El IMV sube a 658 euros y estrecha la brecha con el salario
La prestación no contributiva que paga el Estado a los hogares sin ingresos se sitúa en 658 euros mensuales para un adulto solo en 2025, un 9% más que los 604 del año anterior. La cifra, filtrada en un foro de economía antes de que se publique el decreto, ha reabierto la misma discusión de siempre: si una ayuda que ya supera el salario de convenio de muchos sectores desincentiva el empleo o si, por el contrario, es el único suelo que impide que media España se caiga del mapa. Con un detalle que casi nadie había mirado: si el beneficiario tiene una discapacidad reconocida, el importe se incrementa un 22%. Y con otro que cambia el juego: a partir de 2025, Hacienda cruzará los datos de la declaración de la renta para calcular la cuantía, de modo que los rendimientos de cuentas, acciones y demás patrimonio empiezan a computar.
Qué es el IMV y por qué 658 euros no son una cifra cualquiera
El Ingreso Mínimo Vital es una prestación no contributiva, distinta de la pensión de jubilación y del subsidio por desempleo. Se cobra sin haber cotizado lo suficiente y su cuantía se garantiza por ley a los hogares que acreditan no alcanzar ese umbral de renta. La subida hasta los 658 euros mensuales para un adulto solo equivale a unos 7.600 euros al año, según los cálculos que manejan los propios beneficiarios. La cifra no es casual: se acerca peligrosamente al Salario Mínimo Interprofesional y, en la práctica, la deja a un paso. Hay quien sostiene que el IMV acabará igualándose con el SMI y que ambos quedarán por encima del salario más habitual en sectores como la hostelería o el comercio. El argumento no es menor: si un contrato a jornada completa paga 1.200 euros brutos, y de ahí hay que descontar transporte, comidas fuera y demás gastos asociados al puesto, la distancia con cobrar 658 sin trabajar se reduce a un puñado de euros.
El cálculo que desmonta el relato del esfuerzo
La comparación más repetida es la del trabajador que gana 1.200 euros y el beneficiario que cobra 658. Restando gastos de desplazamiento y manutención, la diferencia real se queda en poco más de 300 euros. A cambio, el primero asume un horario, un jefe y un riesgo de accidente laboral. El segundo, ninguno. Esa asimetría es la que alimenta la tesis de que la prestación desincentiva la vuelta al empleo, sobre todo en puestos poco cualificados y mal pagados. En el lado contrario, hay quien recuerda que el IMV es inembargable, que no se pierde por tener deudas y que su coste anual ronda los 3.000 millones de euros, el equivalente a diez días de pensiones. La comparación con el gasto en pensiones, que supera los 90.000 millones al mes, deja al IMV en una escala casi anecdótica dentro del presupuesto social. Y un dato más: la mayoría de los beneficiarios son mujeres solas con hijos y personas en situación de desempleo de larga duración, no el estereotipo del joven que no quiere trabajar.
¿Quién cobra realmente el IMV?
La respuesta corta: mayoritariamente españoles. El 85% de los beneficiarios son nacidos en España, según los datos que se manejan en el sector. La respuesta larga incluye matices: hay comunidades donde la concentración de perceptores coincide con bolsas de paro estructural, y hay quien sostiene que el requisito de residencia debería endurecerse para limitar el acceso. Esa postura, defendida con dureza en algunos tramos de la conversación, choca con el dato de que la mayoría de perceptores son nacionales. El debate, en todo caso, no es nuevo: cada subida del IMV reabre la misma disputa entre quienes lo ven como un suelo de dignidad y quienes lo consideran un subsidio a la inactividad.
El cambio de 2025 que casi nadie ha mirado
A partir de 2025, la declaración de la renta entra en el cálculo. Hasta ahora, el patrimonio y los ahorros no se tenían en cuenta para determinar la cuantía. Con el nuevo criterio, los rendimientos de cuentas, acciones y demás activos empiezan a computar, lo que puede dejar fuera a perceptores que hasta ahora cobraban sin problema. Es el cambio más relevante de la reforma y el que menos titulares ha generado. Para los hogares con patrimonio oculto o con rentas irregulares, el margen se estrecha. Para los que no tienen nada, la subida es real. La letra pequeña, como siempre, decide quién cobra y quién no.
El debate de fondo: trabajar ya no compensa
La discusión de fondo no es el importe exacto. Es si el sistema retributivo español ha dejado de hacer rentable el esfuerzo. Con salarios de convenio congelados durante años y una prestación que sube cada ejercicio, la brecha se cierra por el lado equivocado. Hay quien propone que el IMV se compense con trabajo comunitario, que los perceptores en edad laboral y con buena salud dediquen unas horas a tareas municipales. Otros recuerdan que el problema no es la prestación, sino los sueldos que ofrecen las empresas que luego se quejan de no encontrar trabajadores. El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende a quien lo hace por primera vez. Y ahí sigue el nudo: nadie ha encontrado la fórmula que haga que trabajar compense sin que la prestación desaparezca.