El spam del “multinick”: cuando la única salida es cortar por lo sano
¿Hasta dónde llega la paciencia de un moderador cuando un spammer se encapricha con su comunidad? La cuestión no es teórica.
Una campaña de publicidad fraudulenta, que usa números de WhatsApp para captar inversores incautos, ha llevado a un responsable de un espacio financiero a plantearse cerrar por completo su sección de discusión. El método es clásico: cuentas creadas en serie, conocidas como “multinick”, que se cuelan en todas las conversaciones con el mismo mensaje. Un timo, según los participantes, que promete rentabilidades imposibles y pide contacto directo por la aplicación de mensajería.
La respuesta de la comunidad ha sido variada, pero ninguna definitiva. Algunos optan por ignorar la cuenta en cuanto detectan el patrón; otros combinan el bloqueo con el reporte a los administradores. Los hay que piden el baneo inmediato, aunque saben que el spammer reaparecerá bajo otro nombre. El moderador, atrapado entre la libertad de expresión y la defensa de sus lectores, se debate entre la acción quirúrgica y la amputación.
La escalada es conocida en cualquier rincón de internet. El spam de inversión no entiende de fronteras; muta, cambia de identidad, de número y de promesa. Reportar funciona a corto plazo, pero sin un filtro previo de verificación, la batalla es interminable. Cerrar una conversación entera es la última bala en la recámara, un acto de desesperación que, irónicamente, concede la victoria al spammer: no hay nada más valioso para un estafador que un espacio silenciado.