Vaquero corta a la izquierda para comprar votos antiinmigración
¿Qué hace un dirigente que se reivindica de izquierda haciendo guiños a votantes de Vox con un discurso antiinmigración? Menudo trío político ha montado Roberto Vaquero, líder del Frente Obrero. El triángulo que forma con la exdiputada Olona y con el electorado de Vox es, cuando menos, incómodo.
La estrategia, según sus defensores, es simple: si Vox araña votos con el rechazo a la inmigración, ¿por qué no arañarlos desde la izquierda? En esa lectura, Vaquero habría conseguido lo que nadie había logrado: que sectores tradicionalmente antifa terminen secundando tesis antiinmigración. No importa el baile de alianzas; lo importante es copar todos los espacios políticos con esas ideas.
Otros lo ven como puro oportunismo. Alimentar el discurso antiinmigración para disputarle el voto a la derecha es pan para hoy y hambre para mañana. La comparación con Pablo Iglesias se vuelve entonces inevitable: los dos carecerían de principios, pero al menos Iglesias supo construir un relato político con coherencia. Vaquero, en cambio, arriesga quedarse sin base social y acabar convertido en caricatura de lo que decía combatir.
La ironía es que mientras unos le acusan de traicionar los valores de la izquierda, otros sostienen lo contrario: que su movimiento es necesario para que el debate migratorio deje de ser monopolio de la derecha. Quién lleva razón es difícil de medir. Lo que se ve es a un dirigente haciendo equilibrios entre dos fuegos, y a una izquierda incapaz de decidir si aplaude o esconde la cara.