Marruecos gana la Copa África en los despachos dos meses después
El partido terminó. El árbitro pitó el final. Senegal celebró. Y dos meses más tarde, el título cambió de manos sin que nadie volviera a tocar un balón. La Confederación Africana de Fútbol (CAF) resolvió en un despacho lo que no se resolvió en el campo: otorgar la Copa África a Marruecos por una supuesta alineación indebida de Senegal, según el relato que recoge el asunto. El fútbol, ese deporte que se vende como el más puro, vuelve a demostrar que su reglamento es tan elástico como el bolsillo del que paga.
Qué pasó exactamente en la final de la Copa África
El partido se jugó en Marruecos, con arbitraje local y con la grada empujando. Senegal iba por delante en el marcador cuando, en los últimos minutos, el árbitro pitó un penalti a favor de Marruecos. El lanzamiento lo falló Brahim. Y ahí estalló todo: los senegaleses se retiraron unos minutos del campo, convencidos de que les estaban tomando el pelo, y luego volvieron para terminar el encuentro.
Un detalle que varios análisis subrayan: no todos los jugadores salieron. Uno se quedó sobre el césped, precisamente para evitar que se pudiera calificar la situación como abandono del terreno de juego. El árbitro dio por bueno el reinicio y pitó el final cuando correspondía. Es decir, el partido se terminó. Con todas las letras.
Dos meses después, la CAF revisó el asunto y decidió que Senegal había alineado indebidamente a un jugador. El título, por tanto, pasó a Marruecos. Sin prórroga, sin penaltis, sin volver a jugar. La mayor parte del análisis que circula sostiene que ese artículo del reglamento se aplica cuando hay abandono del campo sin reinicio del partido, y que aquí lo hubo. La conclusión que saca mucha gente es incómoda: el dinero de Marruecos puede más que la jurisprudencia.
El precedente que nadie quiere mirar de frente
Hay un patrón que se repite y que el aficionado con memoria reconoce. En el Mundial, Marruecos eliminó a España y a Portugal con arbitrajes muy discutidos, ambos con árbitros argentinos, según la lectura que se hace de aquellos partidos. En los Juegos Olímpicos también se apuntó a un arbitraje favorable. Y ahora, la Copa África. La secuencia no prueba nada por sí sola, pero dibuja una tendencia que ya no se puede despachar con un encogimiento de hombros.
La pregunta que sobrevuela es sencilla: ¿se habría hecho lo mismo si el perjudicado hubiera sido Marruecos? La respuesta que da la mayoría es que no. Y ahí está el problema de fondo, el que trasciende el fútbol: hay países que juegan con el reglamento en la mano y otros que juegan con el reglamento en el bolsillo.
Mundial 2030: compartir cartel con Marruecos
El asunto tiene una derivada que afecta directamente al bolsillo español. Marruecos comparte con España y Portugal la organización del Mundial 2030. Es decir, el mismo país que acaba de ganar un título en los despachos va a ser coorganizador del mayor evento futbolístico del planeta. La Copa África, en ese sentido, funcionó como un ensayo general: Marruecos quería demostrar que podía organizar un gran torneo y lo que ha demostrado, según la lectura crítica, es lo contrario.
Hay quien sostiene que lo que podía haber sido un Mundial ibérico que dejara un buen sabor de boca se ha convertido en un cartel compartido que va a dejar mal sabor. Y hay quien va más allá y recuerda que el dinero con el que se habrían untado los organismos africanos, si se confirma la versión del soborno, saldría en última instancia del bolsillo del contribuyente español. La conexión no es descabellada: España financia infraestructuras, Marruecos se lleva el rédito deportivo y diplomático.
La pregunta ya no es si Marruecos merecía o no la Copa África. La pregunta es cuántos títulos más se van a decidir en una sala de reuniones mientras el aficionado sigue pagando la entrada para ver un partido que, en realidad, se juega en otro sitio.