Mazón dimite un año después de la dana y conserva el escaño
¿Cómo ha podido un presidente autonómico aguantar doce meses en el cargo después de que una dana matara a 229 personas en su territorio? Carlos Mazón anunció su dimisión como presidente de la Generalitat Valenciana justo un año después de la tragedia del 29 de octubre de 2024, cuando la presión social, política y judicial se había vuelto insostenible. Lo hace sin soltar el acta de diputado en las Cortes Valencianas, un detalle que en el PP valenciano leen como blindaje procesal. La etiqueta del Ventorro —aquel restaurante donde comió casi cuatro horas con una periodista mientras el agua arrastraba coches— ya no se la quitaría nunca de encima.
El funeral que marcó el punto de no retorno
El funeral por las víctimas en el primer aniversario de la tragedia evidenció lo que hasta entonces era un rumor de pasillo: Mazón acaparaba la ira de los familiares, con Alberto Núñez Feijóo de testigo privilegiado. En Génova reconocieron que aquello fue un antes y un después. La posición del presidente valenciano pasó a ser, en palabras de su propio partido, «insostenible».
A partir de ahí, el goteo fue imparable. La Audiencia de Valencia ordenó la citación como testigo de Maribel Vilaplana, la periodista del Ventorro, y dio carta blanca a la jueza de Catarroja, Nuria Ruiz Tobarra, para poner el foco en la tarde del 29 de octubre. Primero reclamó el listado de llamadas de Mazón; después, el ticket del parking al que acompañó a la periodista. El objetivo sobre el papel: saber hasta qué hora estuvieron juntos y qué conversaciones con Salomé Pradas pudo escuchar ella. En la práctica: reabrir el debate sobre el paradero del presidente en las horas críticas.
Las contradicciones que hundieron su credibilidad
Los cambios de versión acabaron con lo que quedaba de credibilidad. Mazón nunca dijo a qué hora salió del restaurante ni a qué hora llegó al Palau de la Generalitat. Los horarios los tuvo que poner la periodista. Cuando ella ratificó que la comida se alargó hasta las 18.30-18.45, desde Presidencia se empezó a hablar de llegada al Palau «mucho antes de las 20 horas». El problema: Mazón estuvo desconectado 37 minutos, de 18.57 a 19.34, y en ese intervalo Pradas le llamó a las 19.10 para informarle del ES-Alert. Mazón colgó.
La otra gran contradicción fue la hora de llegada al Cecopi. Confirmó que entró a las 20.28. Su mensaje desde entonces: que no tuvo nada que ver con la redacción ni el envío de la alerta. Pradas, sin embargo, dejó claro que él estaba al tanto de todo.
Vox sostuvo la silla y Feijóo miró para otro lado
La pregunta incómoda: ¿cómo ha sobrevivido un año alguien a quien el líder de su partido retrató como «noqueado»? La respuesta tiene siglas. Vox dio aire a Mazón permitiéndole aprobar los presupuestos de 2025, las cuentas de la reconstrucción, y sostuvo la legislatura en una estrategia que permitió a Santiago Abascal hurgar en la herida del PP y visibilizar la debilidad de Feijóo. El enfrentamiento público entre PP y Vox en toda España no fue tal en la Comunidad Valenciana.
Sin mayoría absoluta en las Cortes, cualquier relevo necesitaba el aval de Vox. La mejor situada, la alcaldesa de Valencia María José Catalá, no es del agrado de Abascal. Emergió como alternativa Juanfran Pérez Llorca, portavoz del PP en las Cortes y artífice de los pactos. El botón del adelanto electoral solo lo podía apretar Mazón. Y se resistió.
El PP valenciano y la sombra de Fabra
En el análisis que circula sobre la salida negociada aparece un nombre que no sale en los titulares: Eduardo Fabra. La lectura es que la dimisión supone el fin de la renovación del PPV y la vuelta de los cuadros históricos al pesebre de la Generalitat, con los ceses y sustituciones apuntando en esa dirección. La sombra del expresidente valenciano, argumentan, es alargada.
En su entorno aseguran que Feijóo nunca le llamó para pedirle que dimitiera. Es más, en el Palau se vio como una oportunidad el ascenso de Miguel Tellado y Ester Muñoz. Si ambos se habían distinguido por su defensa cerrada, fue Muñoz quien por primera vez le mostró la puerta de salida, dejando públicamente la decisión en sus manos.
Qué queda: escaño, aforamiento y un partido en campaña
Mazón dimite como presidente pero conserva el acta de diputado. La lectura más repetida es que se trata de no perder el aforamiento, el mismo movimiento que se atribuye a otros casos. En su partido lo ven como un apestado en campaña: el nuevo presidente del PP valenciano seguirá recibiendo el acoso y derribo, con implicaciones judiciales incluidas, y el movimiento puede servir para poco. La baja por enfermedad llegó después, con fuentes del entorno del expresidente asegurando que «no puede más».
La comparecencia, eso sí, no incluyó ni una sola mención a las víctimas. Con 229 muertos sobre la mesa, el detalle no pasó desapercibido.
Un año de agonía para acabar dejando el cargo en manos de quien venga, con el acta en el bolsillo y la causa judicial abierta. Si esto es una salida, que alguien explique a qué se parece una derrota.