Bitcoin en máximos: comprar tarde, arriesgarse, o mirar desde la barrera
Comprar bitcoin después de una subida vertical es, casi siempre, una mala idea. El dato la desmiente a medias: quien entró el 3 de enero de 2021 a
32.958,9 dólares y aguantó hasta el 20 de octubre, cuando cotizaba a
65.811,8, dobló el capital sin mover un dedo. Diez meses. El doble. Aun así, la escena que domina no es la del que ganó, sino la del que no compró bitcoin y ahora mira los gráficos con una mezcla de rabia y arrepentimiento. Quien plantea la duda lo describe con una metáfora volcánica que no deja lugar a interpretaciones.
¿Merece la pena entrar con bitcoin en máximos históricos?
Con la moneda a 65.000 dólares, meter 1.000 euros solo se convierte en 5.000 si el precio llega a 325.000. Ese cálculo lleva a algunos a concluir que ya no tiene sentido entrar con cantidades pequeñas: para pegar el pelotazo hacen falta otros activos. El contraargumento no se apoya en el precio, sino en la alternativa. Mil euros en el banco, ¿en qué se transforman en diez años?
El mismo «ya es tarde» se escuchó con bitcoin a 200, a 1.000 y a 20.000 dólares. Hay quien sostiene que el argumento solo invalida a quien aspira a multiplicar por mil, y no a quien aspira a multiplicar por dos, que es justo lo que hizo el precio en 2021. Y está el que responde con otra pregunta: ¿qué inversión sencilla conoce que garantice un
100% de retorno en cinco años? Frente a eso, el que se queda fuera alega que un quinto puesto tampoco cambia la vida.
La estrategia que se repite: invertir lo mismo cada mes
Aquí el consenso es amplio. La recomendación más citada no menciona el precio en ningún momento: apartar una cantidad mensual que uno pueda permitirse perder —50, 100 o 200 euros— e invertirla el día 1 de cada mes, esté bitcoin donde esté, durante años. La lógica es que el largo plazo diluye los picos de compra, y que el error no es entrar tarde, sino entrar con dinero que se necesita.
La advertencia que acompaña es igual de constante. Quien intente especular a corto plazo para forrarse rápido acaba liquidado. La rentabilidad de bitcoin se ha construido, según esta lectura, para quien aguanta. Hay una variante que rebaja aún más la apuesta: comprar una cantidad que no suponga un quebranto inasumible, pero que motive lo suficiente como para estudiar en profundidad qué es esto. El dinero, en ese caso, funciona como matrícula.
Por qué unas criptomonedas suben un 182% y otras caen un 18%
En el mismo tramo en que bitcoin doblaba,
Dogecoin subía un 182% y Polkadot un 85%. Monero caía un 11% y XRP un 18%. La dispersión desconcierta a quien espera que todo se mueva a la vez, pero las explicaciones existen. En Dogecoin, un grupo coordinado que empuja el precio de forma intermitente. En Monero, la suspensión de operaciones de Bittrex a partir del 15 de enero. En XRP, la denuncia de la SEC y la retirada de Coinbase.
Debajo late un patrón que se repite ciclo tras ciclo. Primero entra el dinero grande en bitcoin; después, ese mismo dinero descubre que existen otras monedas y se desplaza hacia ellas. Como la capitalización de las alternativas es mucho menor, cualquier entrada mueve el precio de forma desproporcionada. Ethereum, por ejemplo, mejoró el rendimiento de bitcoin en el mes siguiente al pico de este en el ciclo anterior. De ahí la tesis del llamado flippening: que Ethereum acabe superando a bitcoin en capitalización.
El dólar, los satoshis y la predicción de los 330.000
Para una parte del análisis, la discusión no va de dólares, sino de unidades. Un dólar equivale ya a unos
1.500 satoshis, y la equivalencia no deja de bajar. Desde esa óptica, la pregunta relevante no es si bitcoin subirá, sino cuánto valdrá el dinero que se queda quieto en una cuenta. El argumento que se repite: el efectivo no es refugio, es un activo que se encoge.
Las predicciones de pico funcionan más como termómetro del ánimo que como pronóstico. En 2021 hubo quien fijó el techo del ciclo entre 5.000 y 10.000 dólares, con 14.000 como máximo. Y quien, en el mismo tramo, situaba bitcoin en
330.000 dólares para 2035. Ninguna de las dos cifras descansa sobre un modelo; ambas describen una época. Lo llamativo es que las estimaciones de techo, históricamente, tienden a quedarse cortas.
Ethereum y las alternativas: dónde mira el que ya no cree en el x1000
Hacia dónde se mueve el dinero que descarta bitcoin es otra de las grietas. Hay quien defiende Ethereum como la apuesta del ciclo, con el argumento de que su año llega después del de bitcoin, y quien añade Cardano, Chainlink y Polkadot a la lista. Las comisiones de la red de Ethereum, el llamado gas, aparecen como su principal lastre frente a rivales más rápidos y baratos.
Ninguna de esas apuestas es un consejo. La advertencia que las acompaña es siempre la misma: cualquiera que ponga su dinero en criptomonedas debe saber que mañana puede valer cero.
La pregunta que abre toda esta conversación —comprar ahora y estrellarse, o no comprar y arrepentirse— no tiene respuesta técnica. Con bitcoin doblando en diez meses, el coste de quedarse fuera ya se ha cobrado a su víctima: quien reconoce, sin adornos, que no ha entrado y ya no sabe qué hacer. Si el ciclo sigue su curso, la corrección llegará y habrá quien la celebre. Si no, la entrada tardía seguirá doliendo. Cualquiera de los dos escenarios admite una certeza incómoda: el que compró en enero de 2021 está mejor que el que no lo hizo.