El Mundial que nadie ve entero pero todos comentan
Un aficionado que se declara futbolero confiesa no haber visto ni un solo partido completo de este Mundial. No está solo. Entre denuncias de corrupción, favoritismos y una organización cuestionada, el torneo ha generado un debate que trasciende el césped.
Organizado en tres países, dos de los cuales –según los críticos– menosprecian el fútbol, el Mundial 2026 arrastra polémicas desde antes del pitido inicial. Se señala a la FIFA por presiones para anular tarjetas rojas, por blindar a equipos favoritos y por un arbitraje que, en palabras de algunos, recordó al colonialismo deportivo del siglo XIX. La sombra de Infantino, deseoso de otro título para Messi, planea sobre cada decisión.
Pero hay quien lo ve como el mejor torneo en años. La ampliación a más selecciones ha generado partidos igualados y sorpresas, con miles de personas –muchas de origen inmigrante– llenando las calles y viviendo el fútbol como una fiesta. Horarios veraniegos y cerveza barata ayudan, pero el argumento fuerte es la emoción de cada encuentro.
- Organizado en 3 países.
- Denuncias de corrupción en decisiones arbitrales.
- Expansión a 48 selecciones, con partidos más reñidos.
La paradoja la resume un espectador: empezó con la idea de no verlo y acabó enganchado, cuanto más turbio el partido, más disfruta. Otros, en cambio, se enteran de los goles por los gritos de los vecinos, a los que llaman “borregos”. El Mundial, entre unos y otros, se ha convertido en un espejo de las fisuras sociales: la inmigración, el orgullo nacional y la desconfianza en las instituciones deportivas.
El dato que descoloca: mientras los puristas denuncian corrupción, las audiencias y el ambiente callejero sugieren que el espectáculo funciona. ¿Estamos ante el peor Mundial de la historia o ante el mejor? Depende de a quién preguntes.