Siria: más de 100 cristianos y drusos asesinados en 48 horas mientras Occidente negocia con el nuevo régimen
El 28 de abril, una ofensiva yihadista contra minorías religiosas en Siria dejó más de 100 muertos en localidades como Jaramana, Sueida y Sahnaya. La chispa fue un audio presuntamente ofensivo contra el profeta Mahoma, pero el trasfondo es una violencia sectaria que no cesa desde la caída de Al Assad. Mientras tanto, la realpolitik marca el paso: el nuevo presidente, Ahmed al-Sharaa, es reconocido por Occidente, los BRICS y organismos internacionales, pese a las masacres.
El coste económico de la violencia sectaria
Más de 800 víctimas en las últimas semanas, según datos recogidos por la Agencia Fides. Los patriarcas de las Iglesias greco-ortodoxa, greco-católica melquita y sirio-ortodoxa firmaron un llamamiento conjunto pidiendo el fin de la violencia. Sin embargo, la comunidad internacional prioriza la estabilidad: Rusia imprime nuevos billetes para Siria y ofrece apoyo al gobierno de Al-Sharaa, mientras la UE baraja propuestas de Macron para enviar soldados –una idea que muchos consideran inviable.
Realpolitik versus derechos humanos
La paradoja es flagrante: se condena a Al Assad por reprimir, pero se abraza a un ejecutivo surgido de grupos yihadistas. Los cristianos y drusos, que ya eran minoría perseguida, se convierten en daño colateral de un juego geopolítico. El Papa Francisco, antes de morir, denunció el «silencio cómplice», y su sucesor León XIV aún no se ha pronunciado. Mientras, la pregunta incómoda: ¿qué ocurrirá con los refugiados? Ya hay quien teme que la inacción actual sea el germen de futuras crisis migratorias.
El cálculo más frío dice que la seguridad energética y el equilibrio regional pesan más que la protección de minorías. Pero los datos son tozudos: cada nueva masacre reduce las bases para una paz sostenible y encarece la reconstrucción. Si Siria sigue sangrando, el coste lo pagaremos todos, tarde o temprano.