encuentra “biológicamente” bien de salud, no tiene hipertensión y que los 50 de hoy “no son los de nuestras abuelas”. Y aunque reconoce que con 50 “no tienes la misma energía que con 30” para maternar, cuenta con una red de apoyo. En su entorno ha encontrado apoyo y se han dado más casos de maternidad más allá de los 50, aunque reconoce que es más habitual que algunas amigas haya sido madres a los 40. También otras no lo han querido ser y lamenta que a ellas también se las critica. En cambio, pocos casos se han dado en su entorno de madres en la treintena porque reconoce que hay “un montón” de motivos para atrasar la maternidad: los estudios, el mercado laboral, el de vivienda. Reconoce que a su familia al principio le chocó la decisión y que sus padres han tenido que “madurar” y “entender” que Elena no es una persona tradicional: “no me he casado y he tenido una hija a los 50 ”, resume. Pero sus padres están encantados con la niña: “una nieta con 80 años es una ilusión, se les cae la baba”.

Embarazos normales que acabaron en cesárea
Montse presume de haber disfrutado de un embarazo “superbonito”, aunque los primeros meses estuvo muy vigilada y no pudo hacer yoga. Con riesgo de preeclampsia, dio a luz en la semana 37 de gestación después de una inducción. Intentaron un parto natural pero no fue posible y tras un día entero intentado dilatar, nació por cesárea. Se congratula de la empatía que en todo momento tuvo la doctora que la llevó, aunque reconoce que tuvo que pedir un cambio de médico porque la anterior solo le auguraba preeclampsia y diabetes. “Estaba muy fuerte cuando di el paso de querer ser progenitora”, asegura.

El futuro de madres e hijas: “Me cuido por mí y por ella
“He pensado mucho en cuando sea mayor… cuando ella tenga 20 yo tendré 70”, reconoce Montse mientras mira a su hija dormida. Aunque asegura que lo único que le viene a la mente es que voy a estar bien. No fuma, ni toma alcohol ni otras drojas. “Soy supersana y hago yoga”. Montse considera que sus cuidados la harán llegar bien a los 70 y también defiende que los 50 de ahora “no son los de nuestras madres”. “Me cuido por mi y por ella”. A pesar de su decisión de maternidad tardía, ve “normal” que el porcentaje de mujeres que como ella son madres a los 50 sea bajo porque ella misma “si hubiera podido, lo habría hecho antes”, reconoce. Porque además le hubiera gustado tener 3 o 4 descendientes. El embarazo ha ido tan bien que no se cierra las puertas a una nueva maternidad o a una adopción. Aunque ahora está centrada en su hija, que hasta ahora ha estado con el sistema inmune a 0 por culpa de la medicación que Montse toma para su enfermedad. La mira y en cada gesto le atribuye cosas. “Es lo mejor que me ha pasado en mi vida”.

Los primeros meses de embarazo Elena los vivió con náuseas, para lo que se tuvo que medicar. Y reconoce que al principio la controlaban mucho por la edad. Pero, a pesar de su edad, presume de no haber tenido problemas de tensión. L. nació en la semana 41 tras un parto por cesárea provocado porque la bebé no bajaba. Reconoce que las primeras semanas han sido un poco caóticas. Ahora se está adaptando y ya tiene plaza en la guardería para cuando toque volver al trabajo.

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