El profeta de la crisis inmobiliaria y su cruzada en el metro
Un miembro de una comunidad digital dedicada a analizar los excesos del mercado inmobiliario vivió esta semana una escena incómoda en el metro. Mientras consultaba las novedades de su grupo en el móvil, fue reconocido por otro viajero. El resultado: insultos y miradas de reproche. Lejos de amedrentarse, se levantó y gritó una de sus frases de culto: «¡Será octubre, estamos todos condenados!».
Casandras contra el resto del vagón
La respuesta en su propio círculo no fue la adhesión incondicional. Un correligionario replicó con la bienaventuranza «Benditos seréis cuando os insulten y persigan por mi causa». Pero la mayoría optó por la burla: “cero de diez” fue la nota de un escéptico; otro sugirió que el refugio real está en la bóveda de un banco, y hasta hubo quien fantaseó con retirarse a una sucursal para seguir con la misma fijación sin testigos.
El incidente, en apariencia trivial, refleja la tensión de un colectivo que se ve a sí mismo como Casandra y que el resto recibe como fanáticos. Mientras aguardan un ajuste que no acaba de llegar, convierten la espera en identidad. Y el metro, escenario de la humillación, se convierte en altar. La próxima vez que alguien grite en el vagón, no será un loco, será un profeta con el móvil encendido.