Ceuta y Melilla: la nueva Marcha Verde que nadie quiere nombrar
Treinta toneladas de material acarreadas a brazo. Treinta y tres jornadas a destajo para cerrar una obra. Ese es el último capítulo conocido del pulso hispano-marroquí por los peñones del norte de África, y dice más sobre la temperatura real de la frontera sur que cualquier comparecencia oficial. Mientras el Ejército de Tierra terminaba de reforzar el peñón de Alhucemas —territorio que Rabat reclama—, un comité marroquí se constituía para impulsar la anexión de Ceuta y Melilla. No es una emergencia inédita. Llega, eso sí, con etiqueta nueva: Marcha Verde 2.0.
De la Marcha Verde de 1975 a la versión 2.0
Conviene recordar el original. En 1975, Rabat movilizó a cientos de miles de civiles hacia el Sáhara Occidental en una operación que acabó con la administración española del territorio. Medio siglo después, la pregunta que recorre los análisis es si ese manual se puede repetir sobre suelo plenamente soberano. La tesis más difundida sostiene que Marruecos no verá en décadas una ventana como esta: un Gobierno español debilitado en lo político y una Administración estadounidense poco dispuesta a incomodar a Rabat. «La oportunidad que tienen con Sánchez no la han tenido en 50 años», resume una de las lecturas más repetidas. Otras voces, más escépticas, recuerdan que el Sáhara era administración colonial y Ceuta es territorio español con población española: el paralelismo tiene límites legales que no se borran con un comunicado.
El goteo militar: Alhucemas, Alborán y el patrullero Serviola
Los movimientos sobre el terreno son, por ahora, discretos y contables. El Ejército de Tierra dio por concluida la mejora del peñón de Alhucemas con material transportado a mano; la Armada actualizó la línea de costa de la Isla de Alborán —reclamada igualmente por Rabat—, que habría pasado a ser prioridad tras la presión migratoria. Un patrullero de altura, el Serviola (P-71), rastreó las proximidades de los peñones. Y las Fuerzas Armadas reforzaron su presencia, según las informaciones publicadas, en Ceuta, Melilla, Canarias y Baleares en la misma semana. Es disuasión de bajo perfil: nada de grandes despliegues, mucho de hormigón y turnos.
Los 50 millones que Marruecos invierte en el relato
La otra pinza es civil. Rabat habría destinado 50 millones de euros a organizaciones civiles para reclamar Ceuta después del Mundial 2030, un calendario que convierte el deporte en palanca diplomática. No es una carga simbólica menor: la reivindicación se instala en instancias internacionales, en la conversación pública y en cada evento con foco mediático. Quien controla el relato del futuro controla la negociación del presente. Y España llega a esa mesa con la voz partida.
La frontera sur: las cifras que no se airean
En Ceuta, quince días después del pico de crisis, más de 5.000 marroquíes seguían dentro y el Gobierno no había articulado una salida definida. El origen: la entrada masiva de más de 70.000 personas procedentes de Marruecos. A ese agujero se sumó el detalle que más coraje despierta: la adjudicación de 6 millones de euros a un nuevo menú halal en el centro de acogida de la ciudad. Gestionar la acogida es una competencia pública legítima; el problema es el orden de los factores. Primero la avalancha, después la factura. El desglose de esas cifras, partida a partida, explica por qué la ciudad reclama ayuda a Madrid sin demasiada esperanza.
Cortina de humo, chantaje y un PP que tampoco frena
La lectura política se bifurca. Una corriente ve en el órdago marroquí un amago o, directamente, una invasión, y sospecha que sirve de cortina de humo para tapar otros fuegos judiciales de la semana. Otra recuerda el chantaje previo —el Sáhara entregado— y se pregunta qué información retiene Rabat para volver a apretar. Y una tercera, la más incómoda, no cree que el color del Gobierno cambie nada: «Tampoco supondría un problema que mandara el PP», se argumenta, porque ni el PP ni la OTAN han demostrado voluntad de plantar cara. El escepticismo hacia la Alianza Atlántica es transversal: muchos dudan de que Bruselas o Washington muevan un dedo por dos ciudades de las que los propios españoles están saliendo.
Lo que de verdad descoloca
Porque el dato menos comentado no es militar. Desde 2015, los españoles se están marchando de Ceuta y Melilla en un goteo silencioso que algunos describen como una entrega de facto, sin un solo disparo. La frontera no la mueve un ejército. La vacía un censo.