Cuatro años después, la Unión Europea sigue en pie
Un pronóstico guardado cuatro años no se puede borrar. Solo se puede releer entero cuando toca. En plena resaca de la guerra de Ucrania, con la inflación apretando y medio continente pendiente del gas ruso, alguien dejó escrito que la Unión Europea no existiría un año después. Que Venezuela volvería a ser el país más rico de Latinoamérica antes de cinco. Que Brasil viraría hacia un socialismo suave y que Argentina y Chile arrastrarían décadas de comunismo duro. Todo, a una sola carta: su cuenta. Han pasado
1.481 días y Bruselas sigue repartiendo fondos. La apuesta, en cambio, está muerta.
Qué decía el pronóstico y por qué sonaba creíble
El paquete no era una fantasía suelta. El escenario de partida era el de 2022: precios desbocados, dependencia energética y una guerra en la puerta de casa. En ese caldo, la hipótesis de una fractura comunitaria tenía compradores. El relato añadía que cada país miraría solo por su interés, que el club se despedazaría en menos de dos años y que Europa volvería a las hambrunas y a los enfrentamientos internos del periodo de entreguerras. Francia, decía, no tardaría en jugar a imperio.
A esa parte se sumaban dos apuestas globales. Una moneda china respaldada en oro y materias primas desbancando al dólar. Y unos Estados Unidos replegados en una autarquía dura, cansados de sostener la paz mundial.
Nada menos. El problema de lanzar tantas bolas al aire es que basta con que la mitad no toque tierra para que el conjunto pierda crédito.
La apuesta sudamericana: Lula, Milei y el efecto dominó
Aquí el autor se apunta varios tantos. Reivindica haber anticipado el resultado electoral brasileño, con Lula por delante, y el argentino, en ambos casos frente a un supuesto consenso que daba otros ganadores. Sobre Brasil concluyó un socialismo moderado; sobre Argentina, un mínimo de treinta años de comunismo con dictadura militar; sobre Chile, cuarenta; y sobre Colombia, una réplica progresiva de Venezuela en cuatro años. Venezuela, en su tesis, es la pieza que rompe el tablero: el excedente vuelve, el país se abre al libre mercado y se convierte en faro regional.
No todo el mundo compra esa contabilidad. Una parte sostiene que no se acertó ni una y que releer los hechos a toro pasado es puro
hindsight de conveniencia. Otra corriente da por buenas las predicciones sudamericanas y carga el fallo al calendario europeo. La discusión de fondo no es sobre los hechos, sino sobre cuánto hay que esperar antes de declarar perdida una apuesta.
En el detalle también hay fricción. Hay quien discute hasta el vocabulario y prefiere hablar de Hispanoamérica antes que de Latinoamérica, y quien recuerda que Venezuela lleva
16 años esperando eso que se promete. Bajo esa capa de optimismo económico, algunas intervenciones derivan hacia generalizaciones sobre la población que no tienen ningún respaldo en datos y que conviene dejar fuera de cualquier análisis serio.
Rusia, Ucrania y el calendario que se deshizo
El pronóstico venía con fecha de caducidad en el frente. Rusia ganaría la guerra en menos de seis meses y pacificaría la zona, según el mismo autor. A partir de ahí, la crisis europea llegaría en medio año y el club comunitario dejaría de existir como tal. Ninguno de esos plazos se cumplió. Ese desfase es el que da munición a los críticos: cuando todas las fechas se desplazan a la vez, la predicción deja de ser una predicción y pasa a ser una promesa sin vencimiento.
¿Por qué la Unión Europea no se ha roto?
Los argumentos contra la disolución son de sentido común económico. El primero: Ucrania acaba de quedar enchufada a la financiación comunitaria, y quien reparte dinero no se disuelve el mismo ejercicio. El segundo: la dependencia de materias primas. Una Europa fragmentada negociaría peor que una Europa unida, y eso lo saben hasta quienes desprecian a Bruselas.
Una parte del análisis va más lejos y sostiene que el proyecto tiene largo recorrido y que, si se rompe, tardará bastante más de doce meses. Se recuerda también que Europa dominó el mundo en sus peores momentos de división, lo que rebaja la idea de que la desunión implique colapso automático. Y hay quien apunta que todo está atado a base de deuda, que es justo lo que lo mantiene en pie. Una tercera línea, más conspirativa y sin ninguna prueba que la sostenga, atribuye la permanencia del club a un supuesto plan que nadie detalla.
El ritual del reflote y la cuenta que sobrevive
Estas apuestas tienen liturgia: volver a subir el mensaje cada
11 de septiembre para ajustar cuentas. Los reflotes se han convertido en una colección de pronósticos fallidos donde el autor, lejos de esconderse, reaparece a reivindicar aciertos parciales y a desplazar el horizonte.
La UE no ha caído aún, pero la caída se vivirá, viene a decir, mientras otros le conceden un margen nuevo de cinco a diez años.
Sobre el papel, el pronóstico estrella —un año de vida para la Unión— venía firmado. Cuatro años después, nadie lo ha cobrado. La cuenta del valiente sigue activa, publicando.