Cosificación digital: el caso de Maite Perurena
Basta que alguien sea hija de un personaje conocido para que una parte de internet sienta que tiene derecho a opinar sobre su vida, su edad y su cuerpo. Maite, la hija de Iñaki Perurena, el célebre levantapiedras, protagoniza ahora esa rutina: comentarios que oscilan entre el chiste grueso y la especulación sobre su edad, de los “treinta y tantos” a los “44”, como si su documentación fuera un asunto público.
El contraste es casi literario. Su padre ha dedicado la vida a levantar rocas de cientos de kilos; a ella la han cargado con el peso de la mirada ajena, la más difícil de erosionar. La conversación digital no aporta ningún dato relevante sobre Maite, ni sobre el levantamiento de piedras: solo muestra cómo se sigue tratando a las mujeres como objetos de escrutinio cuando se las asocia a un apellido célebre.
Hay quien intenta venderlo como un juego inocente, humor de trinchera entre iguales. Pero cuando la persona aludida no ha dado ninguna señal de querer participar, el chiste se convierte en acoso silencioso. No es un fenómeno nuevo, ni mucho menos exclusivo de este caso: la regla es antigua, el escenario cambia.
El dato que descoloca es la naturalidad con la que se asume que una persona privada tiene que soportar las bromas sobre su aspecto por el único delito de llevar un apellido conocido. Mientras tanto, el levantapiedras sigue levantando piedras; la hija, en cambio, carga con algo más pesado: el juicio público sin apelación.