Mulholland Drive: de «menudo truño» a manual de interpretación en diez entregas
Estrenada en 2001, Mulholland Drive sigue partiendo al público en dos mitades que apenas se hablan. Para unos es un tostón insufrible que solo aguanta un segundo visionado a base de fuerza de voluntad. Para otros es, sin matices,
la mejor película de la historia del cine y una de las mayores obras de arte de la humanidad. Y en medio aparece un tercer grupo con un argumento incómodo: el problema no es el filme, sino la versión —doblada— en la que se ha visto.
La película se ha convertido en uno de esos títulos que exigen reconstruirse pieza a pieza. Tanto, que existe un
manual de interpretación repartido en diez entregas, al que se agarran los que sospechan enigmas donde otros solo ven desorden.
De piloto rechazado por la ABC a película financiada desde Francia
Mulholland Drive no nació como largometraje. Lynch rodó primero un piloto para la cadena ABC, que lo rechazó y dejó el proyecto aparcado
año y medio. Entonces entraron productores franceses: compraron los derechos y aportaron
siete millones de dólares para terminarla como película. Se rodaron los
25 minutos finales y la escena de amor, y se rescataron planos reservados para capítulos que nunca existieron.
Esa estructura prestada de serie, defienden algunos, explica por qué el filme parece contener una historia y su reverso. El sueño y la vigilia. Lo que Diane desea y lo que Diane hizo.
¿Por qué el casting del despacho de la productora es clave?
Hay coincidencia en señalar la secuencia del casting como una de las cumbres: un actor veterano suelta una lección de cine que, se dice, retrata sin piedad la industria actual. La discrepancia aparece al situarla. No está al principio, sino hacia la mitad, y funciona como una pista de que lo que se ve es un sueño.
A partir de ahí el análisis baja a lecturas más ásperas, que ven en las figuras de autoridad de la película el eco de un abuso sufrido en la primera adolescencia. Interpretaciones todas: el filme no confirma nada.
El sueño, el dinero de los bolsos y las teorías que se pelean
La lectura dominante sostiene que la primera parte es el sueño de Diane, la rubia, que recompone a trozos su propia biografía. El dinero sirve de prueba. Cuando Rita vacía su bolso aparecen
cuatro o cinco fajos de billetes; en el de Diane, solo uno. De ahí se deduce que ambas compaginaban la interpretación con la prostitución y que una iba muy por delante de la otra, con mejores clientes y, según esta versión, consumo de cocaína.
El desglose no se queda ahí: reconstruye escena a escena quién paga a quién, de dónde sale cada fajo y qué papel juega el asesinato a sueldo. Es, con diferencia, la parte más minuciosa de la relectura.
Naomi Watts iba a dejar el cine y Kubrick se quedó sin verla
Naomi Watts estaba a punto de abandonar la interpretación y volver a Australia cuando recibió el papel protagonista. Otra curiosidad: Kubrick murió sin llegar a verla y, se conjetura, la habría disfrutado. Mel Brooks eligió a Lynch para El hombre elefante tras una proyección de Cabeza borradora y una frase que se cita como profecía:
«No he entendido nada pero eres un genio».
Lynch frente a Kubrick: el duelo que nadie cierra
La comparación entre ambos directores acaba siempre en tablas. Kubrick aparece como un superdotado analítico con recursos técnicos que Lynch no podría ni imaginar; Lynch, como un poeta que nada a placer en el inconsciente y conjura sentimientos que el otro no alcanzaba, hasta el punto de que quiso que Spielberg se encargara de Inteligencia artificial para aportar la parte sentimental.
La conclusión más repetida: gracias a Dios existen los dos. Y ninguno sale mal parado.
Qué ver después: Inland Empire, Twin Peaks y Corazón salvaje
Para quien sale escaldado hay ruta. Inland Empire se cita como el siguiente escalón, con la advertencia de que hace parecer luminosa a Mulholland Drive. De Twin Peaks se rescata su segunda temporada frente a lo que se describe como un intento posterior ajeno al autor. Y se reivindican títulos más amables: Una historia verdadera, con un final que se recuerda entre lágrimas, o Corazón salvaje, calificada directamente de divertidísima.
Versión original o no la has visto
Aquí el tono se endurece. Ver Mulholland Drive doblada equivale, para muchos, a no haberla visto: la canción está cantada en español en el original y hay líneas del guion en español, además de que las voces cambian el registro. El título con el que se estrenó en algunos países latinoamericanos,
Sueños, misterios y secretos, se cita como ejemplo de cómo cargarse una película desde el minuto uno.
Seis visionados y la sensación de que todavía queda algo por descifrar. El punto exacto donde el análisis se atasca no es el significado —teorías hay para dar y tomar—, sino por qué una película que uno no entiende es capaz de dejarlo pegado al sillón hasta el último crédito. Eso no lo arregla ningún manual.