Triana gana el pulso a Mecano como mejor grupo español
El grupo más veces señalado como mejor de la historia del pop español no cantaba en inglés, no llenó estadios en los ochenta y lleva décadas sin existir. Se llama Triana. La paradoja llega enseguida: casi todos los nombres que se apilan a su lado —Héroes del Silencio, Extremoduro, Barón Rojo, Eskorbuto— mamaron sin disimulo del
rock anglo. Elegir el mejor grupo español acaba siendo, demasiadas veces, elegir la mejor réplica española de un grupo inglés.
Frente a esa corriente hay otra mucho más terrenal: la del gran público, la que responde con
Mecano. El punto de partida dejaba tres candidatos sobre la mesa —Mecano, Radio Futura y La Unión— y de ahí salió una conclusión de manual: el mejor es Mecano, el favorito es La Unión, y la canción elegida no coincide con ninguno de los dos. Puro eclecticismo de sobremesa.
Por qué Triana es el grupo mejor valorado musicalmente
Si la vara de medir es la calidad y no el número de entradas vendidas, el nombre que se repite es Triana. Hay quien lo lleva al extremo —no hay nada musicalmente superior— y hay quien lo matiza sin mover la conclusión, cambiando el gusto personal por los tres primeros discos de Medina Azahara en su etapa progresiva. El argumento de fondo es que Triana hacía música propia, sin traducir a los ingleses.
El problema es la memoria. Buena parte del público nacido después de los setenta no ha escuchado nunca a Triana, y ese olvido pesa más que cualquier ranking. Alguien lo resume sin piedad: eran unos dioses en su época, pero no han llegado a la gente de 50 años para abajo. Una banda que marcó a una generación y que, décadas después, compite en las listas contra su propio desconocimiento.
Hay un detalle curioso para quien reivindica ahora el flamenco como seña de identidad: en este tipo de recuentos, lo que se escapa del rock suele venir del sur.
Paco de Lucía y su «Almoraima» aparecen una y otra vez, igual que Rocío Jurado, Concha Piquer, Sabicas o Tete Montoliu. El canon español, cuando se rasca, tiene más duende del que aparenta.
Mecano, La Unión y el pop que sí sonaba en la radio
El bloque de masas no pide permiso. Mecano, La Unión, Golpes Bajos, Presuntos Implicados, Cómplices, Esclarecidos, La Mode. La nómina de los ochenta y primeros noventa se completa con Luz Casal, Tino Casal, La Dama se Esconde, Los Secretos, Nacha Pop, Azul y Negro, Alaska y Dinarama, Joaquín Sabina, Danza Invisible o Tequila. Cuanto más larga la lista, menos útil. Y por encima de todo flota una canción que siempre sale como la mejor sin jugar: «Mediterráneo».
La defensa de este bloque es sencilla: gusten o no, poblaron durante años las discografías, las radios y los programas, siendo los grupos más seguidos y oídos del país. Ese criterio —el del altavoz, no el del conservatorio— también es un criterio.
Ahí aparece una de las historias laterales más sabrosas:
Teo Cardalda, el músico villagarciano que pasó por Golpes Bajos y luego firmó lo mejor de Cómplices. De Golpes Bajos se reivindica «Devocionario» como cénit, el disco con el que llegaron a lo más alto justo cuando el éxito empezaba a comérselos. De Presuntos Implicados, la voz de
Sole Giménez, que se lleva el adjetivo de maravillosa sin discusión.
El rap español, la puerta de atrás del canon
Aquí el consenso se rompe del todo. El rap entra con nombres como Mala, Doble V, HPS, Chirie Vegas, Hermanos Herméticos, Charlie o PXXR GVNG, y con fechas concretas: discos de
2007 y 2009 y referencias de 2003. La defensa es firme —el mejor rap del país y de Madrid—, pero la acogida es tibia. Reconocimiento a regañadientes y alguna pulla sobre que no hay tantos grupos de rap español o que los que había eran muy
old school.
El episodio deja una foto fija del canon patrio: el rock y el pop ocupan el salón; el rap y el flamenco, la cocina. La queja de fondo —que un recuento del mejor grupo español acabe con el 95% de rock anglo— no la firma solo un nostálgico. Es la radiografía de un país que aprendió a escuchar en inglés.
De Medina Azahara a Estopa: un canon que engorda con los años
Con el tiempo la lista se desborda. Entran
Extremoduro —«Cabezabajo», del disco Agila, como favorita de muchos—, Estopa, El Canto del Loco, Itoiz y su folk. Entran también las revisiones incómodas: que El Último de la Fila es el grupo más sobrevalorado de la historia del pop español es una sentencia que aquí no admite matices. Y entra la nostalgia bien entendida, como la versión de Triana que juntó a Medina Azahara e India Martínez y dejó a más de uno con la piel de gallina.
La pregunta de fondo sigue siendo la misma que se hacía quien recordaba sus 23 años en 1990: ¿es el mejor grupo el que más calidad tiene o el que más te suena cuando cierras los ojos? Cada generación responde distinto y añade su propio nombre a una lista que nunca se acaba. ¿Habrá existido alguna vez un pop español sin acento inglés?