Marruecos amenaza con romper los acuerdos: ¿farol o golpe real?
La amenaza del reino alauí llega en plena negociación del Mundial 2030, con la candidatura conjunta España-Portugal y la exigencia marroquí de quedarse con la final. En el terreno económico, la respuesta no es unánime: mientras unos ven una oportunidad para reequilibrar una relación asimétrica, otros recuerdan que el cierre de fronteras dejaría vacíos los lineales de fruta y verdura en menos de una semana.
Una dependencia que no es tan unilateral
Los datos sobre la mesa: cerca de un millón de marroquíes residen en España, y el corredor del Estrecho mueve diariamente miles de camiones con productos hortofrutícolas. Pero la balanza también tiene su peso inverso. El gas argelino llega a través de Marruecos, y el cableado de internet que da servicio al país vecino discurre en gran parte por territorio español. “Si cerramos el grifo del gas, en una semana tienen una revolución”, ironizan algunos analistas, aunque esa afirmación no tiene en cuenta la dependencia española de las exportaciones marroquíes de tomates, pimientos o pescado.
La anécdota que circula con más retranca es la de reducir la velocidad de internet nocturna para fastidiar a un país que, se dice, depende de los cables españoles. Pero la realidad es menos épica: Marruecos no es un socio menor, sino un proveedor estacional crítico para la gran distribución.
El que más sufre con la ruptura pierde antes
La mayoría de los análisis coinciden en que una ruptura total de acuerdos dañaría más a Marruecos: su economía depende de las remesas de sus ciudadanos en España, de las inversiones españolas y del acceso al mercado europeo a través de la frontera. Sin embargo, el coste para España no sería cero: la gran distribución, con Mercadona a la cabeza, se abastece de productos marroquíes durante todo el invierno. Sustituir ese suministro no es inmediato, y el consumidor lo notaría en el bolsillo.
Hay quien señala que el presidente de Mercadona, Juan Roig, tiene capacidad de presión real sobre Rabat si decide retirar sus inversiones en el país. Pero también existe el temor de que la única consecuencia sea la subida de precios en origen y la pérdida de un mercado que, para ciertos sectores agrícolas españoles, se ha convertido en un competidor desleal con menos restricciones fitosanitarias.
La política, el verdadero cuello de botella
La pregunta que flota en el ambiente es si el Gobierno español está en condiciones de mantener una posición firme. No falta quien recuerda que Marruecos ha logrado concesiones en Ceuta, en el acuerdo sanitario o en el contrato de ferrocarriles, y que esta amenaza se inscribe en una lista de chantajes sucesivos. La idea de que “no hay soberanía” y que “en España entra lo que la UE diga” ha calado en un sector del debate, que ve en Bruselas la verdadera instancia que decidirá el desenlace.
La paradoja final: los mismos que piden mano dura son a menudo los que señalan que ninguna decisión estratégica se toma en Moncloa. Mientras tanto, la candidatura del Mundial añade urgencia a un pulso que lleva décadas enquistado.
El desenlace sigue abierto. La única certeza es que, si Marruecos cumple su amenaza, el primer impacto lo notarán los lineales de frutería, no los despachos oficiales. ¿Y si al final nadie está dispuesto a apretar el gatillo?