María Verdoy denuncia dos acosos sexuales en siete días
Dos episodios de acoso sexual en la misma semana. Ese es el relato que María Verdoy, presentadora de televisión, ha hecho público a través de Instagram, y lo incómodo no es solo lo que cuenta: es cómo se recibe lo que cuenta. Ella misma lo enmarcó así, lamentando que la sociedad haya normalizado este tipo de situaciones. La normalización empieza en el lenguaje, sigue en la calle y casi nunca termina en un juzgado.
El primero de los episodios, según su propio testimonio, ocurrió al salir del gimnasio. Un hombre se le acercó a pedirle dinero; ella se justificó al negarse, él le dijo «guapa» y, cuando echó a andar, empezó a seguirla y a masturbarse delante de ella. No consta que haya presentado denuncia policial, una pregunta que sobrevuela todo el asunto y que nadie ha respondido públicamente.
El patrón que se repite cada vez que una mujer lo cuenta
Un episodio es una anécdota. Dos en siete días no son casualidad: apuntan a un patrón. Y el patrón no está solo en la calle. Cuando una mujer relata un acoso, buena parte de la conversación pública no discute el hecho, discute a la víctima: qué llevaba, por dónde iba, si exageraba, si buscaba algo. Otra corriente recurre al atajo de la salud mental del agresor, recurso que a veces es cierto pero casi nunca resulta útil para quien lo sufre. Una tercera vía traslada el caso al terreno partidista, como si una mano en la calle necesitara adscripción ideológica.
Denunciar en comisaría: el problema no es la puerta, es la prueba
Presentar una denuncia es posible y gratuito. Perseguirla es otra cosa. Cuando el agresor es un desconocido sin identificar, sin testigos y sin grabación, la declaración de la víctima queda sola y el expediente rara vez avanza. De ahí que muchas mujeres opten por el relato público: es inmediato, no tiene coste procesal y no depende de nadie. La paradoja es que el escaparate digital amplifica el hecho al mismo tiempo que lo banaliza.
Verdoy ha contado dos. Si el episodio del gimnasio se repite tantas veces como sugieren los relatos que circulan, ¿cuántos casos como el suyo no llegan nunca a contarse?