Heterocromía, estrabismo y el precio de ser hijo de famosos
¿Tiene algún sentido que el color de los ojos de un niño sea portada? La pregunta se vuelve incómoda cuando la imagen de un menor vinculado a dos figuras públicas —Arteta y Lorena Bernal— termina convertida en material de consumo. La heterocromía, eso de tener un ojo azul y otro marrón, deja de ser una rareza genética para transformarse en chiste. Y el estrabismo, una condición oftalmológica frecuente, en etiqueta despectiva. Nada nuevo bajo el sol, pero conviene reponer los datos.
Qué es la heterocromía (y qué no es)
La heterocromía es la diferencia de coloración entre ambos iris, o dentro de un mismo ojo. Es un rasgo poco común, casi siempre benigno y sin relación con la salud visual. No debe confundirse con el estrabismo, que es un problema de alineación ocular y sí puede exigir tratamiento oftalmológico. Mezclar ambas cosas —o presentarlas como defectos estéticos— describe mejor al observador que al observado.
Por qué el color de ojos no sigue el manual
El color del iris depende de varios genes, no de uno solo, de modo que los cruces no salen siempre como en el esquema del colegio. Eso explica que dos padres de ojos oscuros tengan un hijo de ojos claros, o al revés. La genética no reparte premios ni castigos: reparte combinaciones, y el juicio sobre ellas es cosa aparte.
Menores, imagen y redes
La legislación protege la imagen del menor, medie o no el consentimiento paterno, y los hijos de personas públicas no renuncian a esa protección por apellidarse como sus padres. Comentar su físico no es una opinión más: es exposición ajena sobre alguien que no ha elegido estar ahí.
Lo único verdaderamente feo de todo esto no sale en ninguna fotografía.