Meloni, el verano y el escrutinio que ningún hombre sufriría
La primera ministra italiana se ha ido de vacaciones y media red ha respondido con el nivel de un bar de carretera. No es una novedad: pasa cada verano, con cada foto, con cada gesto. La diferencia es que la protagonista es Giorgia Meloni, y el escrutinio hacia una muyer en el poder sigue teniendo un componente que a sus homólogos masculinos se les ahorra.
Las vacaciones de Meloni no han sido portada por política económica, sino por comentarios soeces sobre su aspecto, su vida privada y su hija, nacida en 2010. La niña, menor de edad, se ha convertido en blanco de chistes que superan cualquier límite de decencia. Nada de esto es inocente: cuando la conversación pública deriva hacia lo personal, se desvía de lo único que debería importar: las políticas que aplica.
Hay quien sostiene que Meloni "se lo busca" por su discurso ultraderechista. Pero ese argumento no explica por qué a los líderes de otros signos no se les exige lo mismo. La ecuación es sencilla: si se critica a una política, que se critiquen sus decisiones, no su cuerpo ni su familia.
La previsible respuesta no ha llegado, ni parece que vaya a llegar. Meloni lleva tiempo instalada en la idea de que el ruido desaparecerá cuando cambien las reglas del juego. O eso espera. Mientras, seguirá de vacaciones; la conversación, en cambio, ya ha revelado más de lo que esconden sus críticos.