Mercadona aprieta a los bares: el microondas del súper se come al menú del día
Cuando la cadena de Juan Roig empezó a instalar microondas y zonas de consumo en algunos de sus supermercados, muchos lo tomaron a broma. Pero la discusión ha escalado: el menú del día medio ronda ya los 16 euros, mientras que en Mercadona se puede comer por menos de la mitad. El debate sobre si la cadena valenciana está liquidando a la hostelería tradicional enfrenta a quienes ven una guerra de precios inevitable con los que señalan un cambio de hábitos más profundo.
La brecha de precios que duele
Los números hablan. Un usuario desglosa: 6 croquetas por 4,50 €, ración de paella 6,50 €, ensaladilla rusa 6,50 €. Total: 18 €. En casa, la misma comida cuesta la quinta parte. Y en Mercadona, una ensaladilla rusa de medio kilo no llega a 3 €. Esa diferencia es brutal para un trabajador que come fuera a diario. El menú de 16 € actual era de 12 € en 2014 y 14 € en 2020, según se recoge en el análisis: la subida de costes (energía, laborales, materias primas) se ha trasladado al ticket, y el margen neto del hostelero apenas alcanza el 5%.
Calidad: el argumento que se rompe en dos
Hay quien defiende que Mercadona no puede competir con un restaurante de verdad. Pero la experiencia repetida de muchos clientes es que en no pocos bares la comida también es recalentada o directamente comprada en el súper. Un dato curioso: en España operan solo dos fábricas de croquetas que abastecen a la mayoría de locales, con máquinas que las deforman para que parezcan artesanales. La frontera entre la quinta gama del súper y la del bar es cada vez más difusa. El cliente no perdona: una tostada de tomate con pan de molde es la estampa que resumen una década de declive.
¿Crisis de modelo o crisis de poder adquisitivo?
Detrás del fenómeno no solo está el precio. Los jóvenes, que antes quedaban en terrazas, ahora se sientan en los bancos de la puerta del Mercadona con una bolsa de patatas y una cerveza de 50 céntimos. La hostelería, argumentan algunos análisis, está ofreciendo un servicio que ya no se demanda: comidas de 30-45 minutos, autoservicio, plato único. Mientras, otros señalan que el empobrecimiento real –salarios estancados, inflación acumulada– fuerza a buscar alternativas más baratas. Y que el libre mercado funciona: si tu bar no puede competir con un microondas, el problema es tuyo.
Doble rasero liberal
La paradoja está servida. Los mismos que defienden la libertad de mercado para que Mercadona venda lo que quiera son los que piden regulación cuando la competencia les afecta. El sector hostelero, que durante años aplicó recargos abusivos y ofreció productos mediocres, ahora llora. Pero también hay quienes recuerdan que la cadena de Juan Roig ha puesto un microondas, no un cañón. La hostelería no va a morir, pero tendrá que reinventarse: ofrecer calidad real, no la falsa artesanía de las croquetas industriales.
Con el poder adquisitivo encogido y la oferta de comida preparada en expansión, el pulso entre Mercadona y los bares está lejos de resolverse. Lo que queda claro es que el menú a 6 euros ya no volverá, y que el cliente tiene más opciones que nunca.