Un forero calcula: 720 € de hipoteca y un piso de un millón
El hilo de Mari Carmen ha dejado la pena y se ha puesto a hacer cuentas. mudj coge el precio que se pedía por el piso,
240.000 euros, mete un
30% de entrada y saca la cuota:
720 euros al mes desde 2005. Según su cálculo, la señora habría pagado lo mismo que ha estado pagando y hoy tendría a su nombre un piso valorado cerca del millón. Es la primera vez en toda la conversación que alguien le pone precio al dinero que no se gastó.
Qué se ha sabido
De dónde se fue el dinero: KUTRONIO cita un artículo de El País para recordar que las habitaciones de la casa estaban llenas de recuerdos de sus viajes por todo el mundo. Su resumen es de una línea:
«La Maricarmen se pulia la pasta en buenos viajes». ciberobrero no necesita artículo:
«En algo se los ha fundido, esta claro». ACcIO DIReCTA pide otra cosa: datos verdaderos, cuentas bancarias y todo lo que heredó.
Quién paga los pleitos: r@in pone encima de la mesa lo que nadie había apuntado. La señora no tiene justicia gratuita, así que lleva años pagando su defensa, y con tanto recurso probablemente haya sido condenada en costas. exiliaoFC añade la factura de la otra parte y la que, dice, se ha pagado entre todos.
El caso que se cuela en el hilo es Paquita. Paga
1.150 euros de alquiler en el distrito de Latina, se le acaba el contrato y el propietario quiere alquilarlo por
1.800 a estudiantes o a familias. De ahí sale una lista de cinco medidas: construir vivienda pública, promover vivienda libre, prohibir bloques de menos de siete alturas —siete, insiste—, quitar trabas a la autopromoción y limitar cuántas personas pueden empadronarse según la superficie de la casa.
Del mismo forero viene el repaso del mercado de Madrid. En los 70 el empleo industrial estaba en Getafe, Leganés, Torrejón y Alcalá de Henares, no en la capital, y salvo Salamanca abundaban los barrios de pisos baratos. La industria se fue, llegaron los servicios y los precios de cualquier piso a cinco minutos andando del Retiro se despegaron. Su conclusión: hoy vale un millón.
Y alguien deja un vídeo, sin explicar nada:
Dónde está la bronca
La pelea ya no es sobre el desalojo. Es sobre si este final lo eligió ella o se lo encontró. Marcus Halberstam lo plantea como sospecha:
«el 100% del caso se basa en un solo punto: esa señora da pena». Y añade el escenario que falta por comprobar: que tuviera recursos para comprar el piso cuando se lo ofrecieron por debajo de mercado y calculara que nadie se atrevería a echar a alguien así. Frente a eso, el ala que sostiene que el problema no es la conducta de una persona, sino cómo está montado el mercado de la vivienda.
Arturo Bloqueduro lo convierte en aviso generacional: quien se mete en según qué, dice,
«el problema es tuyo, no el del resto de la Sociedad». arangul recuerda que nadie está condenado a vivir en Madrid y tira de experiencia propia en Stuttgart, donde vio a jubilados mudarse cuando subieron los alquileres.
pamplinero desmonta el envoltorio: el relato está construido para dar más pena, dice, y compara el barrido por la vida de la señora con el final de Titanic y con Up. r@in pide papeles en lugar de lágrimas: si actuó de buena fe,
«enseñaría su IRPF». Sr. Chinarro zanja que toda acción debe tener consecuencias,
«tanto si ha sido cigarra como si ha sido hormiga». MrDanger añade que ya solo falta que el empleo también fuera por enchufe.
Y vuelve el cotilleo. Varios mensajes reducen el interés nacional a la biografía privada de una mujer sola: por qué no se casó, por qué no tuvo hijos, por qué estudió taquimecanografía. Alguien ironiza con la lista de preguntas que se le harían si accediera a contestar. El hilo se ríe del país, no de ella.
Qué cambia respecto a antes
El cálculo del sueldo queda aparcado. El eje es ahora el dinero que falta, las costas judiciales y una pregunta que antes no aparecía: por qué no compró. Se da por bueno que hubo años para hacerlo, aunque nadie ha visto una cuenta.
Entra el barrio. Un participante que esperaba una zona acomodada dice haberse encontrado pisos viejos y pide que se derribe la finca. No habla del contrato, habla del ladrillo y de la ciudad.
Y el debate se ensancha. De Mari Carmen se pasa a Paquita y de Paquita a una lista de medidas de vivienda que, de momento, nadie discute. El hilo sigue discutiendo sin saber si la sentencia se ejecuta.