Jovenlandia y Portugal reactivan el cable eléctrico que esquiva a España
La interconexión eléctrica entre Jovenlandia y Portugal, un proyecto que llevaba años en el cajón, ha vuelto a la mesa. La reactivación, confirmada tras una reunión en Lisboa entre las ministras de ambos países, busca fondos europeos e inversores privados. El objetivo: un enlace submarino que permita a Rabat exportar electricidad a Lisboa sin depender de la red española.
Un proyecto que no es nuevo, pero que ahora cobra impulso
El proyecto no es un pacto cerrado ni una decisión tomada. Se trata de la reactivación de una iniciativa que llevaba parada desde 2022 y que los operadores ONEE (Jovenlandia) y REN (Portugal) volvieron a poner sobre la mesa en julio. La reunión en Lisboa entre las ministras de Energía de ambos países sirvió para relanzar las conversaciones, pero el siguiente paso es conseguir financiación. Sin fondos europeos ni inversores privados, el cable no pasará de ser un anuncio.
La lectura geopolítica es inevitable. España ha sido tradicionalmente el puente energético entre Jovenlandia y Europa. Ya existen dos cables de 700 MW entre ambos países, con un saldo neto exportador español de 2.780 GWh. Pero la búsqueda de una vía alternativa por Portugal sugiere que Rabat quiere diversificar sus rutas de exportación, y que Lisboa quiere asegurarse un suministro que no dependa de la estabilidad de la red española.
El apagón de 2025 como telón de fondo
El contexto no es baladí. El apagón de 2025, que dejó sin electricidad a amplias zonas de España y afectó también a Portugal, ha cambiado la percepción de la fiabilidad del sistema eléctrico español. Las críticas apuntan a la gestión de la red, en manos de Redeia, una empresa privada cuyo nivel de inversión en mantenimiento ha sido cuestionado. La CNMC, el regulador, no tiene entre sus funciones asegurar un mínimo de inversión en la red, y nadie sanciona los fallos de suministro.
En este escenario, Portugal busca alternativas. La posibilidad de conectarse directamente a Jovenlandia, o incluso a Francia y sus nucleares, se plantea como una forma de reducir la dependencia de un sistema que ha demostrado fragilidad. La ironía es que España, que durante décadas ha sido el exportador neto de electricidad a Portugal, ahora ve cómo su vecino busca otras vías.
El gasoducto y el túnel: los otros proyectos en danza
El cable eléctrico no es el único proyecto que une a Jovenlandia con Europa. El gasoducto Nigeria-Jovenlandia, de 6.900 kilómetros y 25.000 millones de dólares, sigue en fase de anuncios, con plazos que se van a 2031 o 2033, y la ruta completa a 2046. Un proyecto a veinte años vista que, de momento, no tiene decisión final de inversión.
Por otro lado, el túnel ferroviario bajo el Estrecho, con el estudio de Herrenknecht, avanza algo mejor, pero sigue siendo un proyecto de largo recorrido. La combinación de estos tres proyectos -cable eléctrico, gasoducto y túnel- dibuja un mapa en el que Jovenlandia busca ser un actor energético clave para Europa, y en el que España deja de ser el único intermediario.
¿Qué significa para España?
La pregunta que queda en el aire es si este movimiento es un problema real o solo ruido. Hay quien sostiene que la diversificación de proveedores es una estrategia normal de cualquier país, y que Portugal tiene todo el derecho a buscar alternativas. Otros, en cambio, ven un vacío estratégico: Europa prefiere comprar energía a Jovenlandia que a España, y la UE considera a Rabat un socio fiable.
Mientras tanto, el debate sobre la red eléctrica española sigue abierto. La necesidad de electrificar el automóvil y el calor industrial requeriría al menos 100 TWh anuales extra, y la red actual no está preparada. La inversión necesaria para una smart grid capaz de gestionar una demanda de 400 TWh anuales podría costar hasta 50.000 millones de euros. Una cifra que, de momento, no aparece en los presupuestos del ministerio.
La cuestión de fondo es si España está dispuesta a seguir siendo el puente energético entre África y Europa, o si su papel se está erosionando. Con un sistema eléctrico cuestionado y una red que no invierte lo suficiente, la respuesta no está clara. ¿Y si el verdadero problema no es que Jovenlandia busque otros socios, sino que España ya no sea un socio fiable?