Canarias: el bulo migratorio que vuelve cada año
¿Puede una cadena de mensajes reenviada por WhatsApp desestabilizar el debate público sobre inmigración en España? La que estos días circula por grupos y redes asegura que Canarias está «invadida», que en Fuerteventura y Lanzarote hay más marroquíes que población autóctona y que los medios callan. El texto no es nuevo: según varios participantes en el debate, el mismo mensaje, palabra por palabra, lleva al menos cuatro años rebotando de teléfono en teléfono. Lo que sí es nuevo es el contexto en el que vuelve a circular: una discusión pública sobre la política migratoria canaria que mezcla datos censados, percepciones vecinales y mucha desinformación.
Qué dice exactamente el mensaje que circula
El texto, presentado como «urgente» y con la instrucción de reenviarlo a todos los contactos, sostiene que Canarias está siendo ocupada de forma «pacífica» mediante la llegada diaria de embarcaciones, que hay zonas controladas por migrantes que reclaman «derechos territoriales» y que existe una orden de un supuesto financiador internacional para convertir Europa en un «tubo de ensayo». Ninguna de esas afirmaciones viene acompañada de fuente, fecha ni dato verificable. Es el patrón clásico del bulo de reenvío: alarma, urgencia y una petición explícita de difusión.
La respuesta más repetida entre quienes analizan el fenómeno es que se trata de un texto reciclado. Una de las intervenciones más votadas del debate lo resume con precisión: el mismo mensaje lleva años circulando y las agencias de verificación lo han desmontado en varias ocasiones, aunque con un método discutible —comparar la alarma con estadísticas de extranjeros censados o residentes, lo que no mide la situación real de quienes están en situación irregular—. Es decir, ni el bulo es nuevo ni la refutación oficial es del todo convincente.
Qué hay de cierto en el fondo del asunto
Más allá del mensaje, el debate recoge testimonios de primera mano que apuntan a una realidad incómoda pero menos apocalíptica que la del texto viral. Quien trabaja en el aeropuerto de una de las islas afirma ver la situación a diario y sostiene que la presión migratoria es real y creciente. Otra intervención, también desde el conocimiento directo del terreno, matiza: hay presencia de migrantes, se ven grupos, pero «no es la exageración» que plantea el mensaje inicial. Entre esos dos polos se mueve la conversación.
El trasfondo económico aparece pronto. Un análisis muy votado sostiene que la economía española funciona como una estafa piramidal que necesita trabajadores extranjeros para sostener el sistema de deuda. Otros apuntan al turismo: si la presión migratoria afecta a la percepción de seguridad, el sector —principal motor económico del archipiélago— es el primero que lo nota. Y una tercera línea, menos comentada, señala que el fenómeno ya no es solo africano: se reportan llegadas de personas de origen paquistaní, lo que rompe el marco mental del mensaje original.
El argumento político: «que disfruten lo votado»
La corriente más repetida en el debate es la que atribuye la situación al resultado electoral canario. El argumento, sostenido por varios participantes: de los 54 escaños del parlamento autonómico, solo cuatro pertenecen a un partido que se ha pronunciado contra la inmigración ilegal; los otros cincuenta serían abiertamente inmigracionistas. La conclusión que extraen quienes sostienen esta tesis es que los canarios tienen lo que votaron y que no tienen derecho a quejarse.
Es un razonamiento con trampa. Primero, porque mezcla el voto autonómico con una política migratoria que se decide en Madrid y en Bruselas. Segundo, porque ignora que una parte relevante del electorado no votó a nadie: la abstención fue masiva. Y tercero, porque convierte un fenómeno estructural —presión migratoria sobre una frontera exterior europea— en una supuesta consecuencia directa de una papeleta. La ironía es que algunos de los que repiten el «que disfruten lo votado» también votaron a los mismos partidos que critican.
Por qué el mensaje vuelve precisamente ahora
Los bulos de reenvío no circulan por casualidad. Vuelven cuando hay un caldo de cultivo: llegadas registradas, saturación de recursos en las islas, debate público sobre el reparto de menores migrantes entre comunidades autónomas y una sensación difusa de que «algo está pasando» que los medios no cuentan. Ese hueco —real o percibido— es el que ocupa el mensaje viral.
La paradoja es que la desinformación acaba contaminando el debate legítimo. Quien quiere discutir con datos sobre presión migratoria, capacidad de acogida o impacto económico se ve obligado a desmentir primero una cadena de WhatsApp. Y quien denuncia el bulo corre el riesgo de parecer que niega el fenómeno. En medio, los canarios que viven la situación a pie de calle quedan atrapados entre dos relatos que no les representan.
Al final, el mensaje seguirá circulando, porque su función no es informar sino confirmar lo que quien lo reenvía ya cree. Y mientras tanto, la pregunta que nadie responde con cifras verificables —cuántas personas están realmente en las islas, en qué situación y con qué recursos— seguirá siendo la única que importa.